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¿la iglesia y los pactos de dios?

por varyvar
sábado, 13 de febrero del 2010 a las 15:45
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EL MISTERIO

Y

LOS PACTOS


 

 

Mientras es de absoluta importancia recordar que la muerte de Cristo es la única base posible de bendición divina en un mundo arruinado por el pecado, aún así ha agradado a Dios, para desplegar Sus diversas perfecciones, hacer varias esferas, y todas estas encuentran su centro en Su Hijo, Jesucristo. Nuestra sabiduría entonces consiste en distinguir las cosas que difieren; para que de ese modo podamos crecer en una santa familiaridad con todas las formas en las cuales  las variadas glorias de Cristo son desarrolladas para la alabanza de Dios. Guiados así, seremos guardados, por medio de Su misericordia e inefable palabra, de las muchas y opuestas corrientes de sentimientos humanos que tienden fuertemente a distraernos de los caminos de Su calma y feliz guía.  Su gloria tenida permanentemente en vista resuelve todas las dificultades, y  es la mejor respuesta a todas las cuestiones del debido lugar de Enoc, Abraham, y otros santos de antiguo, al ser comparados  con la iglesia de los primogénitos. Nuestro secreto de bendición es aprender más y más  de la gracia de Aquel que hacen trabajar todas las cosas de acuerdo al consejo de Su voluntad.

 

El cristiano puede comprender y simpatizar con el celo que arde ante la idea de predicar otro evangelio que el que predicó el apóstol; como si pudiese haber salvación aparte  de la gracia por fe, y esto no de nosotros mismos; este es el don de Dios, no de las obras, para que algún hombre pueda jactarse. Pero si escuchamos a uno citando Gál.1 para mostrar que la misma cosa fue pensada por el evangelio allí, por el evangelio del reino (Mt.24:14), por lo que fue predicado a Zacarías (Lc.1:19), a Abraham (Gál.3:8), a Israel en el desierto (Heb.4:2), a Pablo (1 Tes. 3:6), a los siervos de Dios , los profetas (Apoc.10:7), como también el evangelio eterno en (Apoc. 14:6), sentiríamos que eujaggevli y eujaggelivzw son inescrituralmente limitados  a través de nuestro uso convencional de la palabra "evangelio" en Inglés;  y se pierde así el beneficio de la distinta fuerza de cada  una de las aplicaciones del término en la perfecta palabra de Dios

 

        La verdad del caso está más allá de duda, y es que la palabra "evangelio" es usada allí en una manera más amplia que la que es común para nosotros, que confina esto a la palabra de salvación a través de la fe en el Señor Jesucristo. Y este es el sentido en Gálatas, donde el apóstol niega absolutamente un evangelio diferente, que no es otro. En ese sentido no puede haber otro. No puede haber ninguno,  salvo aquel de la gracia de Cristo que se dio a Si mismo por nuestros pecados. Insistir sobre  tan leve y aparente cosa como la circuncisión de un creyente Gentil, como también sobre su fe en Cristo, es en efecto frustrar la gracia de Dios, y de ese modo Cristo habría muerto en vano. Haga de la circuncisión y del creer en  Cristo, ambas cosas juntamente necesarias como medio para obtener la bendición, y Cristo  no será de ningún valor. Usted habrá caído del único lugar de libertad en el cual Cristo libera. Usted puede venir a ser más religioso; y puede competir con los Judíos al observar días, meses, y años; puede que no caiga en una abierta inmoralidad, pero usted ha hecho algo infinitamente peor, se ha separado de la raíz de la verdadera santidad y de la salvación por Cristo. "De la gracia habéis caído"

 

        Pero,  la palabra eujaggevlion (evangelio)  y el correspondiente verbo se aplican en la escritura a muchas otras buenas nuevas, además de aquellas de salvación por medio de la muerte y resurrección del Salvador, esto está más allá de toda duda a cualquier mente sin prejuicios. Las escrituras ya referidas, confirman esto. Es verdad, por otra parte, que lo que se llama la "promesa" a Adán no es realmente tal cosa (Gén.3:15). Esta fue parte del juicio sobre la serpiente; y en la medida que puede decirse que esta es una promesa, esta ha sido una para el Segundo, y no para el primer Adán. En cuanto a las promesas de Dios, en Él son si y amén, para la gloria de Dios por nosotros (2 Cor. 1).

 

        Pero la pre-evangelización de Abraham, que todas las naciones serían bendecidas en él, es un muy diferente mensaje de aquel que  el Señor en los días de Su carne comisionó a los doce para que predicasen, cuando Él les dijo, "No vayáis por camino de Gentiles". Tampoco puede el evangelio de la gracia de Dios,  que ahora reúne a Judíos y griegos para una gloria celestial, ser justamente  confundido con el evangelio eterno  cuya predicación es anunciada por un ángel, diciendo, "Temed a Dios y dadle gloria,  porque la hora de su juicio ha llegado". Dios entonces enviará al mundo gentil las simples nuevas de la herida simiente de la mujer como siendo el vencedor de Satanás,  apoyada por el mensaje de juicio a la puerta. En fin,  como una cuestión de salvación, no hay sino un evangelio; mientras por otra parte y en su lugar un importante sentido, repetidamente  anunciado en la palabra de Dios, hay muchas otras buenas nuevas, cuyos variados alcances  deben ser admitidos, si hemos de ser sabios en las dispensaciones de Dios.

 

Estas observaciones pueden convenientemente preceder nuestro más inmediato sujeto. Porque aunque uno admite la conexión, pero no estrictamente la identidad, del pacto Abrahamico con el nuevo pacto, que ha de hacerse con las casas de Israel y Judá, es imposible mostrar que el "misterio de Cristo" (Efes.3) está incluido en el juramento a Abraham (Gén.22). La dificultad se produce de no ver la propia posición distintiva de la iglesia, cuerpo y esposa de Cristo,  como ahora siendo formada por el Espíritu Santo (enviado desde el cielo) en unión con Cristo el cabeza  en los lugares celestiales.

Para explicar_ hay, además de tipos, muchas declaraciones en el A. Testamento que dejan lugar para la iglesia, y tratan sobre  algunas de sus circunstancias y destino, y de este modo son, o deben estar, llenas de luz para nosotros, ahora que su llamamiento existe como una realidad. Por otra parte, el Espíritu santo es claro en Efes.3, no solamente al decir que la iglesia no existía, sino también que ella  no había sido dada ha conocer en otras edades a los hijos de los hombres, como es ahora revelado por el Espíritu a Sus santos apóstoles y profetas. Desde el comienzo del mundo este misterio de Cristo ha estado oculto en Dios. La Simiente de  la mujer no era un secreto, tampoco lo era el Hijo de Abraham, ni el Hijo de David. Como tal, Cristo ha sido claramente revelado y esperado para la fe. Las bendiciones del nuevo pacto no han estado de ninguna forma ocultas, y han sido dadas ha conocer a través de todos los Salmos,  y los Profetas que el Mesías debía ser abandonado por Dios, y que todas Sus olas pasarían sobre Él, y que sería herido por las transgresiones e iniquidades de Su pueblo; y que la reconciliación se haría, y la eterna justicia sería manifestada; y que la espada se despertaría contra el Hombre que es el compañero de Jehová. Ninguna de estas cosas ha sido o es el misterio oculto, maravillosas y preciosas verdades como estas son. Cada una de ellas ha sido declarada no ambiguamente en los oráculos que han sido confiados al antiguo pueblo de Dios. Ellos sabían que el Mesías  debía reinar sobre un amado y afectuoso pueblo, y juzgaría a los pobres, salvaría a los hijos  del necesitado, y rompería en pedazos al opresor.  Ellos sabían no solo que cada bendición eterna para el justo bajo Su benéfico gobierno, sino también que el Espíritu de Dios debía ser derramado sobre toda carne. Ellos habían escuchado que,  no solo los Judíos, sino también las naciones o Gentiles serían bendecidos por medio de ellos, y que entonces alabarían a Jehová, y buscarían a Aquel que es de igual manera el Linaje y la Raíz de David.

 

"HE aquí, vienen días, dice Jehová, que levantaré  a David  un Vástago justo, y un rey reinará y prosperará, y ejecutará juicio y justicia  en la tierra.  En sus días Judá será salvo e Israel morará en seguridad; y este es el nombre por el cual él será llamado, Jehová nuestra justicia" (Jer.23:5,6). Estas verdades no son  en ningún sentido el misterio. Desde Moisés a Malaquias hay un continuo río de testimonio a la misericordia guardada para los judíos, y también para los Gentiles, bajo el reino del prometido Mesías.

 

Pero,  prosiguiendo el mismo río, es igualmente evidente que todos estos arreglos de la bondad divina conectadas con la tierra, los Judíos han sido asegurados, por la promesa a Abraham, del primer lugar. Y esa promesa es irrevocable.  Dios no se arrepiente de Sus dones  y llamamiento; y ciertamente en las promesas a Abraham difícilmente se pretenderá que Dios  no ha dado más altos privilegios a Su amigo que al Gentil. "Con bendición te bendeciré, y multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y tu simiente poseerá las puertas de sus enemigos, y en tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra". Las naciones habían de ser bendecidas en la Simiente; pero los Gentiles son distintos de la simiente de Abraham, y la posición de los últimos es superior a la de los primeros. Pero si esto es así,  estos no son coherederos y del mismo cuerpo y copartícipes de la promesa de Dios en Cristo,  de lo cual trata la epístola a los Efesios. Esta es otra verdad.

 

Parece indisputable entonces, que los privilegios del pacto con Abraham son totalmente distintos de estos envueltos en el misterio, el exacto cumplimiento de lo uno es  en si mismo incompatible con los términos de lo otro. Porque si usted hace a las naciones bendecidas con los mismos privilegios en todos los respectos que los Judíos, el marcado honor y prerrogativa de  la simiente de Abraham es de una sola vez  anulado y usted reduce la posición del pueblo favorecido  a la posición de aquel distante Gentil. Pero si se admite que  para la simiente de Abraham está reservada,  por su fiel Dios, el más exaltado lugar sobre la tierra, sobre (aunque rodeada por ) las naciones bendecidas por medio de ellos (todos bendecidos en Aquel que  condescendió a tomar y asegurar estas promesas como la verdadera Simiente); entonces es claro que la a menudo repetida promesa a Abraham, que distingue y eleva a su posteridad sobre todas las naciones, es  completa y claramente  diferente del misterio oculto en Dios, que ha sido Su propósito, pero solo revelado cuando el Espíritu descendió, posterior a la exaltación de Cristo en el cielo

 

En este misterio las distinciones desaparecen, diferencias que  las promesas a Abraham mantienen. Judíos y Gentiles  son hechos ahora uno y del mismo cuerpo, el cuerpo de Cristo. Para la bendición terrenal esto no podía ser, porque el juramento a Abraham, casi no es necesario decirlo,  es inviolable. Pero este era un nuevo y celestial misterio, que en el más mínimo grado no interfiere  con las antiguas promesas; y de esta forma el distante Gentil y el cercano Judío son de igual manera ahora eclipsados por la gloria de Cristo exaltado sobre lo alto, y la reunión de Judíos y Gentiles como un cuerpo para Él mismo. "Por un Espíritu hemos sido todos bautizados en un cuerpo, sea Judíos o Gentiles, esclavos o libres"

 

De este modo la fe, la vida eterna, aunque fruto de la operación del Espíritu Santo, no son Su bautismo: lo que ha sido la parte de todos los creyentes  desde el comienzo,  pero este no ha sido verdad sino hasta Pentecostés. Los discípulos de Jehová tuvieron grandes, y aún más grandes, privilegios que los santos de edades previas; pero ellos no fueron bautizados con el Espíritu Santo. No,  aún después de Su muerte y resurrección, ellos no han tenido esta bendición hasta  que el Señor ascendió a lo alto, resucitado de entre los muertos, el Señor sopla sobre los discípulos, y dice "recibid el Espíritu Santo". Este parece ser el abundante poder de esa vida, vida en resurrección, que Él ahora podía impartir como Espíritu vivificante[1]. Pero esto no era aún el bautismo del Espíritu Santo. Porque inmediatamente  antes de Su  ascensión lo encontramos con ellos, y mandándoles  que no se alejasen de Jerusalén, sino que esperasen del Padre la promesa (que, dice Él, vosotros habéis escuchado de mí): porque Juan verdaderamente bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados  con el Espíritu Santo dentro de no muchos días (Hechos 1:4,5).

 

Ellos habían por largo tiempo creído en el Hijo de Dios; tenían vida eterna, como también acceso a la energía vital que se les había comunicado por  el soplo del Señor cuando Él había sido  declarado Hijo de Dios con poder por la resurrección de entre los muertos. Es decir,  que ellos tenían ya grandes, y (pienso que podemos decir) mayores, privilegios que cualquier santo o creyente del A. Testamento; pero no tenían aún la promesa  del padre. Jesús no había ascendido a lo alto, no se había ido, para poder enviar al otro Consolador. El Cáp.2 de Hechos registra esto; y es muy importante tener en mente, que mientras en el día de Pentecostés  muchos dones de testimonio externo fueron impartidos, esto no era toda la bendición, ni la mejor bendición, que debía ser dada   cuando el Señor fuese glorificado. Este era el Espíritu Santo en persona.

 

Más allá de toda duda, lo que los Judíos vieron y escucharon entonces fue un testimonio a la realidad de Su presencia; pero los poderes del siglo venidero no son idénticos con la promesa del padre. El carismata  (los dones) y el dwrea (el don) del Espíritu santo no deben ser confundidos: la primera expresión se refiere  a estas manifestaciones  del Espíritu dados a cada uno para provecho de todos; mientras lo último implica al mismo Espíritu Santo dado para estar en los discípulos conforme a la promesa en Jn. 14:16,17. En se día comenzó el cumplimiento de las palabras que el Maestro les había dicho antes de que fuese recibido arriba; ellos debían ser bautizados con el Espíritu Santo.

 

Volviéndonos a 1 Cor.12:13, vemos la consecuencia de esto "Por un Espíritu hemos sido todos bautizados en un cuerpo sea Judíos o Griegos, esclavos o libres; y a todos se nos ha hecho beber de un mismo Espíritu". No es por tanto solamente por fe que uno es introducido en el cuerpo de Cristo, la iglesia, sino que esto es por el bautismo del Espíritu Santo. Ninguna alma fue jamás vivificada  aparte de la segunda Persona, e iluminada  de otra manera que por la Tercera Persona, aunque Él desde el comienzo ha vivificado a las almas y dado a estas fe, no fue enviado aquí abajo  para bautizar  a los creyentes en un cuerpo antes del día de Pentecostés; por tanto este un cuerpo, la iglesia, no pudo existir antes que el Espíritu Santo viniese personalmente para bautizar. Cuando llegó el día de Pentecostés, Él fue dado de este modo, y no antes, por tanto es imposible,  si debemos adherirnos  a los hechos y lenguaje escritural,  fechar la iglesia, como un cuerpo actualmente existiendo aquí abajo, previamente a ese día.

 

     Tenemos exactamente la misma autorización  para creer que el bautismo del Espíritu comenzó de hecho con el día de Pentecostés (Hech.1, 2), como lo tenemos para creer que el cuerpo de Cristo comenzó de hecho en la misma época (1 Cor.12). La palabra de Dios es precisa en cuanto a ambos hechos, tratando la formación del cuerpo como una cosa dependiente de Su bautismo; por tanto esto es inconsistente , como también incorrecto, admitir lo uno y negar lo otro. ."Hay un cuerpo y un Espíritu". Porque el Espíritu Santo, aunque siempre ha actuado, y lo hará hasta el fin, no era aun dado para esta nueva y bendita obra  hasta que Jesús fue glorificado (Jn.7). Porque el Señor Jesús no solamente es el Cordero de Dios: sino también Aquel que bautiza  con Espíritu Santo (Jn.1). Y esto está claramente revelado  en 1 Cor.12 que,  aunque hay diversidad de dones, de ministerios, y de operaciones, y a pesar de que las manifestaciones del Espíritu son dadas para provecho a cada uno (en la iglesia), "todo esto obra un solo y mismo Espíritu, repartiendo a cada uno como Él quiere. Como el cuerpo es uno, y tiene  muchos miembros y todos los miembros del cuerpo, siendo muchos,  son un cuerpo, así también Cristo. Porque por un Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sea Judíos o Gentiles, esclavos o libres; todos hemos bebido de un Espíritu" (1 Cor.12:12,13). ¿No es claro desde allí, y del contexto, que estamos sobre un fundamento completamente nuevo, que no existió antes? Si,  ¿que no podía existir, hasta que Dios hiciese al crucificado Jesús Señor y Cristo, y el Espíritu fuese enviado como nunca lo había sido hasta que Jesús partió  de aquí al cielo y desde allí lo envió?

 

     ¿Dónde, antes de Pentecostés, vemos un cuerpo compuesto de Judíos y gentiles  en el cual la palabra de sabiduría fue dada por el Espíritu a uno; a otro, palabra de conocimiento por el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu, a otros , dones de sanidades por el mismo Espíritu, etc.? En ninguna parte.  Pero podemos ir mucho más lejos. Podemos decir, no solo que estas características, como son descritas, no caracterizaron a  ninguna sociedad anterior, sino que el "un cuerpo" estaba todavía en el seno o vientre  del futuro, porque el un Espíritu nunca bautizó a los creyentes  antes del día de Pentecostés. "Por un Espíritu hemos sido todos bautizados en un cuerpo, sea Judíos o Gentiles", etc.

 

     Es importante decir que esto no fue hecho para ninguno de los antiguos, y en este sentido no fue por operaciones ordinarias del Espíritu que el un cuerpo fue formado. Desde antiguo Él, el Espíritu, ha dado fe y vida, y todos los santos caminos en gracia en los antiguos han sido formados bajo Su plástica mano. Pero el bautismo del Espíritu Santo fue una nueva obra, y sin Su bautismo el un cuerpo no podría existir. Se requería Su presencia personal sobre la tierra, y esto solo podía ser después  que Jesús muriese, resucitase y ascendiese. El bautismo del Espíritu Santo  y el cuerpo de Cristo están indisolublemente  unidos; ya que es por este que hemos sido todos bautizados en un cuerpo.  ¿Se atreverá  alguno, quien acepta lo anterior, a disputar teniendo este capítulo ante si,  y especialmente los vv.12, 13, 18, 27,28, que este cuerpo es la iglesia? Si no,  toda la cuestión  es aceptada. El cuerpo de Cristo es el privilegio especial de los santos bautizados por el Espíritu Santo después de la ascensión del Señor Jesús al cielo. Ellos constituyen la asamblea de Dios, en total contraste  con la congregación de Israel.

 

     La verdad es completamente confirmada  por una comparación con las epístolas  a los Efesios y Colosenses, que  hablan de esto rica y peculiarmente, la última  sobre la gloria de Cristo el Cabeza, y la primera  sobre la bendición de Su cuerpo. Pero esta vez no voy mas que referirme  a Efes.4:7-16, y poner las siguientes preguntas: (1) ¿No está más allá de duda que todo el llamamiento, obra, naturaleza, andar, etc. del cuerpo de Cristo aquí detallado, están basados  sobre los grandes hechos de una redención ya cumplida, de Cristo como ejerciendo  Su posición de Cabeza sobre todas las cosas desde lo alto, y de la presencia  del Espíritu Santo aquí abajo? "A cada uno fue dada la gracia d acuerdo a la medida del don de Cristo. Por lo tanto se dice, cuando subió a lo alto llevó cautiva la cautividad, y dio dones", etc.  (2) ¿No tenemos  autoridad inspirada  para contar con la continuación de todos estos dones  que son necesarios para la perfección de los santos, etc.,  hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe? (3)  ¿No tenemos ninguna  autorización escritural para suponer que esta forma de ministerio, de apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, continuaran en tiempos mileniales? Y si no, ¿no es esta una prueba colateral de que el estado de cosas de entonces ha cambiado completamente? Porque el cuerpo de Cristo será completado a la venida de Cristo. En aquel día otra obra comenzará;  y una diferente, de acuerdo a este, será provista por Dios. Entonces,  aunque sin duda   pertenece a futuras edades  realizar en su plenitud  de bendición el juramento de Jehová a Abraham, aun así es evidente,  de la justa respuesta escritural a estas preguntas, que el misterio de Cristo es una obra gloriosa de Dios sui generis,  dentro de la cual nadie fue llevado antes de la ascensión, y ninguno  podrá ser introducido después del retorno de nuestro Señor Jesucristo

 

     Todos pueden, por tanto, concordar en que la promesa hecha a Abraham  operará primero sobre las casas de Judá e Israel, y después sobre todas las familias de la tierra. Este es el tiempo de la restitución de todas las cosas. Pero lo que no se ve generalmente, aun por personas espirituales, es que entre el rechazo y  el reconocimiento nuevamente del antiguo pueblo de Dios, un edificio completamente nuevo está siendo levantado sobre el fundamento de los apóstoles y profetas (del N. Testamento), un edificio del cual Jesucristo mismo, habiendo reconciliado  para con Dios  a Judíos y Gentiles  en un cuerpo por la cruz, Jesús resucitado y glorificado en el cielo es  el principal fundamento

 

     Anteriormente, como todos admiten,  había una dispersión de hijos de Dios, unidades ocultas  entre los israelitas y las naciones, pero su fe en ninguna forma  rompía sus conexiones Judías o gentiles. Ellos vivían y morían separadamente, aunque podían ser creyentes  judíos o gentiles. Pero ahora Jesús ha muerto, no solo por esa nación, sino también para reunir  en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos  (Jn.11:51,52). Las bendiciones que resultan  de Su muerte por esa nación esperan los tiempos  y las sazones establecidos por Dios, cuando los Judíos, o al menos un remanente fiel de ellos, dirá, "bendito el que viene  en el nombre de Jehová", y Dios enviará a Jesucristo, quien antes les fue señalado. Mientras tanto los cielos lo retienen; y es precisamente mientras Él está allí sentado a la diestra de Dios  que la reunión en uno de los hijos de Dios dispersos  se lleva adelante, fundamentado todo esto, como lo hemos visto, sobre Su muerte, y efectuado sobre la tierra por el Espíritu Santo personalmente enviado hasta aquí abajo.

 

     El un cuerpo, lo repetimos, es la iglesia o  asamblea de Dios, del cual Cristo es el cabeza y objeto, y de cuya unidad la presencia del Espíritu Santo enviado aquí es el poder. La vida de los miembros de este cuerpo, nadie puede dudarlo, está oculta con Cristo en Dios;  pero aquellos que la poseen son conocidos como  un manifestado santo pueblo, separado (aunque en una forma  diferente) de ambos, de Judíos y de Gentiles, como los mismos Judíos han estado separados de los Gentiles. Este es el paréntesis de la iglesia, y evidentemente depende  del bautismo del Espíritu Santo que ha venido del cielo, después que el Señor Jesús se sentó a la diestra de Dios en las alturas. Hechos 1:5 es decisivo y nos muestra que aun los discípulos no fueron bautizados por el Espíritu Santo hasta Pentecostés; mientras 1 Cor. 12:13 es igualmente decisivo al mostrarnos que  lo que la  Escritura  llama el un cuerpo (la iglesia) no podía comenzar hasta  que el bautismo del Espíritu Santo fuese un hecho.

 

     Los santos del A. Testamento esperaban por un Salvador, y su fe les fue contada por justicia; porque Dios ordenó a Jesucristo como un  propiciatorio a través de la fe en Su sangre, para declarar Su justicia habiendo pasado por alto, en Su paciencia, los pecados pasados.  Pero nunca fue propuesto a la fe de ellos ser  el cuerpo de Cristo sobre la tierra compuesto de Judíos y gentiles, toda distinción  ha sido desaparecido (en la iglesia, o mas bien en Cristo), y ambos son edificados  juntos como una habitación de Dios por medio del Espíritu. No solo ellos no experimentaron nada  de esto en su día, sino que  esto fue un secreto que nosotros solo ahora conocemos, sobre una autoridad divina, y se nos dice que este era un secreto mantenido oculto en Dios desde  el comienzo del mundo. Este era por primera vez revelado a Sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu, y en una forma prominente a Pablo. Aquí esta aquello en que  la iglesia Católica post-apostólica, los Romanistas de la edad Medieval, los Protestantes, Luteranos o reformados, los Moravos, Puritanos, y en resumen la Cristiandad en general,  han estado en profundo error.

 

     Dios, por Isaías, había predicho que sobre la tierra de Su pueblo crecerían espinos y abrojos, y que toda sería desolada hasta que el Espíritu fuese derramado sobre ellos de lo alto, y el desierto vendría a ser como un campo fructífero. Los cristianos pueden quizás aplicar el espíritu de  este pasaje al derramamiento en Pentecostés, y para una indisputable  aplicación de una profecía similar ellos pueden apelar a la autoridad el apóstol Pedro en Hech.2. Pero difícilmente se podrá negar por los lectores  de estos comentarios que ambas predicciones  han de tener  un más detallado y  completo cumplimiento, cuando el juicio caiga sobre los gentiles, y el favor divino, no sea más velado a  la simiente de Abraham, después de  largas horas de espesa oscuridad, brillará sobre ellos.  Entonces Dios derramará Su Espíritu sobre toda carne, acompañado por maravillas  literales en los cielos y sobre la tierra, y una poderosa libertad en el monte Sión y en Jerusalén.

 

     Del mismo modo, por Ezeq. 36, es claro que cuando Israel sea rociado con agua pura y Dios haya puesto un espíritu nuevo dentro de ellos, Israel volverá a morar en su tierra, y será multiplicado el fruto de sus campos, las ciudades desoladas estarán llenas de hombres, y la tierra desolada vendrá a ser como huerto de Edén, y los paganos, o gentiles, conocerán que su Dios es Jehová cuando Él sea santificado en Israel ante sus ojos. Evidentemente aquí hay bendiciones  que no han sido dadas  en Pentecostés ni desde entonces. Pero el apóstol cita al profeta Joel para vindicar los sorprendentes  efectos  de la presencia del Espíritu, ante  las dudas Judías, probando que tal derramamiento no era más que  lo que Dios había prometido que había de suceder en los últimos días

 

     Por otra parte, hubo bendiciones en Pentecostés  que no caracterizarán el futuro derramamiento del Espíritu, como hay otros tratos comunes a  Su obrar en  las almas de los hombres  desde la caída, tales como producir arrepentimiento y fe. Por ejemplo, no se dice en ninguna parte en la Escritura que el Espíritu Santo, en la edad futura, bautizará a judíos y Gentiles en un cuerpo. Los judíos habrán de gozar de la más marcada supremacía. "Y muchas naciones vendrán y dirá. Venid, subamos al monte de Jehová, y a la casa del dios de Jacob, y Él nos enseñará Sus caminos, y andaremos en ellos. Porque  la ley saldrá de Sión, y la palabra de Jehová desde Jerusalén...En aquel día, dice Jehová,  reuniré a la que cojea y a la descarriada, y a la que he afligido...y haré de ellos una nación fuerte y Jehová reinará sobre ellos en el monte Sión y para siempre. Y tú, OH torre del rebaño (Ofel)  de la hija de Sión, a ti vendrá, si, el primer dominio, el reino de la hija de Jerusalén" (Miq.4:2,6-8)

 

     "Si, muchos pueblos y naciones fuertes vendrán a buscar a Jehová de los ejércitos en Jerusalén, y a orar ante Jehová. Así dice Jehová de los ejércitos. En aquellos días sucederá, que diez hombres se tomarán de la falda de un judío, y dirán. Iremos con vosotros, porque hemos escuchado que Dios está con vosotros" (Zac.8:22,23). Ver Isa. 60:1-4; Jer. 3:17,18; Ezeq. 39:25-29

 

     Los Salmos como los Profetas muestran abundantemente  que las distinciones entre judíos y Gentiles, que no han tenido lugar en el período intermedio (o de paréntesis de la iglesia), serán renovadas y reconocidas por Dios  una vez más aquí abajo. Ahora, en la iglesia tales distinciones no existen, porque la iglesia, aunque está sobre la tierra durante el proceso de su formación, es característicamente un cuerpo celestial. De manera que la iglesia de Dios  (porque este es el equivalente escritural del cuerpo de Cristo) no es el título común de todos los santos desde el comienzo hasta el termino del tiempo, sino el título propio para esa corporación especial que comenzó en Pentecostés, todavía perpetuado  por el Espíritu Santo que fue prometido que permanecería con nosotros para siempre, y completado  a la venida del Señor, cuando también todos los otros santos que han dormido en Cristo resucitarán, llevando la imagen del Hombres celestial.

 

     No veo razón para dudar que los santos del A. Testamento serán perfeccionados  cuando nosotros seamos tomados para encontrar al Señor en los aires;  pero esto de ninguna manera interfiere  con lo que ha sido dicho antes, que Dios ha provisto algo mejor para nosotros (Heb.11). Esto ciertamente no excluye una diferencia de gloria entre nosotros y ellos. Nuevamente, que nosotros nos sentaremos con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos es seguro, pero por ningún medio inconsistente  con el lugar de la iglesia como el cuerpo y la esposa de Cristo. ¿Podrá estorbar el goce de otras esferas  de gloria,  además de aquella que es especialmente nuestra? Retrospectivamente, en cuanto a nuestro curso terrenal, esto ha sido así: Heb.11 muestra las diferentes variaciones en la fe, hechos, y sufrimientos de otros santos, en días antes que los nuestros, quienes han sido peregrinos y extranjeros  sobre la tierra, y Rom. 11 muestra que nosotros seguimos a Israel, como Israel después nos seguirá a nosotros, como ramas del olivo y depositarios del testimonio y promesas de Dios aquí abajo.

 

     Nuevamente, las bendiciones del nuevo pacto la iglesia las goza, porque somos uno con Aquel que es el mediador, y la copa  que Él nos da a beber en Su recuerdo, es el nuevo pacto en Su sangre. El Israel milenial gozará el nuevo pacto en una forma  más literal y clara todavía; pero la propia gloria celestial con Cristo no está reservada  ni siquiera para  convertidos en Israel en aquel día. Solo a la iglesia Cristo es cabeza sobre todas las cosas. Esta es Su cuerpo, la plenitud de Aquel que llena todo en todo. De este modo todos estos privilegios y responsabilidades son claramente distintas  del lugar que, plenamente creo,  pertenece enfáticamente a los santos ahora llamados fuera de entre los Judíos y Gentiles_ el ser bautizados por un Espíritu en un cuerpo, el cuerpo de Cristo, Efesios y Colosenses  lo prueban claramente.

     Sin duda que me parece  evidencia una inadecuada  comprensión  de la gloriosa persona de Cristo, el no ver  nada en Él más  o más alto que la mediación de un nuevo pacto, y el cumplimiento de las promesas, con tal que ellos sean siempre exaltados. Esto es dejar fuera, no solo lo que es supremamente adorable en Él, sino también  aquello que es muy precioso en Su gracia hacia la iglesia.  Todo el evangelio de Juan, por ejemplo,  aunque sin duda reconociendo las varias posiciones  que Él ha querido ocupar, está consagrado y dedicado como un todo a la exhibición de lo que es infinitamente más grande, Su dignidad personal. Del mismo modo las epístolas  de Pablo (aunque, donde quiera que la ocasión lo ha requerido, ellas vindican las promesas y los pactos dados  a Abraham  de la exclusiva limitación israelita a la cual algunos en su día deseaban limitarlas) se detienen como su principal tópico y tema sobre estos tesoros de gracia en los tratos especiales de Dios con la iglesia, que están lejos  sobre y más allá de los pactos y promesas patriarcales, mientras, al mismo tiempo, la iglesia o los cristianos gozan privilegios en virtud de estos también.

 

     ¿Menosprecia esto a Israel, o saca de su lugar a su gran antecesor Abraham, de quien conforme a la carne vino Cristo? La respuesta es,  que la iglesia  lleva como su insignia o medalla, "desde entonces a ningún hombre conozco conforme a la carne, si, aunque hubiésemos conocido a  Cristo conforme a la carne, ya no le conocemos más así". Nuestra conexión es con un Cristo que murió y resucitó por nosotros. Somos uno con Cristo en el cielo. Sobre la tierra, en los días de Su carne, Cristo debía haber dicho y dijo, "en camino de Gentiles no vayáis", pero ahora "En Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos  por la sangre de Cristo". Este es el cumplimiento no de una promesa hecha a Abraham hacer en Cristo  de judíos y Gentiles  un nuevo hombre, y reconciliar a ambos  ante Dios en un cuerpo por  la cruz.  Uno no duda de lo que Dios prometió antes de que el mundo comenzase (Efes.3:611; 2 Tim.1:9; Tit.1:2); pero nada de eso fue revelado en las promesas hechas a Abraham, pactos o  juramentos, que no expresaban más que bendiciones aquí abajo.

 

     Los propios privilegios de la iglesia  son mas bien un contraste, "en lugares celestiales" (Efes.1:3), aunque todo,  lo celestial y terrenal, esté asegurado en Cristo, alrededor de Quien todos los consejos divinos giran.  También es claro que Cristo,  y no el juramento a Abraham, es el canal de salvación. Y si Cristo fue la Simiente, el verdadero Isaac, Él es también mucho más. ¿Qué sombras hay allí, qué personajes típicos, cuyos rayos no converjan en Él, de Quien  ellos derivan toda su brillantez? Este fue un lugar al cual Él quiso condescender en ocupar, y no lo que fue  Suyo directa e intrínsecamente. Aun en relación a la Iglesia es lo mismo: nosotros somos la simiente de Abraham como  consecuencia de estar en Cristo. "Si estáis en Cristo, entonces sois simiente de Abraham, y herederos  conforme a la promesa" (Gál.3:29). Ser la simiente de Abraham es un privilegio inferior que aquellos que son revelados en otra parte (por ejemplo en la epístola a los Efesios) como característicos de la iglesia.

 

     Todos concuerdan en que la obra cumplida de la redención fue el fundamento de un testimonio aun más claro del Espíritu Santo. Ver Heb.10. Aun así no nos equivoquemos. La obra de Cristo está terminada  para el Israel milenial tanto como para la iglesia o asamblea de los primogénitos. Pero hay una gran diferencia  entre sus posiciones, aunque sea el mismo Jesús quien murió por ambos, y el mismo Espíritu Quien se apropia de los resultados de Su muerte para cada uno. Israel, como la iglesia, será nacido del Espíritu, aun así uno es para la gloria de Dios sobre la tierra, como el otro es para la gloria de Dios en el cielo. La mano soberana de Dios lo ha ordenado así; ¿y quién le dirá a Él, No?

 

     Estas consideraciones prueban suficientemente la falacia  de la noción  de que el cumplimiento de la obra de Cristo ha sido la parte oculta del misterio referido en Efes.3, aunque  eso fue claramente necesario como una preparación para esto. La verdad es, como hemos visto,  que "el misterio de Cristo" no fue revelado,  ni siquiera parcialmente  antes de Pentecostés, sino plenamente  hasta que el Espíritu fue enviado desde el cielo por el resucitado y exaltado Señor; y esto,  no solamente para  dar un testimonio  interior más claro y vívido que el que había sido dado hasta entonces, sino para ser el Vicario de Cristo,  el Paracleto que permanece para siempre (Jn.14:16). Confundirle con la "fuerte consolación" de Heb.6 es virtualmente, aunque no intencionalmente, reducir la Persona del Espíritu Santo al efecto que Él produce. El otro Abogado o Consolador es completamente distinto a la consolación  que Él administra  por medio de capacitarnos para cogernos de  la esperanza  de que Él entró detrás del velo. Y como Heb.6 es referido a, y puede añadirse, que el contexto es ciertamente decisivo, que no solo la promesa  y el juramento  son distinguidos por el Espíritu Santo, sino  que estas dos cosas inmutables en las cuales hay "una fuerte consolación" está basada . "Porque cuando Dios hizo promesa...Él juró para que por dos cosas inmutables  en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta  delante de nosotros" (Heb.6:18). Tampoco podemos  imaginar con que propiedad Dios mismo, el que promete, podía  ser llamado una cosa inmutable,  ya que era imposible para Dios mentir; considerando que la frase  es perfectamente aplicable a la promesa y al juramento.

     Finalmente, la admisión de los gentiles a ciertos privilegios dispensacionales (Rom.11) es muy clara. Pero este tema es de igual manera amplio e importante,  que debemos reservarlo,  si el Señor lo quiere, para una investigación más extensa que la que ahora puede darse.

 

                                                                    W. KELLY

 

 





¿dios pactó con la iglesia?

por varyvar
sábado, 13 de febrero del 2010 a las 15:43
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Los Pactos PDF Imprimir E-Mail Escrito por J.N. Darby LOS PACTOS El pacto es una palabra común en el lenguaje de una gran clase de Cristianos profesantes, y también en muchos verdaderos creyentes; Pero en su desarrollo y detalle, en cuanto al despliegue de sus principios, me parece que hay mucha oscuridad debido a una falta de simple atención a las Escrituras. El dar de la iglesia a Cristo antes de los mundos, y las posteriores bendiciones que nos han sido dadas y que están envueltas en ello, me parecen realmente que son muy claramente declaradas en las Escrituras, como en 1 Tim. 1:9-110. Pero poca atención se ha dado a lo que contiene este pacto, como administrado en dispensación, en su conexión con el carácter de la Iglesia. Sin debilitar, entonces, el fundamento sobre el cual descansa, o sacar piedras de éste para labrarlas para menos necesarios y apropiados usos, veamos la clara revelación presentada por la bendita Palabra, sobre aquello, que en sus grandes ramas, se fundamentan los pactos . El misterio de la voluntad de Dios, conforme a Su propósito, que Él se ha propuesto en Sí mismo, Él nos lo ha revelado; es decir, reunir todas las cosas en Cristo; Las que están en los cielos y en la tierra. Esto (sin embargo consistente con todo, y aún con lo típico de esto) estuvo oculto por edades y generaciones. De hecho, aunque intimaciones progresivas podían ser (mejores esperanzas que sustentaban a los creyentes en oscuras tinieblas, fue el caso en la profecía), los límites de los actuales tratos de Dios, en cuanto a la dispensación, fueron estrechados, y los términos de esto rebajados con la condición caída de esas crecientes tinieblas. La promesa de que la simiente de la mujer quebrantaría la cabeza de la serpiente, tenía un alcance más vasto y era una promesa más comprensiva, que cualquiera subsiguiente revelación de los detalles de sus resultados, en la esfera sujeta a su poder; esto tomó el carácter de la obra más alta. "Para esto el hijo de Dios fue manifestado, para destruir las obras del diablo". El llamado y promesa a Abraham nuevamente tuvo un más amplio y pleno significado y propósito que cualquier trato con los Judíos, no solo en el monte Sinaí, sino aún en las previas libertades que los han constituido a ellos como una nación_ un pueblo marcado por Dios como el sujeto favorecido de Su mano fuerte, aunque Su mano podía manifestarse de una manera más poderosa todavía. Esto tuvo un directo y determinado objeto; no el pleno prospecto de la fe, sino los actos visibles hacia los sujetos de una presente liberación. La ley, dada en el monte Sinaí, tuvo un fundamento completamente diferente; y lo que estaba contenido en esta (como una figura para el tiempo de entonces) estaba basada sobre la obediencia del hombre, en cuanto a sus términos de promesa y bendición, y no en la supremacía de Dios, aunque fluía de esto. Si nos volvemos al cántico de Moisés, y al cántico del Cordero, veremos de una vez la diferencia característica (aún en los sujetos de alabanza) en las dispensaciones. Todo el cántico de Moisés, hermoso como es este, es acerca de la mano y el poder de Dios haciendo maravillas. "Tu diestra, OH Señor, ha venido a ser gloriosa en poder". De la misma manera Apoc. 15, "Grandes y maravillosas son tus obras, OH Señor Dios Todopoderoso". El cántico del Cordero es, "justos y verdaderos son tus caminos, Rey de las naciones". Nosotros tenemos la mente de Cristo; y Cristo es la sabiduría y el poder de Dios, y la multiforme sabiduría de Dios es dada a conocer por medio de la iglesia; y así en la resurrección, cuando el Señor retorne, en la Iglesia será manifestado el poder de Dios en Cristo, "conforme a su gran poder, por medio del cual es capaz también de sujetar todas las cosas a Si mismo" Y entonces, de hecho (como es ahora conocido a la fe) siendo realmente vivificados, seremos manifestados, "y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales". Pero ahora la Iglesia aprende, y el creyente, que si mira con asombro y admiración a la liberación efectuada por la diestra de Dios en el Mar Rojo, puede también cantar en un tono más alto y bendito; pero ahora esto tiene una más íntima y distinta lección que enseñar_ una peculiar, y privilegiada lección_ los caminos de Dios, el pensamiento de Dios; y por tanto este debe contentarse con sufrir. Este no es el tiempo, propiamente hablando, para que el poder sea ejercitado, sino para "ser renovados en el conocimiento conforme a la imagen de Aquel que o creó". Ahora, en esto se encuentra a menudo en nosotros aquello que tiene sabor no a la santa sabiduría y gracia de los caminos de Dios; allí debe haber sufrimiento; este debe ser forjado en la comprensión de Sus pensamientos. A menudo hemos aprendido esto así. Por lo demás, los sufrimientos son la oportunidad para el perfecto despliegue de esta gracia en un espíritu y carácter completamente más allá de la sabiduría del hombre. Aquel que a través de la muerte destruyó al que tenía el poder de la muerte, es el modelo de la sabiduría a la cual la Iglesia es guiada. De este modo encontramos en el Salmo 139, que la sabiduría y el conocimiento de Dios, es mostrado en el poder manifestado en la debilidad, e ilustrado en la forma de los miembros de Cristo que es sacada de las partes más bajas de la tierra[1], y en "despertar para estar contigo". Los malos después han de perecer. Entonces, guiando al pueblo que El ha redimido, los guía no en el triunfo de poder, completamente sobre las circunstancias a través de las cuales ellos han pasado, como fue el caso en la libertad de Egipto (cuando la presente destrucción de sus enemigos por poder fue efectuada); sino "Cuando Él ha puesto delante sus ovejas, él va delante y ellas lo siguen". "Porque convenía a Aquel para quien y por quien son todas las cosas, y llevar muchos hijos a la gloria, hacer al capitán de su salvación perfecto a través de sufrimientos; porque el que santifica y los santificados son todos de uno; por esta causa Él no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo, declararé tu nombre a mis hermanos, en medio de la congregación te alabaré". Pienso por esto en nuestra comunión con el Padre y con Su Hijo Jesucristo, teniendo ahora la vida eterna que estuvo con el Padre; un lugar, no solamente de efectos en libertad, sino de comunión con Aquel que liberta. Entonces, digo, Jesús habiendo abierto el camino en gracia, y la gracia siendo de este modo plenamente manifestada, no nos permite eludir los sufrimientos por medio de los cuales somos formados interiormente; porque esta es comunión con, y ser conformados a, la imagen del Hijo. Pero mirando a la introducción de la Iglesia en el conocimiento de esta imagen, y la comunión con esto, quizás me he alejado demasiado de la simple cuestión de los pactos. Ahora, digo, que esta comunión con el Cabeza triunfante no formó parte de la revelación de los pactos, aunque claramente ha sido la intención y propósito establecido antes de la fundación del mundo, antes de las edades o dispensaciones que vinieron entre tanto, sino que esto estaba reservado para la revelación del Espíritu Santo, enviado aquí abajo a causa de la exaltación del Cabeza dentro del lugar santísimo, conforme al carácter y gloria de lo que la misma comunión debía ser. Y esto fue claramente necesario; porque hasta la glorificación del Hombre sufriente, no existía aquello de lo cual el Espíritu debía testificar como estando en existencia; tampoco había sido realizada esa obra por medio de la cual el pecador pudiese justamente comprender la comunión con la gloria en el lugar santísimo. Realmente esta gloria era el resultado de la paga del pecado, y fue adquirida por la excedente excelencia de aquello por lo cual el pecado era puesto a un lado. Esto no era el perfeccionamiento de la criatura, sino el cambio de esta dentro de aquello que él por naturaleza no podía heredar, porque carne y sangre no pueden heredar el reino de Dios. Esta no era la forma de la gloria de la criatura, sino la comunión de la criatura con el Creador, una nueva, clara, e indefinida verdad, no casual, tampoco, a medias, sino indefinida y suprema; el conocimiento de aquello que es la actual porción de la Iglesia por medio del Espíritu Santo; conocido en Jesús, y en comunión con Él; el más alto vinculo de la gloria suprema; Una nueva y muy gloriosa verdad, en la cual Dios es revelado (como no puede serlo de otra manera), manifestado en carne, revelado personalmente. Ahora veremos en qué medida los pactos despliegan estas cosas. Los pactos abrahamicos (aunque más amplios en alcance y testimonio, como hemos visto, m que las bendiciones locales y promesas a Israel, como lo muestra plenamente el apóstol) no contenía ninguna de estas cosas. Ellos declaraban a la persona del Redentor, la Simiente prometida, y proponían la bendición a todas las naciones, pero estos no iban más allá de que Abraham fuese el heredero del mundo. Ahora que el velo está roto, podían manifestar cosas más brillantes; Pero en las promesas y pactos dados a Abraham, no se iba más allá de los límites de lo que pertenecía al primer Adán, porque el segundo Adán (quien es también el Señor del cielo) no había sido aun revelado, y se dio de Él simplemente testimonio como siendo la simiente de Abraham en quien vendría la bendición, cualquiera que esta fuese. Estas promesas y pactos están en Gén. 12 y 15, y son confirmados en los Cáp. 17, y 22. La primera promesa es: "Haré de ti una gran nación, y te bendeciré, y haré grande tu nombre; y serás bendición, y bendeciré a los que te bendigan, y maldeciré a los que te maldigan; y en ti serán benditas todas las familias de la tierra": aquí no tenemos nada más allá de la tierra y de las familias en las cuales los hombres habían sido repartidos. En el Cáp. 15 tenemos la promesa de una simiente numerosa como las estrellas del cielo, y (después de declarar las circunstancias en las cuales ellos serían puestos inmediatamente) la concesión de la tierra desde el río de Egipto hasta el gran río Eufrates, todo esto es confirmado por el pacto del Señor en el cual El pasaba por en medio de las victimas divididas. En el Cáp. 17 Este es establecido como un pacto eterno con Abraham (el nombre de éste es cambiado de Abram a Abraham), y con su simiente después de él, por generaciones_ que Dios sería Dios para él, y para su simiente después de él, y que Él le daría a él y su simiente después de él, toda la tierra en la cual él era un extranjero, como una eterna posesión, y que sería su Dios. La circuncisión fue entonces dada a Abraham como siendo un sello. En el Cáp. 22 tenemos la confirmación de la promesa a la simiente. "De cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. 18 En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra," En la última parte de esta promesa tenemos la confirmación de la bendición de las familias de la tierra a la simiente, es decir, a Cristo; promesa que fue dada originalmente en el Cáp.12 a Abraham. Aun así (cual sea la forma de su cumplimiento), esta no va más allá de la promesa original a las familias de la tierra; tampoco es Él, en quien esto debía cumplirse, revelado en otra manera que como la Simiente de Abraham. Las otras promesas, y el pacto formal, son acerca de la tierra, y de una simiente numerosa y prospera, que la heredaría, y que sería una bendición. En todo esto (aunque incondicionalmente esto establece eso) no tenemos nada más allá de lo que es terrenal. Las promesas y pactos en Abraham son establecidos sobre fundamentos que no pueden ser conmovidos_ no sobre la estabilidad de una profesada obediencia, sino sobre la estabilidad de la declarada promesa de Dios_ dos cosas inmutables en las cuales es imposible que Dios mienta, Su promesa, y Su juramento. Cuales sean las indicaciones de las circunstancias de la esperanza que pueda haber, los mismos pactos en sí mismos no expresan más. Estas cosas fueron confirmadas a Isaac, (Cáp.26,) y a Jacob (Cáp.28); Pero ningún detalle particular es agregado en cuanto a los términos en ellos. Cuando llegamos al monte Sinaí_ el primer pacto hecho con Israel como nación. Y aquí, como el pacto fue, por supuesto, limitado a la nación o a la simiente literal recientemente libertada, del mismo modo el sujeto de las promesas fue honor y bendición ante ese Dios de quien era la tierra. Este es el antiguo pacto, ya que después y más adelante leemos de un nuevo pacto, lo que implica (como se implica en sus términos) que este pacto fue o será hecho (o confirmado) con el mismo pueblo: ambos (cual sea su carácter) tratan con ellos como pueblo_ y tienen referencia con la tierra, aunque los pone sobre la tierra en relaciones con Dios. El nuevo pacto (aunque sus términos pueden introducir nuevos principios aplicables a los extranjeros) no puede decirse que es "como el pacto que hice con vuestros padres, el día cuando los saqué de la mano para guiarlos fuera de la tierra de Egipto,", si no fuese este un pacto hecho con Israel_ el mismo pueblo con quien el pacto anterior fue hecho en el monte Sinaí. Quienquiera que examine Jer.31, del cual este muy importante testimonio es citado, verá enseguida que el nuevo pacto es para y con Israel, y además esto no es citado por el apóstol en ninguna epístola excepto en aquella a los Hebreos. El primer pacto, entonces, fue un pacto hecho con Israel; el segundo pacto es un pacto también hecho con Israel, pero no todavía cumplido en sus efectos. El uso que los apóstoles hacen de este muestra que el antiguo pacto fue defectuoso, y ellos no podían encontrar reposo en este_ y que estaba a punto de desaparecer, lo que los guiaba de esta forma al Mediador de un nuevo pacto, en la forma que ahora intentaré mostrar; Pero en ninguna manera hablando del pacto, como hecho con la nación, siendo introducido en cuanto al efecto allí descrito, o de aquello bajo lo cual ellos han venido, aunque la parte de Dios ha sido sellada. Tenemos, entonces, (pasando por alto, por ahora, los más amplios pactos abrahamicos) dos pactos con la casa de Israel sobre distintos y diferentes términos; el primero, en el monte Sinaí; el segundo, con Cristo como su mediador y sello. Ahora, en cuanto al pacto hecho con Israel en el monte Sinaí, sus términos son estos: el pueblo se comprometió a obedecer todo lo que Dios les mandara. "Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. 6 Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel. Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso en presencia de ellos todas estas palabras que Jehová le había mandado todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos." Nada podría ser más claro que fue esta condición, "si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis", etc. y el pueblo comprendió los términos claramente. Ahora, es importante notar que la condición anterior del pueblo ha sido desplegada como descansando plenamente en la gracia. Como tal esto fue manifestado en su libertad del poder y príncipe de este mundo, en la sanidad del agua que debieron beber; en el dar del sábado en el cual el maná sería una porción permanente_ pan dado diariamente, la necesaria y segura provisión de gracia; en las aguas dadas en el tiempo de su necesidad, aunque ellos murmuraron y tentaron al Señor, aun así les fue dada libremente de la roca; en el poder de la mediación e intercesión contra sus enemigos y en la derrota de estos, y con Dios siendo su bandera, y Josué su líder; en el ordenamiento del gobierno necesario en la casa de Dios. Pero aunque el verdadero fundamento sobre el cual ellos eran el pueblo de Dios, y eran conocidos y mostrados como tales, fue la gracia antes de que los términos en el monte Sinaí y sus pactos fuesen introducidos, aun así, para los sabios y seguros propósitos de Dios, y la segura (no digo toda) sabiduría que podemos ver en la exhibición del fracaso del hombre y el progresivo despliegue de la dispensación_ en esta sabiduría la obediencia condicional fue propuesta a Israel; y en esa estipulación ellos tomaron las promesas. La duración de esto es expresada por el ruido de aquellos que cantaban. El primer principio y fundamento de todo el sistema fue roto y quebrantado antes de que el mismo mediador retornase con el orden, carácter o medida, de esa obediencia que se había prometido. El pacto se perdió. Esto en lo que se refiere al pacto de obras que la obediencia del hombre emprendió. "Estos son tus dioses, OH Israel, que te sacaron de la tierra de Egipto." Pero Dios estaba no solo mostrando el fracaso del hombre en obediencia, y las características de la perfección demandada por la ley, sino que estaba también allí, aunque estrecha la escena en que ellos eran desplegados, el progreso del despliegue de las dispensaciones. El primer pacto tenía ordenanzas acerca del servicio divino, un santo orden. Es importante notar aquí que, coincidente con el fracaso del hombre bajo principios naturales, se levantó el testimonio de otro fundamento, y de otras ordenanzas en gracia de la vida divina. Cuando digo coincidente con el fracaso, pienso mas bien en la exhibición y evidencia del fracaso, y entonces se ve la evidencia del esquema de la gracia. Progresivamente el carácter de la conexión entre Dios y el hombre se ha rebajado, y progresivamente el hombre se ha sumergido en un estado de desesperanza por haber roto la ley, un rechazado Dios de gloria, cuya mano se ha visto y mostrado en su favor como un pacto de Dios. Pero como la porción natural del hombre de este modo fue evidenciado como siendo sin esperanza, se levantó inmediatamente coincidentemente y respondiendo claramente a esa obra y orden de gracia sobre la cual el propósito y misericordia divina podían levantarse. El pacto de Israel en el monte Sinaí contenía la prueba que la obediencia del hombre era un fundamento sin ninguna esperanza, bajo cualquiera circunstancia, sobre la cual pudiesen descansar las relaciones con Dios; también contenía el completo desarrollo típico de aquello sobre lo que ciertamente aquellas relaciones podían descansar_ sobre lo que el confort, la paz, y la bendición divina podían refrescar el corazón del hombre, cansado de su propio camino, y este es el uso que hace el apóstol de esto. No es, he aquí, estos son los efectos del nuevo pacto sobre la tierra; sino que el antiguo pacto era defectuoso. Pero el fundamento del nuevo pacto ha sido puesto en la sangre del Mediador. No es para nosotros que los términos del pacto, citado de Jeremías por el apóstol, han sido cumplidos, o que nosotros somos Israel y Judá; sino que mientras el pacto está fundamentado, no sobre la obediencia de un pueblo vivo (al cual la bendición debe venir, y la sangre derramada de una victima por un mediador vivo) sino sobre la obediencia hasta la muerte del mismo Mediador, sobre la cual (como su seguro e inalterable fundamento de gracia) está fundamentado el pacto. Pero, como hemos visto, en el mismo acto de formar el pacto, y teniendo la obediencia del hombre pecador como su fundamento fue evidenciado como viniendo todo al fracaso, y que por tanto este mismo pacto llevaba consigo, por la buena y rica misericordia de Dios, el testimonio de otro fundamento distinto y más estable; como también del lugar en el cual hemos sido introducidos. El santo orden que acompañaba el pacto(o que el pacto tenía) era el tipo de las cosas celestiales. No se trata ahora de "vienen días en los cuales haré un nuevo pacto con la casa de Israel y Judá"; sino de una esperanza que entra detrás del velo; Y a esto, repito, se vuelve inmediatamente el apóstol. No estoy, por supuesto, negando la justicia práctica que acompañará esto a través del amor de esto en los corazones: ciertamente será así; sino de la manera en la cual estamos asociados con la introducción del nuevo pacto y de la revelación de aquello que aquel santo orden y modelo fue un tipo. Es justo esto_ hemos visto el pacto sellado con la muerte del Mediador, y por tanto el fin para nosotros ahora de toda esperanza de tener alguna asociación terrenal con Él, o alguna bendición sobre la tierra; la propia muerte del Mediador para este mundo es el fundamento de nuestra entrada, o porción en, el lugar que tenemos con Dios. Sobre esto, en Heb.9, el apóstol trabaja e insiste arduamente, y esta es realmente una característica distintiva de la dispensación. Entonces, si nos volvemos al Mediador, como siendo el fundamento en dar o sello del pacto para nosotros, y de considerarlo a Él como manteniéndolo para nosotros hacia Dios, nuevamente encontraremos el modelo de las cosas celestiales (introducidas en conexión con el antiguo pacto) ese lugar nos pertenece en virtud de nuestra conexión con el Mediador. El sumo sacerdote entra, en virtud de la sangre de la víctima mediadora (que en cumplimiento sabemos fue Él mismo) en el lugar santísimo; entonces, en el anti-tipo, necesariamente en resurrección y ascensión. Es en Su lugar especial de Sumo Sacerdote, en que Él lo ejerció claramente, donde Cristo ha entrado ahora por nosotros, en el cielo mismo. Esta, entonces, es nuestra porción en el nuevo pacto, en la medida que tenemos algún interés en el hecho que este haya sido sellado en la sangre del Mediador. Ese Mediador, habiendo entrado en los cielos, en el lugar santísimo, no ha cumplido actualmente, o no ha puesto en ejecución, el nuevo pacto con Israel y Judá, pero ciertamente este será cumplido plena y claramente. Pero en cuanto al modelo de las cosas en los cielos, este fue dado cuando el antiguo pacto, que dependía de su propia obediencia, fue dado en el monte Sinaí; del mismo modo ahora, cuando el nuevo pacto ha sido fundamentado en la sangre del Mediador (no todavía aceptado o reconocido en gracia por esa nación), las mismas cosas celestiales son manifestadas a la fe por la introducción del mediador en el lugar santísimo en resurrección. El velo de Su carne estando roto, y el mismo mediador habiendo muerto (el ejercicio del sacerdocio, y la ofrenda de Su propia sangre en el lugar santísimo, por medio de la cual tenemos acceso hasta allí, es necesariamente una obra de resurrección y ascensión), tenemos ahora libertad para entrar en el lugar santísimo por medio de la sangre de Jesús, por un camino nuevo y vivo a través del velo (es decir, de Su carne.) Durante el primero, este camino no fue manifestado, tampoco, además, fue la conciencia purificada de una vez y para siempre en vista a tener una porción allí. Ambas bendiciones son ahora la porción de los hijos de Dios, y toda nuestra porción ahora no está en un formal cumplimiento del nuevo pacto con Israel y Judá, sino completamente en los lugares celestiales con Cristo, conforme al modelo del tabernáculo, solo con esto añadido_ que el velo ha sido roto de arriba abajo. Entonces es con las circunstancias anexadas del pacto con las cuales nosotros tenemos que ver, no con las bendiciones formales en que los términos han tenido lugar bajo las condiciones del antiguo pacto, aunque algunas de ellas pueden, en un sentido, ser cumplidas en nosotros. De este modo el carácter distinto y celestial de la dispensación es muy claramente mostrado, y encontramos que nuestro lugar es estar identificados con el Mediador, como habiendo entrado detrás del velo, no en las bendiciones que resultan para Israel en consecuencia de Su derecho y poder para bendecir en gracia. Se declara generalmente que el sumo sacerdote salía y bendecía al pueblo en el día de expiación, cuando salía del lugar santísimo, pero no hay nada de esto en el relato de esto en las Escrituras, y para mí esto mas bien envuelve un error, porque su lugar en ese día no formaba parte de su oficio real, ya que en ese día de trataba mas bien de Su humillación o ascensión a la gloria, o de los oficios puramente sacerdotales_ muerte, confesión, intercesión y semejantes. Hay un pasaje en Lv.9, que (siendo de un carácter más comprensivo) parece abarcar esta parte del tema más claramente. Este capítulo abarca las ofrendas del sumo sacerdote al entrar en su oficio. Después Aarón ofrece sus ofrendas y habiendo presentado cada una de ellas, él bendice, y después desciende. Esta fue una bendición sacerdotal después de la ofrenda, pero antes de descender de allí, y entonces Moisés y Aarón (quienes muestran la unión de los oficios real y sacerdotal) salen del tabernáculo de la congregación (no necesariamente implicando el lugar santísimo, sino la casa, incluyendo el lugar santo y el santísimo), y bendicen al pueblo; y entonces la gloria de Dios aparece a todo el pueblo; y así se completa el testimonio público acerca de la completa aceptación del holocausto por parte de Dios. Esta, es una declaración más general de todo lo conectado con la institución del sacerdocio, parece más claramente poner ante nosotros las bendiciones sacerdotales del sacrificio ofrecido, y después (después del retorno de eso) la bendición real y sacerdotal para el pueblo; sobre lo cual la plena gloria viene como un testimonio público. Esto, sin embargo, lo destaco, aunque para mi este es un interesante tipo del orden de estas cosas, sobre las cuales ahora deseo detenerme, y presentar sus principales secciones para la consideración de otros, este es el lugar en el cual el fundamento del nuevo pacto en la sangre de Cristo nos ha introducido, no en aquel de los términos del pacto hecho con Israel y Judá, ni tampoco del pacto de Dios con Abraham, Isaac, y Jacob, porque la esfera de la ministración de ellos fue la tierra; sino que es dentro de la revelación posterior a la muerte del Mediador, y de Su entrar en el sumo sacerdocio en resurrección, ascensión y gloria._ un estado de cosas celestial, un lugar en lugares celestiales, en el cual tenemos comunión con Aquel que ha ido detrás del velo, algo previamente no revelado, aunque fundamentado en la muerte de Aquel que fue prometido y tipificado por las ordenanzas dadas con el antiguo pacto en cuanto a la constitución del tabernáculo de la congregación_ el velo entonces no estaba roto, y el camino al lugar santísimo no había sido aun manifestado, ni la comunión de una conciencia purificada establecida (la identidad del cuerpo de Cristo con Su Cabeza, y su privilegio, sentarse allí, como ahora representado por Él, todavía era algo desconocido); Confirmando de este modo en la forma más clara, en el ordenamiento de las dispensaciones, muchos principios a menudo aludidos en artículos anteriores. Hay muchos sujetos y principios de la más profunda importancia conectados con los pactos, que son aquí apenas aludidos (tal como la diferencia de la misma naturaleza y términos de ambos, cual pueda ser su aplicación, sobre el cual de hecho descansa prácticamente toda nuestra paz; el carácter incondicional de los pactos hechos con Abraham, como el fundamento de la infalible autorización para las esperanzas Judías, que no dependen de aquello que para su actual aflicción y la instrucción de la humanidad, ellos han fallado completamente) Todo esto, aunque no paso sin hacer alusión a ello, no me extiendo en este artículo, habiendo muy brevemente, y temo también, superficialmente, tratado de tocar estas secciones y características que muestran los pactos en su propio lugar, y que manifiestan a la vez nuestra posición conectada con ellos. Hay un pasaje conectado con este sujeto que he omitido, al cual ahora aludo. En la declaración de las restauradas bendiciones a Israel, en Ezeq. 36 el detalle de las cosas terrenales es muy claro; todo es restaurado en bendiciones israelitas. Entre ellas, sin embargo, encontramos una obra que debe hacerse entre ellos para calificarlos para coger y gozar estas bendiciones ante Dios. "Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. 26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. 27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. 28 Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres, y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios" (vv.25-28) Este no es expresamente el nuevo pacto, sino que es de hecho una más explícita declaración de la forma de las bendiciones que este contiene, y con las cuales está conectado. De allí el reproche a Nicodemo por parte del Señor, cuando (declarando en términos equivalentes a estos, lo que era necesario para que el hombre pudiese ver, y entrar en el reino de Dios) Nicodemo respondió "¿Cómo pueden ser estas cosas?" El Señor realmente muestra el carácter universal de la operación: "así es todo aquel que es nacido del Espíritu" Pero la aplicación en la conversación es Judía; eso era necesario para el goce de las cosas terrenales del reino de Dios, del cual las promesas y los pactos con Israel y sus padres eran la garantía y seguridad de parte de Dios. Entonces nuestro Señor añade la observación "si te he hablado de las cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las cosas celestiales?"_ Aun de estas otras y de más altas cosas, que pertenecen al reino en el cual se entra por el camino nuevo y vivo; entonces nuestro Señor, aunque no entonces revelando estas cosas enseguida, introduce Su muerte_ la muerte del Mediador, el Hijo del hombre, en quien se esperaban las cosas terrenales, que era también la puerta que abría el camino para las cosas celestiales (todavía no manifestadas), y ordenadas a causa del rechazo del Hijo del hombre por aquellos a quienes vino con bendiciones terrenales, "Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así el Hijo del hombre debe ser levantado"; pero fundamentando cada esperanza de vida eterna entonces en este levantamiento, y abriendo esta al mundo. Porque como Enviado de la misericordia Él vino; y de este modo fue hecha la distinción entre lo terrenal y celestial. Difícilmente siento necesario añadir que tomo todo Heb.9 como teniendo un mismo sujeto, el pacto; y que el término testamento y testador son solo acomodaciones para el lector inglés que oscurecen o destruyen el sentido. J. N. DARBY

La iglesia y la plenitud de los tiempos

por varyvar
sábado, 13 de febrero del 2010 a las 15:40
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La Administración de la Plenitud de los Tiempos PDF Imprimir E-Mail
Escrito por W. Kelly   
 

LA ADMINISTRACIÓN DE LA PLENITUD DE LOS TIEMPOS.

                                Efesios 1: 10

W. Kelly.

Cristo es  el verdadero centro de los propósitos de Dios, como es solo por  Él que el Espíritu Santo los revela. Entonces es, y debe ser  en proporción a  nuestra enseñanza del Espíritu de Cristo, que los planes divinos son comprendidos y apreciados. Cuando Él no es mantenido permanentemente ante el alma, ¿qué viene a ser del estudio de la Escritura? Entonces no es más la verdad la que santifica, sino la estéril teología que hincha. ¿Y por qué la profecía ha sido pervertida  hasta llegar a hacer de ella una estéril e injuriosa especulación? Porque el gran objeto de Dios se ha  perdido de vista ("que en todas Él pueda tener la preeminencia" uno podría aplicar esto aquí); y de esta manera el Espíritu Santo ha sido entristecido, y ha soplado sobre la ocupada mente del hombre. "Él me glorificará," dijo el Señor, "porque tomará de lo mío y os lo mostrará" (Jn.6:14). Desde el momento que la vista de la gloria de Cristo es suplantada por investigaciones, por ejemplo de la providencia, importante como esto puede ser en su lugar,  el templo de la profecía degenera y viene a ser  una casa del intelecto humano;  y las mesas de este mero comercio en la mera erudición, llena sus atrios, hasta que por el justo juicio de Dios esta es desolada. Pero Su gracia tiene un  mejor santuario que es abierto para aquellos que tienen oídos para oír y ojos para ver a Jesús coronado con gloria y honor en los cielos. ¡Que podamos tener gracia para acercarnos a través del  velo roto,  y allí junto a  nuestro Maestro, con pies  descalzos  y con  corazones  llenos de  adoración, seguir Su ojo y dedo  descansando sobre las esferas  de Sus variadas,  pero armoniosas glorias!

Desde el comienzo del mundo lo que los hombres no han escuchado, ni han percibido por el oído, tampoco los ojos  han visto, son las cosas que Él ha preparado a los que esperan por Él. Allí necesariamente se detiene el profeta judío. "Pero,"  dice el apóstol, (1 Cor.2), "Dios nos las ha revelado por el Espíritu."  "hablamos sabiduría de Dios en misterio, sabiduría oculta, que Dios ordenó antes del mundo (o, las edades) para nuestra gloria." Cuan a menudo escuchamos  a un miembro del cuerpo de Cristo citando las palabras, "lo que ojo no ha visto, ni oído escuchado," para justificar una ignorancia  que el Espíritu de Dios se esfuerza para mostrarnos que no es más excusable.  Las cosas que Dios ha preparado para aquellos que lo aman son ahora  manifestadas. Nuestra posición está en contraste con aquella de los judíos. Dios  nos las ha revelado a través de  Su  Espíritu; porque el  Espíritu escudriña  todas las cosas, si, las cosas profundas de Dios. Es verdad, estas cosas profundas  no son las cosas del hombre, y por tanto están más allá del descubrimiento del conocimiento humano. Pero el cristiano no es llamado a andar o pensar: si parece que él es sabio conforme al mundo, debe hacerse necio para ser sabio. "Nadie conoce las cosas de Dios excepto el Espíritu de Dios."  ¿Y qué es eso para el cristiano? Todo. "porque no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que es de Dios, para que podamos conocer las cosas que nos han sido dadas libremente por Dios." "Tenemos la mente de Cristo."

Así en Efesios, "dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en si mismo, 
de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. 
 En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, 
"(Efes.1:9-11).

Las grandes y preciosas  revelaciones del A. Testamento, que Dios manifestó a los judíos (Dt. 30:29), pertenecen, en un sentido enfático, para ellos y sus hijos. Jehová su Dios ha reservado estas cosas secretas para Si mismo. De allí la fuerza e importancia de los versos justo citados de esta epístola.  Su gracia  Él la ha hecho abundar hacia nosotros en toda sabiduría y prudencia. Él nos ha dado a conocer  el secreto de  Su voluntad, de acuerdo a su buen placer que Él se ha propuesto en Si mismo para una administración del cumplimiento de los tiempos. ¿Y cuál es el propósito de Dios?  Este está relacionado con un Cabeza, Cristo, reunir el universo, las cosas que están en los cielos y las que están en la tierra; en Él, en quien también hemos recibido herencia. Es decir, que el misterio de Su voluntad  consiste de dos grandes partes: primero, Cristo debe  ser  cabeza  de todas las cosas  celestiales y terrenales; y segundo,  la iglesia debe estar asociada con Él en esa herencia. Y de este modo el apóstol, habiendo tratado el designio de Dios  de reunir todas las cosas en Cristo, se vuelve enseguida  al propósito colateral  de unir a la iglesia como heredera con Él, aludiendo primeramente a los santos judíos introducidos en estas relaciones, y después a los mismos efesios, santos gentiles  a quienes  él se estaba dirigiendo: "para que  nosotros (los judíos creyentes) seamos para alabanza  de Su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo; en quien vosotros también (los creyentes  gentiles)",etc. Cuando ellos escucharon, creyeron  el evangelio. Porque ellos no tenían  previa revelación o esperanza como la de los  judíos.

En los versos finales de este capitulo tenemos la misma doble verdad, con esta diferencia, que esta no está conectada con el propósito futuro de  Dios  respecto a encabezar todas las  cosas en Cristo cuando los tiempos señalados hayan sido completados, sino con la actual exaltación de Cristo a la diestra Dios. Sin embargo,  aquí como  antes, se ve la doble gloria de  Cristo.  Dios lo ha dado como  Cabeza sobre todas las  cosas a la iglesia, que es Su cuerpo, la plenitud de  Aquel que llena todo en todo. Esta, por tanto debe ser una cosa distinta de, aunque íntimamente conectada con, el misterio de Efes. 1:9-11. Tomemos uno de  estos testimonio  proféticos, y la diferencia será clara.

"Por tanto, di a la casa de Israel: Así ha dicho Jehová el Señor: No lo hago por vosotros, oh casa de Israel, sino por causa de mi santo nombre, el cual profanasteis vosotros entre las naciones adonde habéis llegado. 
Y santificaré mi grande nombre, profanado entre las naciones, el cual profanasteis vosotros en medio de ellas; y sabrán las naciones que yo soy Jehová, dice Jehová el Señor, cuando sea santificado en vosotros delante de sus ojos. 
 Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. 
Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. 
Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. 
Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. 
Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres, y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios.
Y os guardaré de todas vuestras inmundicias; y llamaré al trigo, y lo multiplicaré, y no os daré hambre. 
Multiplicaré asimismo el fruto de los árboles, y el fruto de los campos, para que nunca más recibáis oprobio de hambre entre las naciones. 
Y os acordaréis de vuestros malos caminos, y de vuestras obras que no fueron buenas; y os avergonzaréis de vosotros mismos por vuestras iniquidades y por vuestras abominaciones. 
No lo hago por vosotros, dice Jehová el Señor, sabedlo bien; avergonzaos y cubríos de confusión por vuestras iniquidades, casa de Israel. 
Así ha dicho Jehová el Señor: El día que os limpie de todas vuestras iniquidades, haré también que sean habitadas las ciudades, y las ruinas serán reedificadas. 
Y la tierra asolada será labrada, en lugar de haber permanecido asolada a ojos de todos los que pasaron. 
Y dirán: Esta tierra que era asolada ha venido a ser como huerto del Edén; y estas ciudades que eran desiertas y asoladas y arruinadas, están fortificadas y habitadas. 
Y las naciones que queden en vuestros alrededores sabrán que yo reedifiqué lo que estaba derribado, y planté lo que estaba desolado; yo Jehová he hablado, y lo haré. 
Así ha dicho Jehová el Señor: Aún seré solicitado por la casa de Israel, para hacerles esto; multiplicaré los hombres como se multiplican los rebaños. 
Como las ovejas consagradas, como las ovejas de Jerusalén en sus fiestas solemnes, así las ciudades desiertas serán llenas de rebaños de hombres; y sabrán que yo soy Jehová
." (Ezeq. 36:22-38)

La citación es más  observable, porque parece que el Señor  la tenía  principalmente en vista en Su conversación con Nicodemo (Jn.3). Jesús había establecido la necesidad de  nacer de  nuevo como condición para ver el  reino de Dios; y la pregunta del líder  judío, Él la respondió, diciendo "si alguno no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino." Carne  y Espíritu no admiten modificación  de naturaleza,  cada una  permanece  distinta e inmutable.  Entonces Nicodemo no debía maravillarse  si los judíos debían nacer  de nuevo en vista a tener parte en el reino de  Dios; porque la  pregunta era acerca del  reino,  y no solamente de la  salvación. Cuando Nicodemo se pregunta, "¿Cómo pueden ser  estas cosas?", el Señor le dice, "¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? "(Jn.3:11,12)

De este modo es  claro,  que cuando el Señor habló de la necesidad del nuevo nacimiento, el maestro judío debiese haber comprendido; porque  así lo había mostrado el profeta  Ezequiel.

Antes de que Israel goce las  bendiciones  terrenales  en la tierra prometida, Israel  debe nacer  de nuevo.  Israel será rociado con agua limpia, y tendrá un  espíritu nuevo dentro de ellos. Es después de  esto que  ellos tendrán las cosas  terrenales  del reino de Dios. "Yo también os  salvaré de todas vuestras  inmundicias; y llamaré al grano,..." etc. "Y ellos dirán, esta tierra que fue desolada  ha venido a ser como  huerto de  Edén."  La cosa importante a decir  es, que   en todo esto el Señor  no ha ido más allá de las  cosas  terrenales, o de aquellas que eran esenciales  a su gozo, el nuevo nacimiento. Por supuesto,  para tener  bendiciones  en lugares  celestiales  un hombre debe primeramente nacer  de nuevo; pero aun el pueblo judío, como  hemos visto,  debe nacer  de nuevo para tener las promesas   terrenales  en el reino de  Dios. Él no había ido más  allá del rango de las cosas  terrenales  y que un judío debiese  haber  aprendido de los propios profetas.

"Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? "

Sobre lo último,  el Señor no toca más lejos más que para indicar el levantamiento del Hijo  del hombre, y el don del Hijo de Dios en  amor no a los judíos sino al mundo: esas cosas  envuelven, como sabemos, la exaltación del Señor en la gloria sobre lo alto, y la unión de la  iglesia  con Él allí,  como la plenitud del  Hombre celestial.  El levantamiento del Hijo del  hombre fue, en cuanto a lo que concierne a la responsabilidad del  hombre, la demolición (aunque  en la sabiduría y gracia de  Dios, la última seguridad) de todas las  esperanzas  terrenales  de los judíos, porque en Cristo todas las promesas de  Dios  encuentran su lugar; y si Él hubiese  sido recibido, estas  habrían sido cumplidas  a Su pueblo terrenal. Pero Él fue rechazado.  Por tanto también Dios lo exaltó hasta lo sumo. Las promesas  quedan para ser cumplidas, basadas  como  están ellas  sobre la  sangre del  Mediador; pero antes  que ese  cumplimiento  tome lugar,  una nueva y extraordinaria  obra  se realiza; es decir, la formación del cuerpo que ha de  compartir la gloria de Cristo arriba, cuando el propósito de Dios sea cumplido en la reunión de todas las cosas, celestiales  y terrenales,  bajo Cristo, porque la iglesia compartirá  la herencia con Él. Esto, entonces, es el misterio de la voluntad de  Dios: no del reino, tampoco el nuevo nacimiento, indispensable como es  esto para sus promesas  terrenales.  De  esto los profetas  han hablado; pero ellos  estuvieron silenciosos en cuanto al propósito de  Dios que  destina a Cristo y la  iglesia para gobernar  sobre todas las  cosas  en los  cielos y en la tierra. La restitución de todas las cosas  de ninguna manera fue un misterio.

Pero debe observarse, que  1 Ped. 1:10-12  no se refiere a  este misterio, sino a otros privilegios que  formaban la carga de muchas ramas proféticas. La  salvación de las almas  ciertamente no fue un secreto oculto: "de cuya salvación los  profetas," etc. Ellos  "Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos." Testificadas por los  antiguos profetas, no pueden ser  el misterio que en otras edades no fue dado a conocer a los hijos de los  hombres, como es ahora revelado a Sus  santos apóstoles  y profetas por  el Espíritu (Efes.3).Aquí  estas  cosas  son testificadas de  antemano, y ministradas  para nosotros y no para ellos; porque esto fue  así revelado para ellos.

Pero claramente  estos privilegios  previamente revelados difieren  totalmente de otra esfera de bendición que desde el comienzo del mundo fue mantenido oculto en Dios (Efes.3:9).Tampoco las epístolas de Pedro aluden una sola vez  a nuestra comunión con Cristo como  Su cuerpo. El misterio  en ninguna parte es introducido. Somos considerados como nacidos de nuevo,  "nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,  para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros,  que sois guardados por el poder de Dios"  etc. Somos  exhortados a ser  diligentes, sobrios, etc.,  durante todo el tiempo de  nuestra peregrinación, y andar en temor,  sabiendo que nuestra redención  ha sido a través de la preciosa sangre de  Cristo.  No podemos dudar que las personas a las cuales se  dirigía Pedro eran miembros del cuerpo de Cristo; pero es cierto,  que el Espíritu se detiene  aquí sobre las  bendiciones  que  brotan de la  resurrección de Cristo;  nuestra  vida en poder incorruptible, sacerdocio santo y real, el llamamiento  peregrino. Él no habla de nuestra unión con Cristo en el cielo. Entonces  también, cuando el  Espíritu Santo enviado del cielo es referido, como siendo el poder de la  predicación del evangelio a  nosotros, nunca  como  Aquel que  constituyó, a judíos y gentiles , como la habitación de  Dios (Efes.2),  y quien nos bautizó en un cuerpo (1  Cor.12:13).En otras  palabras,  el misterio no es tratado en las  epístolas de  Pedro, considerando que este es el principal tema en  Efesios y también en la epístola a los  Colosenses.

La administración, hemos visto, espera "la plenitud de los tiempos," o el termino de los  variados periodos señalados por la  sabiduría divina. Todas las  cosas  están fuera de  curso,  y van  de mal en peor, hasta que Cristo tome las riendas. El único Justo está desterrado del mundo, aunque conocido a la iglesia como coronado con gloria  y honor en el cielo, mientras  aquellos que  aman al Señor de  gloria sufren aquí abajo.  El favorecido pueblo terrenal de Dios es un proverbio y refrán entre todas las naciones, y expulsado  fuera de la tierra de la cual Dios  se deleitó  en ser el Propietario. ¿Y cuál ha sido, y es, la historia de  ese pueblo y tierra? Sus opresores, los gentiles, ¿han  andado en humillación  o en orgullo? ¿Han ellos  honrado al Rey del cielo? Y en cuanto a la creación ¿No gime esta y está con dolores de  parto hasta  ahora? ¿Y dónde  está Satanás? ¿Es solamente sobre la tierra que él anda, o hay  maldad  espiritual en lugares  celestiales? Bien, hay un tiempo establecido para cada una de estas cosas; y estos tiempos tendrán un pleno termino.  Satanás perderá su dominio  sobre el aire y la tierra; la creación será libertada y llevada  a  la libertad  de la gloria  de los  hijos de Dios; la imagen  herida  da  lugar a un reino eterno; Israel florecerá como la rosa, y llenará la tierra con fruto; el desierto y el lugar solitario se alegrarán para ellos, y Cristo aparecerá y nosotros  con  Él en gloria. Esta será la plenitud de los tiempos  de la cual se  habla.

Cuando la destinada plenitud llegue, cuan  grande  nuestro gozo, amados, verle a Él, no solo  como la bendición de Melquisedec bendiciendo a  Dios y al hombre, como el actual Poseedor del cielo y la tierra, todas las  cosas  serán encabezadas por Aquel que, aunque es el Dios  Altísimo, administra como el Hombre  exaltado; nosotros  mismos cerca de Él y verdaderamente uno con él, entonces  olvidaremos todo, salvo Su  amor y gloria. Y aun  así (¡oh qué gracia!) ¿No es  así ahora, con relación a Su amor? ¿No somos  aquí y ahora  miembros de Su cuerpo, de Su carne y huesos? Aun  así ciertamente anhelamos por el día cuando al verle, seremos para siempre como Él,  de acuerdo al poder  por medio del cual Él es  capaz aun de subyugar todas las cosas  a Si mismo.

Si, todas las  cosas en el cielo y la tierra serán  encabezadas en Él, no cosas bajo  la tierra (seres  infernales); toda  rodilla se doblará, y cada lengua confesará que  Jesucristo es  Señor para la gloria de  Dios Padre. Dignamente  Él ha ganado tal lugar, el bendito Señor. ¡Y cuán verdadera  es la palabra!

"Quien, subsistiendo  en la forma de Dios, no pensó ser igual a Dios como  cosa a la cual aferrarse, sino que se  despojó a Si mismo, y tomó forma de  siervo, hecho semejante a los hombres;  y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.  Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre," (Fil. 2:6-9)

Es falso, absolutamente falso, que Jesús  tomó este lugar cuando nació. Es verdad, que entonces  llegó la plenitud del tiempo  para que Dios enviase  a Su Hijo.  Los mismos hijos estaban  esclavizados  bajo los rudimentos del mundo,  y todos estaban  encerrados bajo pecado. Él hombre se había  mostrado competente para arruinarse a si mismo  bajo la  ley de  Dios, y solo más rápidamente porque  la ley era buena y él era malo.  Pero ¿fue la  obra de Dios hecha cuando el Hijo estuvo aquí, nacido de una mujer, y bajo la ley? De ninguna manera. La encarnación fue el medio, no el fin. La redención fue el gran punto al cual se volvió Dios. Por  tanto el  Hijo fue de este modo enviado y vino para redimir a los que estaban bajo la ley, para que  ellos pudiesen recibir la adopción de hijos. Y porque vosotros (los gentiles, que no habían estado bajo la ley) sois hijos, etc. (Gál. 4:4-6)

Volviéndose a las más amplias y elevadas  esferas de los  Colosenses, escuchamos la misma verdad.  En el amor del Hijo de Dios  tenemos  redención, el perdón de pecados; "que es la imagen del Dios invisible, el Primogénito de cada  criatura."  ¿Es este Su título más elevado? ¿Es esta Su gloria divina? No; pero fundamentado sobre esto. Él es el Primogénito de  toda  criatura, no porque Él participó de  carne,  tampoco porque Él fue el Santo Hombre que triunfó sobre todas las consecuencias del pecado del primer Adán,  y venció a aquel que  llevó al primer hombre cautivo a su voluntad: en una palabra, no porque Él estuvo aquí abajo, como el más  fiel y glorioso, sino porque  Él era el Creador.  Él es el Primogénito de toda criatura, porque por (o, en virtud de) Aquel  por quien todas las cosas fueron creadas. Aquí está Su derecho a la  supremacía en cuestión.

"Porque por Él fueron creadas todas las  cosas, las que  están en los cielos, y las que  están en la tierra, visibles e invisibles, ya sea tronos, dominios, o principados, o poderes: todas las cosas fueron creadas a través de  Él, y para Él: porque Él es  ante todas las  cosas, y por (o, en virtud de) Él  todas las cosas consisten" (Col. 1:16,17)

Su primacía sobre  toda la creación fluye de Su divino poder creativo. El afirma esto como  Hombre; pero Su titulo fluye de otra  y más elevada fuente. Pero Él es más que  el Primogénito de toda creación. Él es  cabeza de  un cuerpo, la iglesia,"el comienzo, el Primogénito  de los muertos" Esto como lo hemos visto, es la gloria de la cual trata especialmente la epístola a los Efesios.

El pecado estaba aquí abajo, el hombre que debiese haber sido el primero, era el más bajo moralmente; y la misma creación, a causa de él, estaba bajo la esclavitud de la corrupción. Y aquellos a quienes  Dios  estaba a punto de introducir en la iglesia, ¿qué eran ellos? Alejados y enemigos en sus mentes por malas  obras. Entonces, aunque el  Verbo se  hizo carne y tabernaculizó entre nosotros, aunque  toda la plenitud de Dios quiso habitar en Él,  aun esto no podía  enfrentar el mal y la miseria del hombre,  tampoco la santidad y el corazón de Dios. La luz de  Dios estaba allí,  Su amor estaba allí; en Él estaba la vida y la vida era la luz de los  hombres. ¡Ay! Fue manifiesto que los judíos, que todos, estaban irreparablemente ciegos, si, y muertos.

"Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado. 
 El que me aborrece a mí, también a mi Padre aborrece. 
Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre.
" (Jn.15:22-24)

¿Qué debía hacerse? "de cierto, de cierto os digo, "dice el Señor, "si el grano de trigo no cae a tierra y muere, queda solo; pero si muere, este da mucho fruto."  Su muerte solo podía libertad. Pero esto siempre estuvo ante el alma de nuestro bendito Maestro.

"Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y como me angustio hasta que  este sea cumplido!" El vino por  agua y sangre, es decir, Jesucristo; no por  agua solo, sino por agua y sangre "(1 Jn.5)

Entonces en la epístola a los  Colosenses, Col. 1:20-22, leemos, "y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él;"

La iglesia está reconciliada aun ahora. A los miembros vivientes de Cristo puede decirse, "os reconcilió."  La creación  aun no ha sido reconciliada, aunque la  sangre de la cruz ha sido derramada, y sobre ella la reconciliación está fundamentada; y esto será así en la plenitud de los tiempos.

Al presente no tal administración  tiene lugar, aunque aquí debemos  aprender que el propósito de Dios se cumplirá. Cristo es, sin duda, Cabeza de los ángeles, de judíos, de los hombres, de la creación. ¿Pero está Él ejerciendo estos derechos? Ahora es de la  administración cuando los  periodos estén maduros de lo cual habla nuestro verso. Pero ninguna de estas cosas  están siendo ahora reunidas. Por el contrario, debe haber  todavía una crisis profunda de rebelión  como  nunca la ha habido. Este es ahora el tiempo cuando todas las cosas  están separadas de Cristo, o si reunidas, solo en la ruina e indignidad que la astucia  y poder de  Satanás  ha introducido. Este es el tiempo de  otro reunir, la reunión de los  co-herederos que serán glorificados con Cristo.

Sino que  esta es la reunión de Efes. 2, no de  Efes.1. Esta es la reunión de los miembros de Su cuerpo, no de los sujetos de Su gobierno.

Algunos, sé,  han  imaginado que por "todas las cosas en los cielos y la tierra"  significa la  iglesia. Pero ante todo la  expresión "todas las cosas,"  etc., prohíben el pensamiento.  La iglesia  nunca fue y nunca será, "todas las  cosas."  Y aunque  ahora  el llamamiento está siendo efectuado sobre la tierra,  no es una reunión allí, sino fuera de  esta, y aun cuando completa, está en el cielo; considerando que la reunión en Efes. 1:10 es una reunión, al mismo  tiempo,  de todas las  cosas  que  están en los cielos y la tierra, bajo Cristo. Nuevamente, la iglesia  no solo es un cuerpo elegido, sino que en el v.11 tenemos a miembros de ella referidos  como una  cosa  adicional al encabezamiento de  todas  las  cosas  bajo Cristo, "en quien también hemos obtenido" etc. Además,  en el v.22 tenemos "todas las  cosas" nuevamente referidas como  puestas  por Dios debajo de los pies de  Cristo.  Quien es  dado como Cabeza  sobre todas las cosas a la iglesia; que  por tanto,  lejos de estar mezcladas en todas las  cosas, goza y  comparte Su  supremacía, como Su cuerpo  y gloriosa  novia.

Esto es completamente  confirmado por los versos inmediatamente antes y después  del v.10: en un caso donde el  misterio de la  voluntad de Dios es  dado a conocer  relacionado con todas las  cosas en los cielos y en la tierra; y en el otro, debido a que son referidos como  teniendo el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia. Tal es  lo que tenemos mientras tanto: no la posesión que viene  en la dispensación de la plenitud de los tiempos y no antes, pero mientras  tanto el Espíritu, como arras hasta  la redención de la posesión adquirida, para alabanza  de Su gloria. Porque cuando esa plenitud llegue, será gloria, Su gloria,  y no como ahora  los tratos y riquezas de Su gracia, ¡Qué el Señor apresure ese glorioso día!


                                                           W. Kelly

Gobierno gentil y llamado celestial

por varyvar
sábado, 13 de febrero del 2010 a las 15:27
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Los Dos Paréntesis PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Roy Huebner   
 

LOS DOS PARÉNTESIS

 

I. EL PARÉNTESIS GENTIL DE JUICIO

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Este capítulo mostrará, confío, la enseñanza de JND, como la comprendo, sin citaciones extensivas, de manera a acortar la extensión  de este  artículo.       Un paréntesis ( ) interrumpe una secuencia (como lo hace este mismo paréntesis) sin afectar lo otro. La palabra "paréntesis" fue usada a principios de 1800 en conexión con el despliegue de la verdad dispensacional, para indicar algo que Dios ha traído en conexión con una secuencia de sus tratos. Hay dos de estos paréntesis. Uno trata con la esfera celestial de la gloria de Cristo; y el otro está conectado con la esfera terrenal de la gloria de Cristo. Recuerde que Dios tiene un propósito: glorificarse El mismo en Cristo _y esta gloria será desplegada y manifestada en dos esferas, la terrenal y la celestial (Efesios 1: 10).

        Los tiempos de los Gentiles constituyen un paréntesis de juicio sobre Israel.  El gobierno fue quitado de Israel y transferido a Nabucodonosor. Gobierno se encontrará otra vez en Israel durante el milenio. De este modo, esta interrupción de gobierno en Israel fue llamado un paréntesis.



EL PARÉNTESIS GENERAL DE JUICIO GENTIL

 

Aquí consideraremos el más amplio de estos paréntesis, es decir, el terrenal, el paréntesis Gentil de juicio sobre Israel. Israel estará en el centro del despliegue de la gloria de Dios en Cristo en la tierra, para hablar así, durante el milenio. La puesta a un lado de Israel y la remoción del trono de Dios desde Jerusalén es un paréntesis  en el desarrollo de los tratos de Dios en gobierno en la tierra. De momento, esta interrupción es parte de los tratos de Dios con el hombre para Su propia gloria.


        Este periodo, los tiempos de los Gentiles, ha sido llamado un "paréntesis" porque es un periodo de tiempo durante el cual el "reino de Dios" en Israel es interrumpido. La administración del gobierno real en la tierra, de acuerdo a la elección de Dios, que comenzó con David, el gran tipo de Cristo, Saúl representa  al hombre conforme a la carne. El reino de Saúl fue provisional. Lo que quiere decir esto es que,  fue algo provisto por Dios, en respuesta a la petición del pueblo por un rey, de manera a manifestar el estado del pueblo. Dios escogió a Sión y a David (Salmo 78: 65-72). El trono de David (a.C.1011) y Salomón (a.C.971) fue llamado el trono de Jehová (1 Cron.29: 23). Este fue el asiento del poder real en la tierra. David y Salomón juntos son un tipo del Señor Jesús como viniendo desde el cielo (Apoc.19) para conducir la guerra del gran día del Dios Todopoderoso (Apoc. 16:14) y entonces reinar como Príncipe de paz.


        Pero Salomón, quien se sentó sobre el trono de Jehová (1Cron.29: 23) fue infiel (1 Reyes 11). Así Dios castigó a la nación a través de la división del reino bajo Jeroboam (a.C. 931) y el reino fue dividido en dos (1 Reyes 12). Pero, el trono de Jehová aún permanecía en Judá. Después de un tiempo las diez tribus del norte (a menudo llamadas "la casa de Israel" y a veces Efraín son llevadas cautivas por el Asirio (722 a.C.). Y finalmente la rebelde Judá cautiva por Nabucodonosor (604-605 a.C.). Una cautividad de 70 años de Judá comenzó entonces (Jer.25: 1-14 y  29: 10), un año por cada sábado no guardado por 490 años (2 Cron.36: 21). Al fin de este periodo, no se restauró el reino a la casa de David en Jerusalén.


        La captura de Jerusalén por Nabucodonosor fue usada por Dios para poner fin al gobierno real en la tierra a través de Israel por más que setenta años. La remoción de este gobierno es reflejado en las Escrituras en varias formas:


  • 1. Tenga en cuenta que en el libro de Daniel Dios es designado como "el Dios de los cielos" tenga en cuenta también la declaración, "los cielos gobiernan" (Daniel 4:26)
  • 2. En una visión, Ezequiel vio que la Shekinah se marchaba (Ezeq.10:18 y 11:22). Pero vendrá el tiempo cuando esta retornará (Ezeq.43:1-7 y 44:1). Durante el intervalo de su ausencia, los cielos gobiernan más que Dios ejerciendo el gobierno en la tierra en Israel.
  • 3. Dios pronunció sobre Israel Lo-Ammi, "no mi pueblo" (Oseas 1:9). Ellos no son exteriormente reconocidos como su pueblo desde entonces hasta el día cuando sean llamados Ammi (mi pueblo) (Oseas 2:1).
  • 4. Nabucodonosor tuvo un sueño (Daniel 2) en el cual una imagen describe a los cuatro imperios Gentiles. Esta imagen describe el gobierno Gentil desde Nabucodonosor hasta que la piedra cortada sin manos cae sobre los pies de la imagen y la despedaza. Cristo es esta piedra y cuando El venga desde el cielo (Apoc.19) para conducir la guerra del gran día del Dios Todopoderoso (Apoc. 16:14), El pondrá fin al imperio Gentil y reinará ante sus ancianos en gloria (Isaías 24:23).
  • 5. Daniel tuvo un sueño (Daniel 7) en donde estos cuatro imperios son descritos en su carácter de bestias.
  • 6. Nuestro Señor llamó a este periodo el tiempo de los Gentiles (naciones; Lucas 21:24).

Estas condiciones existen durante el tiempo designado por "el paréntesis Gentil de juicio". Este es un tiempo de poder Gentil traído como un castigo, un juicio, sobre Israel, pero este terminará cuando Dios establezca a Su Rey sobre Su santa montaña (Salmo 2). Esto pondrá fin al periodo cuando Dios no está directamente  ejerciendo el gobierno en la tierra a través de Israel.


FRACASO MANIFESTADO POR LA VENIDA DE CRISTO

 

El fracaso de la realeza en Israel guió a este paréntesis gentil descrito por la imagen en Daniel 2. Detrás de este fracaso estaba el propósito de Dios de tener al pueblo de Israel representativamente en la tierra (aunque bajo el dominio Gentil) cuando Cristo vino la primera vez, de manera a que Cristo pudiese ser universalmente rechazado por Judíos y Gentiles. De este modo, al final de la cautividad de setenta años, un remanente volvió a la tierra (Esdras). Aunque no exteriormente reconocido como antes, cuando el trono estuvo en Jerusalén, Dios continuó obrando con este pueblo (vea Esdras, Nehemías, Hageo, Zacarías, y Malaquías) en vista a la gran prueba que debía ser efectuada en conexión con el Hijo venido en carne, en santa humanidad. Esta prueba, debía manifestar el estado del pueblo y del poder Gentil, y declarar el estado del primer hombre (1 Cor. 15:47). El rechazo y crucifixión de Cristo guió a la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. (Mateo 22:7 y Daniel 9:26). Entretanto, hay ahora "un remanente (de Judíos) de acuerdo a la elección de gracia" Rom.11:5. Estos son parte del cuerpo de Cristo, viéndolos en una relación, son también llamados "el Israel de Dios" cuando son distinguidos de los creyentes Gentiles (Gál.6:16). Estos son los "verdaderos Judíos" de Rom. 2:28, 29. Notará que en este pasaje Pablo se está dirigiendo a  los judíos. Vea vers.17.


        Todo esto se será realizado para la gloria de Dios en el segundo Hombre.  A pesar del fracaso de la realeza; porque Cristo reinará, perfectamente, durante el milenio, y entregará el reino a Dios (1 Cor.15:24). A todos los otros les han tenido que quitar el reino. Él, el Hijo y Siervo, glorificará a Dios en  el gobierno de la tierra, perfectamente, y después entregará el reino a Dios. ¡Qué sorprendente Persona es El!


        Así el  paréntesis terrenal Gentil de juicio sobre Israel, que es a la vez el "tiempo de los Gentiles", comenzó con la toma de Jerusalén  por Nabucodonosor y terminará con la libertad de Jerusalén cuando nuestro amado, Señor Jesús, venga para establecer el gobierno directo de Dios en la tierra en Israel. La piedra que viene desde el cielo y desmenuza la imagen llenará la tierra. Entonces el conocimiento de Jehová cubrirá la tierra como las aguas cubren el mar (Isaías 11:9).


"Cuando Cristo quien es vuestra vida sea manifestado, entonces ustedes  también serán manifestados con El en gloria" (Col. 3:4).

 

 

 

 

 

 

 

II. EL PARÉNTESIS CELESTIAL

 

 

LA DESIGNACIÓN "PARÉNTESIS CELESTIAL"

 

Quienes sostienen la verdad dispensacional son a menudo acusados de enseñar que Dios tiene dos propósitos. Quizás algunos han dicho esto, pero el hecho es que Dios tiene un sólo propósito: glorificarse El mismo en Cristo. Pero el despliegue  de Su gloria en Cristo envuelve dos esferas: la terrenal y la celestial. Israel está especialmente conectado con la manifestación de la gloria de Dios en Cristo en "la tierra", mientras el cuerpo de Cristo lo es en "los cielos". El Salmo 8 habla del Hijo del Hombre teniendo dominio en la esfera terrenal. De este modo este no es un misterio del Nuevo Testamento. Pero Efesios 1:10 nos dice que Cristo encabezará todas las cosas, las que están en la tierra y en los cielos. Que Cristo encabezaría la esfera celestial no fue revelado en el Antiguo Testamento.


        El llamamiento de los santos ahora no es parte del desarrollo de los tratos de Dios en gobierno en la tierra, Israel fue, y estará conectado con ese gobierno de una manera especial. El cuerpo de Cristo no ha reemplazado a Israel, tampoco es este (el continuador espiritual de Israel. El cuerpo de Cristo no es un pueblo terrenal como lo fue Israel, y como lo será, sino más bien un pueblo celestial, sentado en lugares celestiales, en Cristo Jesús (Efesios 2:6), con una esperanza celestial (Juan 14:1 y  Fil.3:20, 21).


        El Señor fue un "ministro de la circuncisión por la verdad de Dios, para confirmar la promesas de los padres; y para que las naciones glorifiquen a Dios por Su misericordia..." (Rom.15:9). Así Israel y las naciones serán bendecidos. Note bien, aunque, ese Israel _la nación como tal _será bendecida.  Porque la Escritura claramente expresa esto, y lo hace después de que Cristo ha sido exaltado, que los pactos pertenecen a Israel. ¡Los parientes de Pablo de acuerdo a la carne! (Rom.9:4, 5). Aún así, aunque justamente contrario a la clara Palabra de Dios, los anti- dispensacionalistas afirman que el nuevo pacto es para la Iglesia.  La muerte de Cristo específicamente provee para el futuro de Israel como una nación salvada (Juan 11:51, 52). Los rebeldes habiendo sido cortados (Ezeq.20), todo Israel será salvo (Rom.11: 26).


        Y así, bajo el Mesías el milenio será un gran paso y avance en relación a los tratos de Dios  en la tierra. Concerniente a la salvación, Israel estará bajo el nuevo pacto, con el conocimiento del perdón de sus pecados (Jer.31:31-34 y Heb.8:10-13). Concerniente al gobierno, Aquel cuya preciosa sangre es la base de Su bendición bajo el nuevo pacto, reinará. Dios será glorificado en Él, en Su directo gobierno en la tierra en Israel. Cristo reinará ante sus ancianos en gloria (Isaías 24:23) y de este modo Israel será cabeza de las naciones y no cola (Deut.28:13, 44).


        Visto, entonces, desde el punto de vista  del desarrollo de los tratos de Dios en gobierno en la tierra  y del conocimiento de la salvación de Israel (Heb.8:10-13) cuando todo Israel sea salvo (Rom.11:26), y estar ante Dios en una adopción nacional (Rom.9:4), cuando el conocimiento del Señor cubra la tierra, como las aguas el mar (Isaías 11:9), cuando sólo el Señor será exaltado (Isaías 2:11), etc., etc., el reino milenial de Cristo es un inmenso avance, un gran paso hacia arriba, comparado a las posiciones de Israel y los Gentiles en los tiempos del Antiguo Testamento. Esto es fácilmente comprendido por quienes no se entregan a la alquimia espiritual que se hace de los profetas. Deje fuera el paréntesis celestial y el inmenso paso hacia arriba en la tierra se hacen completamente claro.


        Amileanistas (los que no creen en el milenio) piensan de este lo que es comprendido por los  pre-milenialistas como un retroceso, un paso hacia judaizar _ porque, esto es menor que los privilegios cristianos (que ellos propiamente no comprenden tampoco). Pero este argumento está basado sobre el rechazo de la verdad que el cuerpo de Cristo está conectado con un paréntesis celestial en el desarrollo de los tratos de Dios en gobierno en la esfera terrenal. Estos piensan de la Iglesia como el "Israel espiritual" de manera que no hay nada después de la Iglesia. Pero este concepto de la Iglesia como un nuevo Israel es lo que judaíza _ no la verdad dispensacional.


        Ahora llegamos a la materia de designar el tiempo durante el cual la compañía celestial está siendo formada. ¿Cómo designaremos a este periodo presente? Necesitamos hablar de esto de alguna manera; así como hablamos justamente de la Trinidad aunque la palabra no se encuentra en las Escrituras, aún así esta expresa la verdad.


 

Kelly muy bien llamó a esto "un paréntesis celestial". Esta designación  contrasta  esto con el más amplio paréntesis Gentil de juicio sobre Israel (los tiempos de los Gentiles) que tratan con la tierra y con Israel, él también llamó a este "el paréntesis Gentil de misericordia" y "paréntesis de la Iglesia", yo sugiero que el mejor es "el paréntesis celestial". Durante el milenio la misericordia  se mostrará también  a los Gentiles, de manera que "paréntesis celestial" distingue más claramente esto; además, "paréntesis de la Iglesia" no dice directamente que la Iglesia es celestial. Como sea, la descripción "paréntesis celestial" contrasta bien las esperanzas terrenales  de la nación de Israel, y denota que hay una especial, un pueblo celestial siendo ahora formado durante un nuevo desarrollo de los tratos de Dios _ para Su gloria en Cristo en lugares celestiales. Este es un paréntesis celestial porque los santos previamente a Pentecostés y posteriormente al  rapto pretribulacional no tendrán el lugar especial de estar sentados en lugares celestiales, en Cristo Jesús.


Hemos notado previamente que el periodo desde 605-604 a.C., cuando Nabucodonosor tomó Jerusalén hasta el tiempo de la aparición de Cristo para golpear a los Gentiles es el periodo que nuestro Señor llamó "los tiempos de los Gentiles" (Lucas 21:24). Este es descrito por la imagen en el sueño de Nabucodonosor  (Daniel 2). Este fue llamado el paréntesis Gentil de juicio sobre Israel porque este periodo interrumpe el reino de Dios en Israel. Notamos que después de 605-604 a.C., Dios continuó trabajando en Israel, aunque ellos no eran reconocidos  exteriormente como Su pueblo (habiendo sido declarado Lo-Ammi _ Oseas 1:9), hasta que esta obra cesó en conexión con el rechazo de Cristo. Esto trajo otro paréntesis, el celestial, desde Pentecostés hasta el rapto. Después de este rapto, Dios comenzará a tratar otra vez con Israel, aunque ellos no sean todavía reconocidos exteriormente, el paréntesis ha interrumpido estos tratos de Dios con Israel. De este modo hay un paréntesis dentro de otro paréntesis; un paréntesis  celestial dentro de un o más amplio paréntesis terrenal.


        El paréntesis celestial no es el sujeto de las profecías del Antiguo Testamento. Las profecías del Antiguo Testamento acerca de la bendición Gentil encontrarán su cumplimiento en el milenio, los 1.000 años del reinado de Cristo. Excepto por las citaciones concernientes al nacimiento, vida, muerte, resurrección, exaltación a la diestra de Jehová, de Cristo (Salmo 110:1), los textos citados de los profetas del Nuevo Testamento son mileniales en su cumplimiento, pero son usados por los escritores del Nuevo Testamento como un principio o parcial aplicación concerniente a los tratos de Dios.



LAS PROFECÍAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

DAN LUGAR PARA EL PARÉNTESIS CELESTIAL

 

Salmo 110:1.  Aquí vemos que Jehová dijo a Adonai  (nuestro bendito Señor Jesús) que Él se sentara a Su diestra hasta que haga a sus enemigos estrado de sus pies.   Esto da lugar para que el paréntesis celestial ocurra. Durante este celestial paréntesis Adonai (Mateo 22:41-46)  no está sentado sobre Su propio trono, sino a la diestra de Jehová, como nos lo dice el Salmo 110:1. Apoc.3:21 declara: "al que venciere, le daré que se siente en mi trono, como Yo he vencido y me he sentado en el trono de mi Padre". El Señor Jesús no está todavía sobre su propio trono _ aunque aquellos que se oponen a la verdad dispensacional buscan convencernos de lo contrario. Pero viene el tiempo en el cual Él se sentará sobre este (una figura que nos habla de su reino). "Pero cuando el Hijo del hombre venga (o haya venido) en Su gloria, y todos sus ángeles con él, entonces se sentará en Su trono de gloria" (Mat.25:31). Si hubiese una Escritura que declarara que Cristo está sentado sobre Su propio trono de gloria ahora, ya se habría hace largo rato presentado. Las Escrituras son claras: Él no está sobre Su propio trono ahora.  Entretanto nosotros somos parte del paréntesis celestial _ esperando por, y con Él


Isaías 61:1-2 y Lucas 4:16-20. Isaías 61:2 dice: "Para proclamar el año aceptable del Señor, y el día de venganza de nuestro Dios", nuestro bendito Señor  leyó de este pasaje y la segunda parte de este no lo leyó. No era el tiempo para Él  proclamar entonces "el día de venganza de nuestro Dios" (Lucas 4:19).  Pero lo hará en su debido tiempo cuando venga de la diestra de Jehová (Salmo 110:1) para conducir "la guerra del gran día del Dios Todopoderoso" (Apoc.16:14). Entre estas dos proclamaciones hay lugar para el paréntesis celestial.


Daniel 7.  Las cuatro bestias  de Daniel 7 son paralelas a las cuatro secciones del sueño de Nabucodonosor como se encuentra en Daniel 2. En su sueño, Daniel dijo: "he aquí tronos fueron  establecidos, y el Anciano de días se sentó" Cristo no se está sentando sobre Su trono ahora (Apoc.3:21). El tiempo visto en la visión  no ha llegado todavía .Pero hay lugar dejado para el paréntesis celestial. Después del cierre de este paréntesis estos tronos serán establecidos.

 

Daniel 8:22, 23.  Justo hemos visto que "en el tiempo del fin" (Daniel 11:40)  el rey (el Anticristo) será atacado por Egipto e invadido por el rey del norte (Asiria).  Daniel 8 nos muestra a un macho cabrío (Grecia) con un gran cuerno (Alejandro el grande) súbitamente quebrado y cuatro cuernos, representando los cuatro reinos (v. 22) reemplazando al cuerno. El imperio de Alejandro fue repartido entre sus cuatro generales. Uno de ellos obtuvo Egipto que es el rey del Sur. Otro a Asiria y es el rey del Norte. Las cuentas geográficas toman como referencia la localización de Israel. Hay un inmenso vacío de tiempo entre los versículos 22 y 23, la profecía habla del "último tiempo de su reino, cuando el transgresor  habrá llegado al colmo, cuando un rey... se levantará quien será quebrantado por el Príncipe de los príncipes. Este no es el Anticristo. Es el último rey del Norte. Por esto mismo, hay un vacío de tiempo entre los versículos 22 y 23 que deja lugar para el paréntesis celestial.


DANIEL 9:24-27. Esta Escritura ha sido considerada en detalle en Las Setenta Semanas de Daniel  y la resurrección del imperio Romano por R. Huebner. Esta es una señal clara de las Escrituras, para hablar así, que, propiamente comprendida, señala al lector a una comprensión premilenial de la profecía, que habrá un reino terrenal, precedido por la venida del Rey. En pocas palabras, 69 semanas de años (483 años) han pasado desde el decreto para restaurar y edificar Jerusalén (las murallas debían ser edificadas), dada en Nehemías 2, hasta el día en el cual el Rey entró sobre un asna en Jerusalén (Mateo 21:5). La última semana (siete años) es todavía futura y precederá el segundo advenimiento del Señor. El paréntesis celestial ocurre durante este intervalo entre las primeras 69 semanas y la última.


DANIEL 11:35-45.  Daniel 11:1-35 habla de las cosas históricamente cumplidas.  No así Daniel 11:36-45. El rey de Daniel 11:36 es uno contra quien el rey del Sur (Egipto) presionará (v.40), y contra el rey del Norte (Asiria) vendrá como un torbellino. Este rey obstinado, cuyo territorio está  entre Egipto y Siria, es el falso rey de Israel. El Señor ha advertido que otro vendría en su propio nombre y sería recibido. Este rey es el pastor insensato (Zac.11:15), el Inicuo (2 Tes.2:8), el Anticristo final (1 Juan 2:18). Entre Daniel 11:35 y 36 hay lugar para el paréntesis celestial.


OSEAS 3: 4-5. "Porque los hijos de Israel estarán muchos días sin rey, y sin príncipe, y sin sacrificio, y sin estatua y efod, ni serafín. Después los hijos de Israel volverán, y buscarán a Jehová su Dios, y a David su rey; y volverán con temor de Jehová y hacia su bondad, al fin de los días". Ciertamente parece claro que Israel ha estado en esta condición por un largo tiempo. Nada se dice aquí de formar el un cuerpo, formado por el Espíritu Santo y unido a un Cabeza glorificada  en el cielo. Pero es claro que lugar es dejado para el paréntesis terrenal.


OSEAS 5:15. "Yo me iré y retornaré a mi lugar, hasta que ellos reconozcan su transgresión, y busquen mi rostro: en su aflicción  me buscarán tempranamente". Jehová viene, vino en santa humanidad. Jehová-Jesús vino para salvar a su pueblo de sus pecados (Mat.1:21), seguramente vendrá el día cuando por la obra soberana  Él quitará la impiedad de Jacob, y así todo Israel será salvo (Rom. 11:26). Mientras tanto el Hijo del Hombre ha ascendido adonde estaba antes (Jn. 6:62), hasta que el pueblo reconozca su más grande iniquidad y busque Su rostro, ese rostro  el cual la criatura se atrevió a escupir. Este es el único rostro sin pecado que este mundo caído ha jamás visto. Ellos se atrevieron a arrancar el pelo de su rostro. Pero vendrá el día cuando ellos conocerán que "sus mejillas son como  una era de especies aromáticas" (Cantares 5:13) "miraran al que traspasaron" (Zac.12:10-14). Es Dios que actuará soberanamente (Ezeq.20:37, 38) para producir arrepentimiento conveniente a Su propia gloria y tratos morales para bendecirlos bajo el nuevo pacto. Mientras tanto, hay lugar para el paréntesis celestial.


AMOS 9:9-11 Y  HECHOS 15: 13-18.  Amileanistas y Post- Mileanistas  enseñan que el "tabernáculo de David" ha sido establecido ahora  y que Cristo está sobre su trono ahora. Pero la restauración del tabernáculo de David se realizará en el milenio. En Hechos 15, Jacobo citó el pasaje contra los argumentos Judíos; para mostrar que Dios se había propuesto bendecir a las naciones. Y ciertamente, Él hará así de acuerdo a muchas profecías. Pero Jacobo vio que esta profecía tuvo un alcance entre tanto sobre los prejuicios Judíos contra la bendición de los Gentiles.  Lo que estaba ocurriendo en el día de Jacobo no era inconsistente con el propósito de Dios, que incluyó la bendición de los Gentiles. El citó el pasaje de manera a mostrar esto. No lo citó como si esto hubiese sido cumplido, o estaba cumpliéndose, en su día. Note que este es un carácter general de muchas citaciones de los profetas en los Hechos y en las Epístolas. Esto tendrá su cumplimiento en el milenio, pero tiene cierto alcance  por ahora. Antes de la restauración del tabernáculo de David  hay lugar para el paréntesis celestial.


ZACARÍAS 11:12-17.  Las 30 piezas de plata muestran el precio que sería pagado por el verdadero Pastor de Israel, Quien fue muerto por la nación _a través de la instrumentalidad del poder Gentil. Pero Dios les dará otro, "un pastor necio" en Inicuo que hará su propia voluntad. Este pastor necio o insensato es el Anticristo final de la profecía. Entre el asesinato del verdadero Pastor de Israel y la manifestación del "pastor insensato" se deja lugar por tanto para el paréntesis celestial.


OTRAS ESCRITURAS. El lector también encontrará, si está dispuesto a buscar, un vacío e intervalo en Luc.17:21, 22. También lo hallará en Mat.24 y Luc.21. Aún las fiestas de Jehová (Lev.23) dejando lugar para el paréntesis celestial. Las primeras cuatro fiestas han sido cumplidas pero las últimas tres lo serán en el futuro. Las primeras cuatro fiestas se cumplieron en el primer y segundo mes del año y las últimas tres en el séptimo mes. El séptimo mes es una sombra de la suma de los tratos de Dios. El periodo entre Pentecostés y el cumplimiento de los tratos de Dios deja lugar para el paréntesis celestial.





                                                                                      
                                                                        ROY HUEBNER


¿cual es esta edad presente?

por varyvar
sábado, 13 de febrero del 2010 a las 15:24
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Escrito por Roy Huebner   
 

"ESTA  EDAD"

Y EL PARÉNTESIS CELESTIAL

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Los profetas del Antiguo Testamento profetizaron un reino terrenal bajo el Mesías y esa es la forma del reino que un Judío tenía justamente que esperar. De este modo, los judíos y el remanente esperaban un reino literal como los profetas del Antiguo Testamento han profetizado. Además, nuestro Señor validó esa espera.  Este reino fue presentado en la Persona del humilde y manso Rey a quien el remanente recibió pero no la multitud del pueblo. Dios ofreció el reino en la forma  de una prueba moral del pueblo, conociendo, de momento, la depravación del corazón humano y que su Hijo sería rechazado. El reino temporal es por tanto pospuesto, de acuerdo con el propósito de Dios de glorificarse a Si mismo en Cristo. Mientras tanto, durante el paréntesis Gentil de juicio sobre Israel, mientras ellos son Lo-Ammi, Dios está haciendo otra obra; es decir, formando una compañía celestial bendecida con bendiciones espirituales en lugares celestiales en Cristo _durante un periodo al que llamamos "el paréntesis celestial".






"ESTA EDAD" NO ES EL PARÉNTESIS CELESTIAL

 

Consideremos ahora las tres expresiones encontradas en las Escrituras referente a "esta edad".


  • 1. Esta edad: Mt.12:32; 1 Cor.2:8; 2 Cor.4:4; Gál.1:4; Efes.1:21; 1 Tim.6:17; 2 Tim.4:10.
  • 2. El fin de la edad: Mat.13:39, 40, 49; 24:3; 28:20.
  • 3. La edad ha venir o siglo venidero: Mat.12:32; Mar.10:30; Luc.18:30; Efes.1:12; Heb.6.

 

Previamente hemos considerado el paréntesis Gentil de juicio sobre Israel (los tiempos de los Gentiles). Nuestro Señor vivió aquí durante ese paréntesis y habló de "esta edad (o siglo)". Esta fue la edad Mosaica que precedía la introducción de este reino terrenal. Note, entonces, que el paréntesis Gentil de juicio Israel no cambió la edad.


        Pero más, la introducción del paréntesis celestial tampoco la cambió.  Varias epístolas se refieren a "esta edad" después de la introducción del paréntesis celestial. Observe, entonces, que "esta edad" está todavía en progreso. Está llegará a su fin, cuando la "edad ha venir" o "siglo venidero" (el milenio) _ la dispensación, o administración de la plenitud de los tiempos (Efes.1:10), hay un breve periodo que antecede a la introducción de esa administración, que pone fin a "esta edad". Esta es llamada "el fin de la edad". Usted verá de esto lo adecuado que es designar a la obra que Dios está haciendo al formar una compañía celestial como "un paréntesis celestial".  Esta obra no altera el hecho que "esta edad", que  trata con la tierra, y que existió  antes que viniese el Señor, estaba en progreso cuando Él estaba aquí, está también ahora en progreso, y que terminará después del rapto; y cuando esta edad haya terminado, el paréntesis de juicio sobre Israel terminará, se cerrará a la aparición de Cristo en gloria, cuando la piedra no cortada con manos desmenuzará la imagen (Daniel 2). Pero si esto es verdadero, y lo es, ¿Qué acerca del cambio introducido por Juan el Bautista?



EL ANUNCIO POR JUAN EL BAUTISTA

 

"En verdad, en verdad os digo, que no se ha levantado entre los nacidos de mujer uno más grande que Juan el Bautista. Pero el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.  Pero desde los días de Juan Bautista hasta ahora, el reino de los cielos es tomado por violencia, y los violentos lo toman. Porque todos los profetas y la ley han profetizado hasta Juan". (Mat.11: 11-13).


"La ley y los profetas son hasta Juan: desde ese tiempo las buenas noticias del reino de Dios son anunciadas, y todos se esfuerzan por entrar en él" (Luc.16:16).


Estos textos no significan que la profecía no tiene su lugar después de que Juan predicó. Hay, por ejemplo, profecías de la muerte y resurrección de Cristo que fueron cumplidas después de la muerte de Juan. Y este es el caso con la ley. Hay tipos en la ley que Cristo cumplió en su muerte. "Porque todos los profetas y la ley" indican todo lo que nosotros entendemos por el Antiguo Testamento. Pienso que estos señalaron hacia el reino, como lo anunció Juan. De esta forma los pasajes no significan que el fin de la ley y los profetas llegó cuando apareció Juan predicando. Este fue un periodo de transición. El reino no había todavía comenzado  (de otra manera Juan no habría sido comparado con el más pequeño de este).


        En Mateo, el rechazo de Cristo es especialmente marcado en el cap. 12 cuando los líderes religiosos dijeron que Él obraba por medio del príncipe de los demonios _cometiendo de este modo el pecado contra el Espíritu Santo, Quien era el verdadero poder que obraba en Él. En Mateo 13, la forma parabólica de su enseñanza acerca del reino comenzó indicando que el reino en poder y gloria debía ser pospuesto y una forma misteriosa del reino debía ahora de ser introducida.  Esto fue posterior al pecado contra el Espíritu Santo registrado en Mateo 12. El reino por tanto tomaría una forma misteriosa (Mateo 13:11), una forma que no fue vista por los profetas y la ley.


        La predicación del reino hasta este punto del rechazo de Cristo, implícito en este pecado contra el Espíritu Santo, no fue acerca de la forma misteriosa, sino acerca del reino en poder.  Esto incluye Mat.11:11-13, "un pequeño en el reino de los cielos" se refiere a uno en el reino en poder, lo que llamamos el reino milenial de Cristo. Como JND destacó:


        "La introducción en testimonio, del reino, hizo la diferencia entre lo que precedía y aquello que debía proseguir. Entre todos los que son nacidos de mujer no ha habido ninguno más grande que Juan el Bautista, ninguno ha estado más cerca a Jehová, enviado ante Su rostro, ninguno que le ha dado más exacto y completo testimonio, quien ha sido más separado de todo mal por el poder del Espíritu de Dios _una separación propia para el cumplimiento de esta misión entre el pueblo de Dios. Aún así él no ha estado en el reino: este no era todavía establecido; y  estar en la presencia de Cristo en Su reino, gozando el resultado del establecimiento de Su gloria, fue una cosa más grande que todo el testimonio a la venida del reino".


El estado moral conveniente a este reino (Mat.5-7) estaba completamente en desacuerdo al estado del pueblo generalmente y en especial respecto a los líderes (con unas pocas excepciones). Los "violentos" son quienes pasan a través de todo lo que espiritualmente se oponía a la entrada del reino. Esto no se refiere a un carácter físico, sino a quienes a costo personal podrían coger ese reino, con sus bendiciones bajo el reino del Mesías ante sus ancianos en gloria.


        Pero volvamos; mi punto es que el anuncio de Juan de la venida del reino no puso fin a la ley y los profetas (Mat.5:17). Todavía queda cumplir el reino en poder.  Juan lo ha anunciado como "acercado", como lo hizo nuestro Señor. Pero el reino en poder es pospuesto, pero no porque Dios sabía que Cristo sería rechazado.


        Dios presentó el reino en la Persona del humilde y manso Señor Jesús, Uno a quien ciertamente el hombre depravado rechazaría. A través de este rechazo, y posterior a Su exaltación a la diestra del Padre en la gloria, Él ha tomado la posición de Cabeza del cuerpo formado en Pentecostés por el Espíritu enviado sobre aquellos que le han recibido (Hechos 2:32, 33; 1 Cor.12:13). Esta unidad de los santos con su Cabeza en los cielos es el gran misterio de Cristo y la Iglesia, que no fue visto por los profetas (Rom.16:25; Col.1:26; Efes.3:9). El reino que fue señalado por los profetas y la ley será establecido por la piedra no cortada con manos de Daniel 2 después de la obra actual de formar un pueblo celestial.


        Concerniente a la ley, no leemos que esta haya muerto. Pero el cristiano está muerto con Cristo (Rom.6:8). La ley no se aplica a un hombre muerto (Rom. 6:7) pero, "pero sabemos que la ley es buena si uno la usa legítimamente, sabiendo esto, que la ley no tiene su aplicación  al justo..." (1 Tim.1:9).


        Aún así, la ley no parece estar en vigor desde que el dador de la ley, Jehová, ha venido hasta aquí en santa humanidad, y fue crucificado. Las Escrituras muestran  que el cristiano no está bajo la ley de Moisés como la regla de vida, un sujeto sobre el cual añadiremos unos pocos comentarios. El sistema que pone al cristiano bajo la ley, o los diez mandamientos como la regla de vida encuentra necesario  transformar el día sábado en el día del Señor, ya que de otra forma, ¿Cómo tendrían diez?.


        Gálatas, a pesar de toda la contradicción, se opone a colocar al cristiano bajo la ley para ningún propósito; y habla, no de cumplir la ley de Moisés, sino "la ley de Cristo" (Gál.6:2). La ley de Cristo no es la ley de Moisés. La ley de Cristo es la regla de la nueva creación.


        "Porque (en Cristo Jesús) no hay circuncisión ni incircuncisión; sino una nueva creación.  Los que anden por esta regla, paz sobre ellos y misericordia, y sobre el Israel de Dios" (Gál.6:15, 16).


Aquí, creyentes Gentiles e Israelitas (el Israel de Dios) son dirigidos a la ley de Cristo, es decir, la regla, norma, estándar, de la nueva creación de la cual Cristo en resurrección es la Cabeza. El pensamiento de aquellos que se apoyan en la ley parecen no comprender esto y nos llaman antinomianistas (sin, o contra, u opuestos a la ley). La regla de la nueva creación es para quienes están en este mundo para dar expresión de la voluntad del Cabeza de la nueva creación, de Cristo. Esta regla de la nueva creación es la ley de Cristo. La ley de Moisés fue dirigida a quienes estaban en su responsabilidad como hijos de Adán. Pero nuestra posición es en Cristo.



NUEVAS CARACTERISTICAS DE ESTA EDAD


        Durante "esta edad" el Señor Jesús fue rechazado. Su crucifixión marcó el fin de la prueba del primer hombre (el hombre perdido, como siendo responsable al estar en Adán). Desde este rechazo, Satanás es llamado el dios de esta edad (siglo) (2 Cor.4:4). El verdadero Dios ha sido rechazado. Y "esta edad" es ahora para el cristiano "este presente siglo malo" (2 Tim.4:10) que bueno es para nosotros "amar su aparición" 2 Tim.4:8 que desplegará los derechos y gloria de Cristo en "la edad ha venir", el milenio.



¿QUÉ ES LA DISPENSACIÓN PRESENTE?

 

        En muchos lugares J.N.Darby (y otros) hablaron del periodo presente como una dispensación, hablando convencionalmente. A pesar de ello, considere lo siguiente:


        "La iglesia no es, propiamente llamada, una dispensación. Es mas  el reunir juntos a los coherederos y en unidad, mientras el reino está en misterio. Cuando la ley termine como una dispensación, el reino no será todavía establecido en poder, todo está en transición. Aquí los santos son vistos como estando arriba, y el trono de Dios en relación con la tierra.


        La iglesia, propiamente hablando, el cuerpo de Cristo, no es una dispensación, ella no pertenece a la tierra; pero hay un orden de cosas conectado con esta durante su permanencia  aquí abajo _un orden de cosas cuya existencia está enlazado con la responsabilidad de la Iglesia".


Tenga en cuenta que en ambos casos el usó la palabra "propiamente". Y nosotros estamos buscando en este punto ser más exactos de manera a aumentar nuestra comprensión, no solamente del esquema que considera una dispensación, como "un periodo de tiempo durante el cual..." dejando a la vez  fuera el sujeto esencial  del desarrollo de los tratos de Dios en gobierno en la tierra, no comprendiendo el fin de la prueba del primer hombre, y el verdadero significado del paréntesis celestial, y de otras verdades relacionadas con esto. ¿Por qué hablar del hombre como estando ahora  probado con respecto a la "gracia", ya que el hombre ya no está más bajo prueba desde la cruz? Esto es a causa de erróneas nociones acerca del carácter de las dispensaciones acompañado por defectuosas vistas en relación  al fin de la prueba del primer hombre (quien no tiene más una posición ante Dios) y concernientes a las consecuencias de este gran cambio.


        Las dispensaciones tienen que ver con la tierra, y por eso no con la compañía celestial.


        "Realmente esta no es una dispensación". Los Judíos tuvieron "este mundo" y "el mundo ha venir", "esta edad" y la "edad ha venir". El Mesías debía traer  la "edad venidera". La edad de la ley vino, como también el Mesías, pero ellos le rechazaron, y todo se detuvo: entonces aparece la Iglesia entre esto y Su segunda venida: y es por lo que no es estrictamente una dispensación, pero cuando el Mesías venga otra vez, será el último día de esta edad.


        "Los tiempos de los Gentiles en Daniel, y el paréntesis de la Iglesia, no son contemporáneos; porque los tiempos de los Gentiles comenzaron en Babilonia, siendo el tiempo de las cuatro bestias en Daniel. Los tiempos de los Gentiles no terminarán al mismo tiempo con la Iglesia, sino que continuarán un poco después que la Iglesia haya sido tomada al cielo. El templo de Jehová sobre la tierra fue puesto a un lado cuando el pueblo fue transportado a Babilonia, y nunca más recuperaron el arca, pero un remanente de ellos fue libertado para presentarles al Mesías".


        "Conozco lo que algunas personas entienden por "la dispensación del reino de los cielos" pero nosotros pertenecemos a una cosa celestial en un intervalo, y no hay dispensaciones en el cielo. El reino de los cielos es una dispensación[1]. La dispensación del evangelio es una "administración".


El hecho que "esta edad" está todavía en vigor no afecta la forma en la que pensemos de este periodo en el cual nos hallamos.


        "Entonces es que este tiempo presente es llamado (no una dispensación, sino) un paréntesis, porque el Señor Jesús habla de "esta edad" cuando Él estaba sobre la tierra, como siendo la misma que se cerrará por juicios al fin; pero este fue un periodo conectado con sus relaciones con los Judíos, y que no terminará hasta que otra vez Él esté presente en Persona; considerando que, en el intervalo, la Iglesia de los primogénitos ha sido reunida para el cielo".


La dispensación de la ley será seguida por la administración de la plenitud de los tiempos (Efes.1:10), el reino milenial de Quien tiene derecho para reinar. Observe que el pacto de la ley será seguido por el nuevo pacto. El nuevo pacto, si creemos las claras declaraciones de las Escrituras, será hecho con las casas de Israel y de Judá (Jer.31:31; Heb.8:7-13), no con la Iglesia. Hay ciertas bendiciones para Israel bajo el nuevo pacto que nosotros ya tenemos. Nosotros ya tenemos al Mediador, la sangre y el perdón de pecados, sobre la base de nuestra unidad con Cristo, no por pacto. De este modo somos ministros del nuevo pacto (2 Cor.3) sin estar bajo este. Estas cosas nos son soberanamente dadas por Dios. La ley demandó; el Nuevo Pacto da, y da gracia. Para contrastar los dos pactos, ¿No podemos decir que la ley y las obras van juntas, como también el nuevo pacto y la gracia?

        Es verdad que Pablo recibió una "administración de la gracia de Dios que me ha sido dad hacia ustedes" (Efes.3:2). A Pablo no le fue dado un periodo durante el cual, el hombre es probado.  Propiamente hablando, no estamos en una dispensación; no en "una gracia dispensacional" Pablo tuvo una administración para administrar. Esto envolvió el misterio, que está más allá de la gracia que Israel experimentará en el milenio. Pero a pesar de eso, gracia caracterizará los tratos de Dios con Israel en el milenio; y un bendecido Israelita será capaz de decir "esta es realmente la dispensación de la gracia" (teniendo una posición más grande que Juan el Bautista).


        Observe otra vez que J.N. Darby destacó: "Para mí el mundo no está bajo ninguna dispensación, pero todo el curso de los tratos de Dios con este (el mundo; con la tierra) han pasado hasta que Él venga en juicio". Las dispensaciones tratan con la tierra, no con un pueblo celestial. La administración personal encomendada a Pablo no contradice esto. Esta fue hacia quienes componen una compañía celestial durante el paréntesis celestial, mientras "esta edad", que comenzó en el tiempo de Moisés, continúa.


        De manera que no ha habido cambio en esta edad; y esta continúa mientras se efectúa la formación por parte de Dios de la compañía celestial. El reino como el reino del Mesías no ha sido inaugurado; sino más bien, en los tratos de Dios, posteriormente al rechazo de Cristo, el reino manifestado ha sido "pospuesto" y la forma misteriosa del reino introducida, durante este periodo es que Dios está formando la compañía celestial, aunque la forma misteriosa del reino sigue desde la ascensión de Cristo hasta Su retorno en gloria (Lucas 19:11-27).




 

                                                  ROY  HUEBNER

Dios tiene sus objetivos que concluir

por varyvar
sábado, 13 de febrero del 2010 a las 15:19
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Escrito por T.B.Baines   
 

 

BREVE RESUMEN DE LOS DESIGNIOS DE DIOS.

 



Hemos visto que  las profecías del  A. Testamento, aunque  a veces  recibiendo una  sorprendente aplicación, no tienen su propio o perfecto cumplimiento, en la iglesia, sino después que la iglesia es tomada; que el intervalo de la iglesia es,  como se ha adecuadamente llamado, "un paréntesis" en los tratos de Dios con la tierra; y que cuando éste haya terminado, y los creyentes, ya sea vivos o muertos,  hayan sido tomados para ir al encuentro del Señor en los aires, el propósito divino respecto a la tierra se reasumirá, y los judíos, que ahora  son "enemigos" concerniente al  evangelio, serán tomados nuevamente, conforme a la elección, como "amados por  causa de los padres,"  y se mostrará que los dones y llamamiento de Dios son irrevocables.  Entonces  las promesas de Dios  de bendición para el mundo tendrán su pleno cumplimiento, no en el primer, sino en el Segundo Hombre; y la Simiente de la mujer  quebrantará la cabeza de la serpiente; la sola, es decir "una" Simiente de Abraham vendrá para bendecir a todas las naciones de la tierra; la simiente múltiple, como la arena del mar , innumerable, heredará su tierra prometida "como una posesión eterna", y ocupará  su lugar señalado como principal de las  naciones, y la Simiente de  David será establecida sobre el trono de su reino para  siempre.

La investigación de este tema nos ha guiado a un amplio  espacio, y aunque en lo posible he  evitado entrar en detalles, ha sido necesario, para la comprensión de los designios de Dios, entrar en algunas cuestiones con considerable plenitud.  Puede ser  útil, por tanto,  detenernos por un momento, y mirar hacia atrás,  reuniendo las  variadas  verdades que las  Escrituras han desplegado ante nuestra vista, y esforzarnos para  condensarlas en un breve  pero comprensivo resumen.

El hombre conforme a la carne ha fallado en cada posición  en la cual Dios lo ha puesto. Él cayó bajo el poder de  Satanás, y ninguna simiente de  la mujer se ha levantado para quebrantar a aquel que  ha traído la ruina. Él ha llenado la tierra  con corrupción y violencia, de manera que Dios se  arrepintió de  haber hecho al hombre, y destruyó  "el mundo de entonces" por medio de un diluvio. Él falló en gobierno, hasta que  finalmente Dios  confundió sus planes de engrandecimiento propio en Babel.  Llamado  fuera como una nación y habiéndosele confiado la ley de  Dios, nuevamente falló tan claramente como antes, traspasando el mandamiento como siempre, en su forma  escrita,  antes de que la ley entrase  en el campamento.  Probado como nación que ejecutaría los juicios de Dios, y probado nuevamente bajo soberanos que  debían ser los dispensadores  de la justicia de Dios, tenemos la misma  seca  historia de  fracaso, rebelión, y ruina una vez  más repetida. La nación se probó tan mala como los paganos por quienes  estaban rodeados., y los descendientes de  David  fueron los  corruptores, en lugar de los justos gobernadores del pueblo.

El primer hombre, por  tanto, se había ahora era probado hasta el extremo en cuanto a su poder para realizar la voluntad de los propósitos gubernamentales de Dios.  Después en la línea prometida, la simiente de  Abraham y David, había fallado tan desastrosamente como en todos los otros. Se  ha demostrado entonces que el hombre  en la carne, ya sea en la línea de la promesa o fuera de esta, no podía cumplir los designios de Dios de bendición para la tierra. Él, por  tanto, ha sido puesto a un lado, y el esquema del gobierno terrenal ha sido pospuesto hasta que el Segundo Hombre, Aquel que reúne en Su propia persona todas las promesas, y quien solo es  digno y capaz de  administrar el justo gobierno de Dios sobre la tierra, sea introducido. Primero,  la nación escogida fue dividida; después la porción mayor, diez de  doce tribus,  fueron llevadas   en cautividad, de la cual jamás volvieron; y finalmente,  las dos tribus restantes, con el linaje real de David, fueron llevados prisioneros a Babilonia.

En lo que concierne al gobierno  terrenal, los  judíos  eran dejados a un lado hasta que el Segundo  Hombre fuese  introducido. Con este largo abandono de los judíos comenzaron "los tiempos de los gentiles," es decir, el periodo durante el cual el  cetro del dominio  terrenal es confiado a los gentiles, en lugar de  a Israel. Estos "tiempos de los  gentiles" comenzaron  con el reino de Babilonia, la  cabeza de oro, en el sueño profético de Nabucodonosor. Después vino el reino de los Medas  y Persas, simbolizados por el pecho y brazos de plata; la monarquía griega mostrada en el vientre y muslos de  bronce, y posteriormente  el más fuerte y extenso dominio de  Roma, representado por las piernas de  hierro. Después de esto, "los tiempos de los gentiles "cambiaron su naturaleza; hierro y barro mezclados, o, el gobierno fue dividido  entre  reinos de variados orígenes  y carácter, aunque todos conectados con el desmembrado imperio romano.  Otra visión nos muestra que en esta ultima etapa, el dominio romano se reavivará  en una  forma  federal bajo la presidencia  de uno especialmente energizado por  Satanás.  Es cuando este ha alcanzado esta fase  que desciende el juicio, una piedra cortada sin manos cae sobre los poderes  gentiles y los despedaza, después ésta  crece hasta llegar a ser una montaña que llena toda la tierra; o, como lo interpreta Daniel, "en los  días de estos reyes el Dios del cielo establecerá un  reino que nunca  será destruido, y el reino no será dejado a otro pueblo, sino que despedazará y  consumirá a todos estos reinos, y el permanecerá para  siempre" (Dn. 2:44) Esta es la historia, proféticamente trazada, de los no aun completados "tiempos de los gentiles."

Mientras  estos tiempos  estaban siguiendo  su curso, los judíos, _ es decir, las dos tribus que formaban el reino de  Judá cumplían setenta  años de cautividad predicha por el profeta  Jeremías. Al final de ese periodo, el reino de  Babilonia habiendo  sido destruido, y el  Persa establecido sobre las ruinas de éste, Ciro publicó un decreto permitiendo a los judíos de la cautividad  retornar a Jerusalén, en virtud de lo cual un pequeño grupo,  sin poder ni posición política, encontró su camino para volver a la  ciudad arruinada, y reedificar allí el templo. Casi un siglo después, el mismo poder gentil dio un mandato "para restaurar y edificar Jerusalén." Desde este "mandato" data la profecía de Daniel acerca de las setenta semanas. Esta se divide  en tres porciones: siete semanas, sesenta y dos semanas y una semana. Durante la primera  parte, la ciudad fue reedificada.la segunda parte, de sesenta y dos semanas, comprende el tiempo desde el termino de la ciudad hasta el corte del Mesías. La tercera parte, una semana, que  aun espera  su cumplimiento, lleva  al "tiempo de los gentiles" a su  final, pone también "fin a la trasgresión" de los judíos, e introduce la "justicia eterna," el desolador habiendo sido destruido, y el  reino del Mesías  establecido.

Los judíos, como hemos visto, han sido políticamente destituidos hasta que  venga el Mesías. Con el transcurso del tiempo  vino Cristo,  anunciado por  Juan el Bautista, y el reino fue ofrecido a la nación bajo la condición de arrepentimiento. Pero el hombre en la carne probó ser no menos  incompetente para arrepentirse para recibir al Mesías, o para obtener  la bendición a través  de Él presentado como  soberano, como antes se ha mostrado de la misma manera para realizar los propósitos de Dios  en su propio poder. Dios manifestado en carne solo atrajo más  la enemistad  de su corazón en un  despliegue más terrible.  Los judíos, en lugar de recibirlo como su Rey, lo crucificaron entre dos ladrones. El efecto de este rechazo fue doble. La sangre que ellos derramaron fue designada, de acuerdo al determinado y anticipado consejo de Dios, para ser el medio por el cual Él podía en justicia reconciliar  todas las cosas consigo mismo, por la cual Él podía borrar el pecado,  y de este modo colocar  el fundamento de toda verdadera bendición paran judíos y gentiles. Pero el efecto inmediato del crimen, en lo que concierne a los judíos, fue que su casa fue desolada hasta que ellos  digan _ "bendito el que viene en el nombre del Señor;" y que el  reino, en  lugar de  tomar  la  forma pública en el cual los judíos  serían cabeza de las naciones, hasta el arrepentimiento de Israel, toma una forma misteriosa conectado con Cristo en el cielo, y en el cual los  gentiles son los objetos especiales del favor de Dios.

El primer llamado, entonces, después de la resurrección, fue dirigido a los judíos, llamándolos al arrepentimiento, y de este modo para recibir el reino en  manifestada gloria. A su rechazo, el reino definitivamente asumió una forma misteriosa, las ramas naturales fueron cortadas del olivo, y ramas del  olivo silvestre, o los gentiles,  fueron injertadas en su lugar. "Ceguedad en parte ha ocurrido a  Israel," que continuará  así "hasta que  haya entrado la plenitud de los gentiles."  Hubo realmente allí "un remanente conforme a la elección de la gracia"  dentro del cegado Israel, pero la nación como  un todo fue cortada mientras los gentiles  tomaron por un tiempo el  lugar de  preeminencia en los pensamientos de Dios.

El desplazamiento político de los judíos introdujo "los tiempos de los gentiles." El desplazamiento moral y religioso de los  judíos dio lugar para la entrada de los gentiles. Fue solo cuando esto tuvo lugar que Israel realmente vino a ser "Lo-ammi," no más Mi pueblo, aunque ellos por largo tiempo han dejado de ser el  centro del gobierno de Dios sobre la tierra.  Durante la entrada de los gentiles, los propósitos de Dios acerca de las  bendiciones  terrenales están suspendidos. El  río del tiempo profético ha dejado de correr, éste se ha estancado, por decir  así,  cuando el Mesías fue cortado, y no comenzará acorrer nuevamente hasta después que la plenitud de los  gentiles  haya entrado, y Dios una vez  más  tome el hilo de Sus propósitos concerniente a la tierra.

Mientras  tanto, los gentiles  han sido introducidos en el lugar vacante de privilegio y responsabilidad hacia Dios, bajo el Cristianismo, pero han fallado tan claramente como lo hicieron los judíos  bajo la ley. La mayor parte nunca ha aceptado ni siquiera en nombre a  Cristo, la porción del mundo que  nominalmente ha reconocido a Jesús como Señor, ha venido a ser una masa leudada, y corrupta.  El pequeño puñado de  verdaderos creyentes  en su medio ha dejado de  presentar  algún testimonio corporativo,  y han sido divididos en cientos de sectas, y han abandonado la "esperanza bienaventurada" del retorno del Señor por  Sus santos, y como consecuencia a menudo  casi no se pueden  distinguir del mundo que los rodea, y son uno  con ellos en sus objetos, y prosecuciones , y en el carácter de su andar.  Pero aunque  el Señor es paciente, no queriendo que nadie perezca, Él no faltará en cuanto a Sus promesas, y en poco tiempo la trompeta sonará y los muertos  en Cristo resucitarán incorruptibles, y los vivos serán transformados. Este evento no tiene  fecha establecida, por tanto es  la siempre presente esperanza de la iglesia. Cuando esta "venida del Señor" por Sus santos tenga lugar, la cristiandad,  las ramas injertadas en el olivo, habiendo fallado en continuar en la bondad de Dios, será cortada.  La plenitud de los gentiles  habiendo entrado,  la masa de falsos profesantes serán dejados atrás para ser tratados por Dios en justo juicio. Ceguedad judicial caerá sobre ellos, "porque no recibieron el amor de la verdad, para ser  salvos; y por esta causa, Dios les envía un espíritu de error para que crean a la mentira, y para que sean condenados quienes no creen a la verdad, sino que se han complacido en la injusticia" (2 Tes.2:10-12)

Cuando la iglesia haya sido tomada, y los gentiles, las ramas silvestres injertadas contrario a naturaleza,  hayan sido cortados,  las ramas naturales serán "injertadas, porque  Dios es poderoso para volverlos a injertar." El intervalo de la iglesia habiendo pasado, el tiempo profético una vez  más comenzará a correr, y la no cumplida semana setenta de  Daniel se realizará. En esta semana  comenzarán los juicios que preceden "el día del Señor," o el establecimiento del reino del Mesías. Estos juicios pueden dividirse en cuatro clases diferentes.

Primero, los judíos y el resto de los israelitas serán restaurados, pero solamente después de  terribles tribulaciones, de las cuales solo una pequeña porción de ellos escapará. Los judíos, que rechazaron a  Cristo, recibirán al anticristo,  y entrarán en una alianza  con "el príncipe que ha de venir," la última  fase del poder  gentil, y adorarán  su imagen, "la abominación desoladora" establecida en el lugar santo. Los fieles del remanente que se negarán a tener parte en estas  últimas  escenas  de maldad  e iniquidad, serán perseguidos con terrible persistencia y malignidad, muchos de ellos serán muertos, el resto  impulsados al exilio.  El tiempo será uno de  tribulación sin paralelo, de manera que, si aquellos días no fuesen acortados, ninguna carne sería salva. Entonces el mismo Señor aparecerá en poder y gran gloria,  destruyendo con la espada de Su boca a los seguidores del anticristo, vengándose de Sus adversarios y enemigos. El efecto sobre la nación  será como "fuego de  refinador." Aquellos que  sobrevivirán hasta el  día de Su venida, el remanente purificado que, saldrá de la gran tribulación, habiendo "lavado sus ropas y emblanquecido en la  sangre del  Cordero," será un pueblo santo, su impureza  habrá sido quitada, sus jueces y consejeros serán restaurados como al principio, y Jerusalén, será "llamada la ciudad de justicia, la ciudad fiel." De esta manera Sión "será redimida con juicio y sus convertidos con justicia,"  mientras "la destrucción de los trasgresores y pecadores juntamente,  y de aquellos que abandonan a Jehová serán consumidos."  El remanente elegido de Israel también será restaurado,  y habitará la tierra.

Segundo, pero  aparte del juicio purificador referido, habrá otros actos de justo gobierno y retribución reservados para ese terrible periodo. Babilonia,  especialmente, la cristiandad corrupta, vendrá al recuerdo.  La sangre derramada y los  crímenes  cometidos en el nombre de Cristo serán  entonces  justamente vengada. La bestia y sus confederados, seguirán un más terrible engaño, odiaran a la ramera y la desolarán; el mismo poder que la ha apoyado se volverá contra ella; y la copa que ella ha llenado  será llenada con el doble para ella.

Tercero, la caída de Babilonia muestra el destino de esa ruin profesión de Cristo, y esa organización eclesiástica sin vida que sobrevivirá cuando todos los  verdaderos creyentes  han sido removidos a la casa del Padre. Pero ¿quién destruirá a este sistema apostata corrupto?  La bestia y sus confederados, es decir,  el mal cabeza de los poderes  gentiles cuyo orgullo y blasfemia atraerá la ira  vengadora de Dios_ el impío cabeza de  estos reyes de la tierra que "consultarán unidos Contra Jehová y contra su ungido." Este  asociado dominio gentil es la tercera clase  tratada en los juicios de la última semana. La confederación, encabezada  por el príncipe y energizada por Satanás, formará una  alianza con la multitud de los judíos y su Cristo falso, y reunirán sus fuerzas para la batalla; cuando Cristo aparezca  en gloria, seguido por los ejércitos del cielo,  tomará a la bestia y al falso profeta y serán arrojados vivos al lago de fuego, y después destruirá a sus seguidores con la  espada que  sale de Su boca. De este modo terminarán "los tiempos de los gentiles,"  ese periodo durante el cual el cetro del gobierno fue confiado en sus  manos a causa del fracaso de Israel.


Cuarto. Pero hay otra clase de juicios. Los gentiles  que  sucesivamente  han sostenido las riendas del gobierno por parte de Dios no incluyen el vasto cuerpo de los pueblos de la tierra. Este cetro pasó de Babilonia a Persia, desde  Persia a los Griegos, desde los Griegos a los Romanos, y finalmente pasará al mal rey de cuyo destino hemos estado hablando. Pero la confederación entre los judíos y el dominio romano será dirigida contra un poder que en ese  tiempo amenazará a Jerusalén con  destrucción. Este poder, que Dios usará, como antiguamente usó al asirio, como un látigo hacia los judíos  infieles, cuando llegue la hora del juicio, también él mismo será visitado.  Cuando la mitad de la ciudad haya sido llevada cautiva, Cristo aparecerá para  su libertad,  el ejército sitiador será  destruido, y el remanente del pueblo salvado.

Esto cerrará los juicios preliminares. La nación habiendo sido purificada, Babilonia consumida, la última forma Satánica de dominio gentil destruida, y los  enemigos que han tratado de destruir a Jerusalén dispersados, y el reino de Cristo establecido sobre la tierra. Los  santos, que  han salido  purificados de la gran tribulación, recibirán el dominio bajo él. Tomando ventaja del quieto establecimiento del pueblo en la tierra, considerándolos como una presa  fácil, un gran enemigo se levantará contra ellos. Este enemigo se llama Gog, y se dice que viene  de "la tierra de Magog, príncipe de  Mesec y Tubal,"  o como leen otros, "príncipe de Rosh, Meshec y Tubal." Pero su invasión solo guía a su desastrosa destrucción (Ezeq. 38 y 39). El resto de los gentiles  se dividirán en clases, y serán recompensados o castigados de  acuerdo a su tratamiento de "estos Mis hermanos," el remanente débil de santos acosados por la persecución de la bestia y el falso profeta. Pero la gran característica será el cumplimiento de todos los consejos terrenales en la persona del Segundo Hombre, el Señor del cielo, quien solo es digno de  recibir el dominio, y el único que  puede ejercerlo para la gloria de Dios, y para la  bendición del hombre. Satanás  será arrojado al abismo, mientras la novia, la  esposa del Cordero, es vista en figura como la  Nueva Jerusalén, reinando con Cristo por mil años.

Es una cosa  solemne trazar el odio incurable del corazón humano hacia  Dios. Mil  años de  experiencia del justo y bendito  gobierno de Dios no bastará para cambiar la naturaleza del hombre. Tan pronto como Satanás es soltado de su aprisionamiento que enseguida las  naciones se rebelan, pero solo para ser destruidas con fuego devorador del cielo.  Esta explosión de  maldad humana lleva la historia del mundo a un cierre. La tierra es quemada, los elementos ardiendo son deshechos y no se encuentra más lugar para ellos. Después los muertos, que no tienen parte en la primera resurrección, son resucitados, juzgados conforme a sus obras, y  arrojados al lago de fuego. Satanás, la muerte, y el hades son de igual manera destruidos. Y  ahora,  el ultimo enemigo habiendo  sido derrotado, la obra de reconciliación, fundamentada sobre la sangre de la cruz, es completada; un nuevo cielo y una nueva tierra son creados, en los cuales  la justicia no solo reina,  como durante los mil años, sino permanentemente mora; Cristo,  habiendo gobernado "hasta que  haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies," entrega el reino a Dios, el Padre; y Dios, siendo ahora todo en todo y no más  alejado por la culpabilidad  humana hace Su  tabernáculo con el hombre.

Tal, como trazado en la palabra del Dios vivo, es el prospecto ante el mundo. ¿Son estas las cosas por las cuales  están esperando los  cristianos? En medio de todo el hablar  del progreso moderno, todos los esfuerzos por el mejoramiento y la educación, de toda la jactancia del brillante futuro reservado para el mundo, ¿han comprendido ellos la verdad de que el juicio de Dios  está pendiendo sobre toda esta  escena? En la intoxicación del  banquete de este mundo ellos  ¿dan  atención a la mano que traza sobre el muro las fatídicas  palabras, "mene, mene, tekel uparsin"_ o están cegados a la advertencia que Dios  ha dado? Además, ¿no están ellos aun  fomentando las falsas  esperanzas del mundo contra aquello que debiesen estar protestando, y ansiosamente  flotando juntamente con el río del progreso moderno, ignorando  que  éste los  está arrastrando a  sus fatales rápidos para  arrojarlos en  un juicio inminente? Pronto_ no sabemos cuan pronto_  la trompeta sonará, la voz de mandó será oída, y todos los  verdaderos creyentes  estarán "para siempre  con el Señor". ¿Qué vendrá a ser entonces del progreso moderno? ¿Qué será entonces del fruto de  todas las organizaciones y asociaciones para hacer  algo de esa  naturaleza que la  Escritura declara que es enemistad contra Dios, algo del mundo que  ha rechazado y crucificado a su Señor? La jactada organización religiosa, despojada de  creyentes,  no será nada sino  un cuerpo podrido, odioso para las naciones, que la quemarán hasta  hacerla ceniza.  La bulliciosa  facción progresista, se volverá de esta espantosa imitación del Cristianismo a la ultima novedad del  día, y serán entregados a "un  espíritu de error, para que crean a la mentira." ¿Tenemos los pensamientos de Dios  acerca de lo que  está pasando? ¿Estamos pensando en las  cosas terrenales, como aquellos "cuyo fin es  destrucción,"  despreciando las advertencias  de las Escrituras, y tratando de mejorar lo que  Dios ha pronunciado que está más allá de remedio? O ¿hemos abandonado al primer  hombre, y puesto de lado de Aquel a quien el mundo ha rechazado, esperando con Él por la hora cuando el verdadero mejoramiento del mundo será introducido por  Él como el Segundo Hombre, el Señor  del  cielo, el único que  puede  realizar los propósitos de  bendición de Dios y establecer  el justo gobierno de Dios sobre la tierra?


 

                                                            T. B. BAINES


 

Adan cabeza de la vieja creacion

por varyvar
sábado, 13 de febrero del 2010 a las 15:15
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El Fin de la Prueba del Hombre PDF Imprimir E-Mail
Escrito por R. Huebner   
 

EL FIN DE LA PRUEBA DEL PRIMER

HOMBRE EN LA CRUZ, Y LAS

CONSECUENCIAS PARA EL CRISTIANO

 


"De este modo está escrito. El primer hombre vino a ser un alma viviente; el último Adán un espíritu vivificante. Pero lo que es espiritual no es primero, sino lo que es natural, después lo que es espiritual: el primer hombre es de la tierra, hecho del polvo; el segundo hombre del cielo" (1 Cor.15: 45-47).

 

 

EL FIN DEL PRIMER HOMBRE Y LA POSICIÓN CRISTIANA

 


La prueba del hombre en el Antiguo Testamento reveló lo que estaba en él, como estando en su posición en Adán y por lo tanto en responsabilidad. Esta manifestó su depravación. En Israel, la ley se dirigió al primer hombre (1 Cor.15:47) en un pueblo especialmente educado por Dios al ponerle en circunstancias favorables para ver si la bendición podría ser obtenida por medio de los esfuerzos humanos. La ley no se dirigió al hijo de Dios como tal. La ley no hizo distinción si estos bajo la ley eran hijos de Dios. Realmente, muchos no lo eran.  Israel como nación era una mezcla. Uno de los frutos de la muerte de Cristo fue poner fin a esa mezcla (Juan 11:51, 52). Proveyendo una base sobre la cual los hijos de Dios podrían formar una comunidad visible de salvados que dependían sobre el fin de su posición en el primer Adán, y su responsabilidad ligada a ello.  Adán ha comido del árbol del conocimiento del bien y del mal (responsabilidad) y no del árbol de la vida. Si un hombre guarda la ley perfectamente, él continuaría viviendo su vida natural, pero esto no es lo que la Escritura llama vida eterna.

 

        El primer hombre puso al Señor Jesús sobre la cruz, allí donde la posición del primer Adán, y bajo responsabilidad Adámica, llegó a un fin. Esta fue la coronación del acto del primer hombre al declararse el mismo perdido. De este modo Pablo, y nosotros también, podemos decir, "estoy crucificado con Cristo"  Yo, en responsabilidad en mi posición en Adán, el primer hombre, estoy crucificado con Cristo. Lo que soy conectado con el primer hombre es puesto a un lado en la cruz. ¿Cuál es mi responsabilidad ahora? Después de trazar la historia del fracaso del primer hombre, JND escribió:

 

        "Ahora, aunque el fundamento de la responsabilidad del hombre ha pasado en el sentido de haber fallado completamente bajo ésta. Cuando fue probado en cada forma posible, en cuanto a tratos morales con cada individuo, la responsabilidad está allí plenamente; y como individuo bajo tratos morales, un hombre tiene que ir a través de la historia del proceso de la responsabilidad y su fracaso; pero él va a través de esto para manifestar que está ya perdido. El tiene que probar la verdad del veredicto de Dios de que en el hombre no hay nada bueno; de manera que el resultado del principio de responsabilidad es para él encontrar que está perdido y arruinado, como el hombre que ha perdido todo su dinero por locas conductas. Es importante mantener la responsabilidad, pero el individuo es llevado a la conciencia que sobre ese fundamento todo está perdido para él.  El hombre está perdido. Hemos gastado todo y tenemos sólo deudas; Todo ha terminado para el primer hombre, y nada lo mejorará: él está perdido y arruinado; pero Cristo vino para salvar lo que se había perdido.

 

        Ahora el segundo hombre es establecido. Esto no es una restauración del primer hombre, sino la substitución por el Segundo. No hay mejora o corrección del primer hombre (aunque seamos prácticamente cambiados al venir a Cristo), pero los pecados del primer Adán son quitados; y segundo, el mismo árbol es cortado por las raíces para la fe. En la cruz vemos la responsabilidad satisfecha completamente; Cristo ha satisfecho todo el fracaso, el fruto del árbol de la responsabilidad, y ha glorificado a Dios al hacer esto. El hombre ha traído confusión; pero Cristo vino, satisfizo el caso, y limpió la escena, y triunfó sobre todo. Cuando vino, el carácter de Dios en cuanto a los hechos estaba comprometido, y no había escape. Si Él no hubiese salvado a nadie, sino echado fuera a todos como pecadores, esto habría sido justicia, pero no habría sido amor. Si hubiese pasado todo por alto, cuando el hombre era un pecador, y salvado a todos (el hombre podría llamar esto amor, pero que no habría sido amor Divino, porque Dios es santo), ¿Dónde habría estado la justicia? Pero Cristo vino. Bien, seguramente en la cruz hay justicia contra el pecado, como en ningún otro lugar, aún así allí está el infinito amor de Dios hacia pecadores.

 

        En Él, en Cristo, tengo los árboles del paraíso unidos, cumplidos en gracia, llevando nuestros pecados y quitándolos por medio del sacrificio de Sí mismo y viniendo a ser vida de acuerdo a la justicia. Soy llevado a descubrir lo que yo soy, y veo que Cristo ha muerto sobre la cruz y tomado todo esto sobre Si mismo. Cuando le veo _al Hijo de Dios _muriendo sobre la cruz, digo, si esta no es mi justicia _justicia contra el pecado _no sé lo que es justicia. ¿Pero por quien está muriendo Él? _por el pecador culpable. Bien, si esto no es amor, no sé lo que es este. Sobre la cruz encontramos cada atributo de Dios perfectamente mantenido _Su majestad, y verdad, como Su justicia y amor _cada demanda satisfecha, y Dios perfectamente glorificado en la Persona de Cristo, el Cordero de Dios. Él estuvo allí haciendo la expiación por el pecado para que el evangelio pueda ir a todo el mundo; y en cuanto a los creyentes, llevando sus pecados.  Todo es satisfecho allí, la responsabilidad del creyente cumplida, en cuanto a sus pecados, para que él pueda entrar sobre un nuevo fundamento de responsabilidad, aquel de hijo de Dios. El ha satisfecho plenamente, todo el fruto y consecuencias del hombre habiendo comido del árbol y todos los pecados del creyente (su responsabilidad). Esto, de momento, no toca  la responsabilidad del creyente hacia Cristo o Dios como un creyente en Cristo; porque esta es de un nuevo orden, y se manifiesta sobre un nuevo y diferente fundamento.

 

        Pero en la cruz el carácter de Dios no sólo es mantenido sino plenamente glorificado por la muerte de Cristo en la perfecta puesta a un lado del pecado y de todo lo que pertenecía al primer hombre. Nosotros, por tanto, como creyentes, estamos crucificados con Cristo; no estamos en la carne sino en Cristo. Estamos muertos a la condición en la cual estábamos como hijos de Adán, ahora estamos en una posición completamente nueva; en Cristo somos hijos de Dios. Todo lo que hemos sido ha sido encontrado en la cruz, y una nueva vida se nos ha dado, de manera que no estamos más en el primer Adán sino en el Segundo. Los frutos del primero han sido quitados, y el mismo árbol es cortado por las raíces para nuestra fe; hemos muerto con Cristo, crucificados con Él. La responsabilidad ha sido satisfecha por expiación, y Él mismo es la vida eterna; de manera que los dos árboles del paraíso son plenamente reconciliados...

 

        Tenemos de este modo los dos árboles del huerto en gracia _el árbol de la vida, y aquel de la responsabilidad. Bajo la ley fue la responsabilidad primero, y después la vida. En gracia, es primero la vida, después la responsabilidad.

 

        No sólo mis pecados han sido quitados, sino que yo y todo lo que me pertenece  ha sido sepultado en la muerte de Cristo; el "yo" sumergido en Él para vida, como está escrito, "No yo, sino Cristo en mí". Y la vida que ahora vivo está en Aquel que ha resucitado. Él resucitó, y está ahora sentado en gloria en virtud de lo que hizo como hombre, y ha enviado el Espíritu Santo para unirnos a Él como Cabeza (habiendo tomado este lugar como hombre en el cielo) creyentes como miembros de Su cuerpo, y para revelar todos los consejos acerca de nosotros antes de que el mundo fuese; esta es la Iglesia. El cristiano está unido a Cristo, donde Él está ahora, estamos sentados allí, y bendecidos con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Él. El Cabeza está allí, y nosotros, los miembros, somos, por el Espíritu Santo, unidos a Él.

 

        Ahora viene la responsabilidad del cristiano. La verdadera responsabilidad fluye desde el lugar en el cual estamos _no como teniendo que obtener aquel lugar, sino como estando en este. Viendo nuestro lugar podemos aprender cuales son nuestras responsabilidades: Ustedes no son responsables hacia mí como hijos o siervos, porque no son ni mis hijos, tampoco mis siervos. Si lo fuesen, sus deberes y responsabilidades fluirían de ser esto. Ustedes han fallado como hijos de Adán; y ahora si es un creyente, Dios dice que es un hijo. Bien, ahora, veamos si ustedes están andando como hijos de Dios y coherederos con Cristo,  dejados en este mundo para mostrar los caracteres de tales. Somos la epístola de Cristo, y debemos de velar por ser una buena, conocida y manifiesta a todos los hombres. Cristo debe ser visto en nosotros para quien vea pueda leer.

 

        Si ustedes están en Cristo, Cristo está en ustedes; y nuestro lugar es uno arreglado, establecido. Cristo está ante Dios por nosotros, y nosotros estamos ante el mundo por Cristo. Lo que es puesto sobre nosotros no es responsabilidad ante Dios como hijos de Adán, sino como hijos de Dios. Yo no estoy en la carne, sino en el Espíritu, y la vida de Jesús debe ser manifestada en nuestros cuerpos mortales. Esta es nuestra responsabilidad, y es una cosa individual. Verán que lo individual siempre es puesto en primer lugar en las Escrituras, porque lo individual debe ser puesto justamente antes de que pueda haber una Iglesia. La epístola a los Romanos trata con el individuo, como lo hace también el primer capítulo de la epístola a los Efesios, hasta que llegamos a  los últimos versículos.  Siempre tenemos la verdad manifestada para el individuo antes que las bendiciones corporativas sean desplegadas o las responsabilidades indicadas. Somos salvados por Cristo individualmente y reconocidos como hermanos.

 

        Esto guía a las responsabilidades con Cristo y con cada uno de los miembros de su cuerpo. Nuestras relaciones con el Padre es la de hijos; nuestras relaciones con Cristo, primero, es que Él no se avergüenza de llamarnos hermanos, y después como miembros de Su cuerpo, y bautizados en  un cuerpo por el Espíritu Santo. Este es el efecto de la obra de Dios, somos creados para buenas obras, que Dios ha ordenado de antemano para nosotros. El fundamento sobre el cual estamos es aquel de nuestras obras; Cristo permaneció sobre ese fundamento una vez por nosotros, si lo hubiésemos hecho nosotros estaríamos perdidos. Estamos sobre el fundamento de la obra de Cristo y somos salvos, y el Espíritu Santo ha venido para unirnos a Cristo como sus miembros; y el que se une al Señor es un espíritu con Él.

 

        Este (ser unido a Cristo como sus miembros) manifiesta lo que es la Iglesia de Dios. El Espíritu Santo nunca vino a la tierra (a morar) antes de eso (unión debía ser efectuada), aunque fue el agente inmediato, directo de todas las obras de Dios. Toda acción directa desde la creación hacia adelante es o ha sido por el Espíritu Santo; Él es el agente directo, pero como tal nunca vino hasta Pentecostés....

 

        Encontramos antes (de la muerte de Cristo) (en Deut. 32:43) palabras como "Alegraos ustedes Gentiles, con su pueblo"; pero (en el Antiguo Testamento), está este pueblo. La nacionalidad es mantenida, y los gentiles mantenidos distintos al pueblo. Los judíos son el pueblo que tiene las promesas; pero Aquel en quien todas las promesas se centran vino, y ellos lo rechazaron y crucificaron; de manera que ellos ahora deben venir sobre el fundamento de misericordia como cualquier pobre gentil. No hay diferencia, porque todos han pecado. Dios cumplió su promesa, pero los judíos rechazaron el cumplimiento de ésta. De manera que la muralla intermedia de separación podía ahora ser derribada, porque ambos venían ahora sobre la misma misericordia. Toda nacionalidad ahora es perdida en Cristo. Él está ahora sentado en la gloria como hombre, y el Espíritu Santo a quien Él ha enviado  nos une a Cristo. La distinción entre judíos y gentiles es abolida, y la Iglesia es lugar de morada del Espíritu Santo. Si usted hubiese tenido una mención de la Iglesia en el Antiguo Testamento, el Judaísmo habría terminado. La Iglesia es un cuerpo celestial, teniendo a su Cabeza en los cielos.

 

        Ahora, si usted se apropia de las promesas del Antiguo Testamento y las aplica a la Iglesia, usted desciende del cielo a la tierra, y saca a Israel  del sitio que Dios en Su soberanía ha dado a Su pueblo escogido. Individualmente podemos encontrar mucho confort para nuestros corazones e instrucción también, en los tratos de Dios con Israel; pero (además de las grandes verdades de la naturaleza de Dios), lo que les ocurrió a ellos les sucedió como tipos, ejemplos, y están escritos para nuestra enseñanza, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. Vea, por instancia, Deut. 8: 2-4, que es la historia de los tratos de Dios con ellos en el desierto. Así nosotros también, en un sentido espiritual, somos puestos en el desierto, para aprender la preocupación de Dios sobre nosotros y de nuestra continua dependencia de Él para cada necesidad y cada paso en el camino. Estamos en el desierto, y necesitamos aprender a conocer a Dios, el Dios del desierto. Somos dejados aquí para encontrar y aprender lo que somos y lo que es Él, y tenemos los mismos principios para guiarnos que guiaron a Israel en sus viajes.

 

        Siendo hijos de Dios, nuestra casa es la Casa del Padre, y Cristo ha ido a preparar lugar allí. Esto nos guía de una vez a la venida de Cristo, no como una materia de profecía, sino para nosotros, como Él dijo, "Y si yo me fuere y preparo lugar para vosotros, vendré otra vez, y os tomaré a mi mismo, para que donde Yo estoy, ustedes estén conmigo" (Juan 14). Esto no es profecía, la que trata con el gobierno de este mundo, y está conectada con los judíos quienes son el centro de la profecía. Estamos identificados con Cristo, y estamos en los consejos de Dios desde antes de que el mundo fuese, y no somos del mundo. Él ha prometido volver y ponernos en nuestro justo lugar al lado de Si mismo; y cuando la profecía se cumpla estaremos con el Señor. Estamos en lugares celestiales en Cristo.  Y nuestro conflicto está allí ahora; "Nuestra lucha es... contra maldades espirituales en lugares celestiales".

 

 

 

 

EL CRISTIANO ES LLAMADO,

PERO NO CON REGLA GUBERNAMENTAL

 

Consideramos que el llamado de Abraham tuvo dos aspectos, uno nacional y otro individual. Uno es para "lugares terrenales" para hablar de este modo y otro celestial.  El llamamiento cristiano es completamente celestial. Ni la Iglesia ni el cristiano tienen el poder gubernamental encomendado. El cristiano se encuentra  en un paréntesis celestial estando sentado en lugares celestiales, en Cristo Jesús, durante el paréntesis más amplio Gentil de juicio sobre Israel, los tiempos de los Gentiles. Estos tiempos seguirán su curso hasta que sea terminado por la piedra no cortada con mano que cae sobre los pies de la imagen (Daniel 2). El imperio gentil está en las manos de aquellos a quienes Dios ha transferido éste, cuando Jerusalén cayó en manos de Nabucodonosor. Dios no ha llamado a los cristianos a tomar este poder, o a infiltrarse en éste. Las epístolas nos dicen  y enseñan que debemos estar sujetos y mantener una buena conciencia dirigida por la Palabra de Dios. Buscar el poder gubernamental, unido con el llamamiento, es, por tanto, judaizar.  Se ha observado largamente que quienes buscan el poder gubernamental ahora, especialmente Post-Milenialistas, buscan su modelo en la Palabra de Jehová a Israel en el Antiguo Testamento y acusan a los "dispensacionalistas" de judaizar.

 

        El siguiente extracto anónimo es consistente con las enseñanzas de JND y resume mucho de lo que él enseñó sobre las relaciones del cristiano hacia el poder  gentil. Este es consistente con comentarios que él ha hecho sobre este sujeto.

 

 

EL LLAMADO FUERA DE LA TIERRA

 

"En medio del aumento y la creciente corrupción de toda la escena alrededor de nosotros, y de la amenaza de la disolución de todas las ellas, es importante considerar con simplicidad y claridad el carácter de nuestro llamamiento.

 

        El llamado de Dios fuera de la tierra, y la aserción del título y derecho de Dios hacia la tierra, son cosas que difieren grandemente, y debiese ser moral y prácticamente distinguido por los santos.

 

        El llamado de Dios proviene del principio de que Dios mismo está fuera de la tierra, y que no está buscando ésta (haciendo valer Sus derechos sobre ella). La tierra, por tanto, por este llamado, es dejada como está.  Porque ésta es extranjera a los propósitos de Dios.

 

        Este llamado de Dios fuera de la tierra fue exhibido en la familia de Set, antes del diluvio. La familia de Caín estaba en posesión de la tierra, y Set no interfiere con ellos. Todo lo que él y su generación deben hacer sobre esta es invocar el Nombre del Señor (no grabar, como Caín, su propio nombre aquí _Gén.4: 7),  y entonces  colocar sus cuerpos en ella.

 

        Así esto fue exhibido después en Abraham. El llamado de Dios.  Pero tal llamado deja a los Cananeos sin rival. Él no contiende con los pastores de la tierra. Él no disputa su derecho como señores de la tierra. Él desea sólo levantar su tienda sobre la faz de la  tierra. Y poner sus huesos  en las entrañas de ésta.

 

        Y así la Iglesia o familia celestial de esta dispensación, su llamado deja a los Gentiles en poder. La Iglesia no tiene nada que decir a "los poderes que son" sino obedecer, y sufrir pacientemente, conforme a la demanda hecha por los poderes cuando envuelve su sumisión a Cristo.

 

        Esto determina de una vez nuestros deberes. Nosotros debemos dar a los poderes establecidos lo que les es debido,  de ninguna manera  buscar perturbarlos, conociendo también que si aún ellos mismos se conducen injustamente, no hemos sido constituidos sus jueces.

 

        Pero el carácter de nuestro servicio es de igual manera determinado por este llamado de Dios. Servicio a Dios en este verdadero carácter está faltando, si este no indica que Él no está ahora haciendo valer Sus derechos sobre la tierra; o, en otras palabras, nuestro servicio a Cristo debe ser  como el de Cristo rechazado. Porque Él es tal todo el tiempo que está en "el país lejano". El grito le ha seguido a Él desde la tierra "No queremos que este reine sobre nosotros" (Luc.19). Ellos le sirven en el paciente sentido de Su rechazo todo el tiempo, y "no se avergüenzan de sus cadenas".

 

        De igual manera, además, esto determina  lo que nuestros hábitos deberían ser. Estos deben decir que la tierra no es nuestro lugar, como nuestros servicios que éste no es el lugar de nuestro Señor.

 

        Esto presenta una santa y seria advertencia para nuestras almas.

 

        Nuestro llamado no nos conecta con la tierra. Nuestras necesidades lo hacen, es verdad. Necesitamos el fruto de la tierra, el trabajo de las manos, y  la habilidad del corazón, para proveer las cosas necesarias para el cuerpo. Nuestras necesidades, de este modo, nos conectan con la tierra, y podemos atender a estas para suplir tales necesidades. Pero nuestro llamado no nos conecta con ésta, sino que más bien nos separa de ella.

 

        Enlazar la Iglesia y la tierra es actuar sobre y conforme a principios apóstatas. Desear cambiar el carácter o condición  de Cristo en el mundo, o de servirle salvo como el rechazado, este no es un servicio rendido con discernimiento espiritual.

 

        Estas cosas las conocemos bien y son admitidas fácilmente. Pero si rehusamos ligar la Iglesia con el mundo, ¿Estamos diariamente vigilando rehusar enlazar el corazón con éste, las esperanzas y, los cálculos del pensamiento con éste? ¿Es fácil ver la Iglesia ahora sobre la víspera de perder el mundo, y ver esto sin lamentar, es de igual manera fácil ver nuestros intereses perdiendo esto, y perdiendo la distinción de nuestro nombre? Tal fue Pablo; él no reinaría como rey todavía; pero él ha aprendido a tener abundancia y necesidad.

 

        En los tratos de Dios con Israel, hubo una aserción de este título a la tierra. Josué vino dentro de la posesión de los Gentiles y tomaron con él "el arca del Señor de toda la tierra" para que su espada pueda hacer a esta tierra la posesión del Señor y de su pueblo. Pero Pablo vino dentro de las posesiones de los judíos y gentiles, para no perturbar su tenencia u ocupación de algo allí, para sacar de ellos un pueblo para Dios, ligar las almas con la Piedra desechada, y enseñarles que sus bendiciones son espirituales y celestiales.

 

        De este modo, de acuerdo a la enseñanza del Señor. Vemos las dos parábolas en Lucas 19 y 20. Al establecer allí a Israel, el Señor les dio una viña, una porción de la tierra, y les encomendó labrarla para Él, dándole  lo debido como el Señor de la tierra. Al establecer a los santos de esta edad, les dio talentos, tales dones y oportunidades de servicio convenientes  al hecho de Su ausencia y rechazo por el mundo, no teniendo reino aquí hasta que Él retorne.

 

        Prácticamente olvidar tales distinciones, o  actuar sobre el principio de que la Iglesia es el instrumento para hacer valer sus demandas sobre la tierra, es apostatar de su llamamiento  de Dios.

 

        En Su ministerio el Señor estaba juzgando a Satanás, pero rehusando juzgar al pecador. Y, conforme  a esto, al fin de Su ministerio, dice a Pedro que tomase su espada, y a Pilato, que sus siervos no podían pelear.

 

        El camino de Sus santos es conforme a todo esto. Ellos deben juzgar moral o espiritualmente (manchas dentro de si mismos), pero no contender acerca de intereses del mundo. El apóstol los condena por no hacer lo uno y por hacer lo otro (1 Cor.5: 6), con esta diferencia _su deber en la primera materia es perentorio (1 Cor.5), su camino en el segundo es dejado más a su medida de gracia (1 Cor.6). De acuerdo a esto también el apóstol nos dice que nuestras armas no son carnales sino espirituales, nuestra guerra no es con carne y sangre, sino con huestes espirituales de maldad (2 Cor.10 y Efes.6). Somos real y espiritualmente derrotados, cuando peleamos carnalmente; porque el diablo ha levantado en nosotros  ese temperamento que nos ha enviado a la lucha carnal".

 

        En acuerdo con estas cosas, observe que la ley no es la regla de vida.  No es que la ley ha muerto, sino que es el cristiano que lo está. Tampoco el Señor vicariamente cumplió la ley.  La ley de Moisés, supone que el primer hombre está bajo prueba. Es Cristo quien es la regla de vida del cristiano. Esta está conectada con la nueva creación (Gál.6:15-16). El hombre de Romanos 7, quien tiene al "hombre interior" está bajo el principio de la ley en su conciencia, concerniente a su lugar ante Dios. Esto puede tomar la forma de la ley de Moisés. Cuando él llega al fin de sí mismo, realizando su esclavitud, clama por libertad (Rom.7:24) por mirar a uno fuera de si mismo. Él entonces viene  bajo una nueva ley (Rom.8:2) la consecuencia de lo que es "estar en Cristo". Cristianos están bajo "la ley de Cristo" (Gál.6:2).

 

        "Porque en Cristo Jesús no hay circuncisión ni incircuncisión; sino una nueva creación.  Para los que andan de acuerdo a esta regla, paz sobre ellos y misericordia, y sobre el Israel de Dios" (Gál.6:15-16).

 

"El Israel de Dios" representa a los creyentes judíos. Ellos, y sólo ellos son los verdaderos judíos, exterior e interiormente (Rom.2:17-29). Además de eso, ellos son también miembros del cuerpo de Cristo. Además, ellos, como los creyentes gentiles, responden espiritualmente  al significado de la circuncisión (Fil.3:3).

 

 

 

                                                                      R. Huebner

 

 

 

 

Caracter del reino en la iglesia

por varyvar
sábado, 13 de febrero del 2010 a las 15:09
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Escrito por T.B. Baines   
 

EL REINO  Y LA IGLESIA



 

Hemos trazado brevemente los designios dispensacionales de Dios. Hasta la cruz Él estuvo desplegando Su plan de  gobierno terrenal, probando al hombre, primero solo, después con Cristo en medio de ellos, para ver si él podría llevar adelante los propósitos  divinos de  bendición para el mundo. El resultado fue un desastroso fracaso. El hombre no podía ejecutar los  esquemas de Dios, ni recibir_ o siquiera reconocer_ al Ungido por quien estos designios han de cumplirse. El primer hombre arruinó todo lo que  tocó; el Segundo  Hombre fue despreciado, rechazado, y crucificado. Esto llevó los  planes de Dios a un cierre hasta   que el pueblo que  rechazó a su Mesías  se arrepienta, y Él aparezca nuevamente para  su libertad y bendición. Mientras  tanto, aun la cuenta profética del  tiempo se ha detenido, el espacio  entre la muerte de Cristo y la reanudación de los designios terrenales de Dios es tratado como  siendo un paréntesis o un intervalo.

¿Cómo, entonces,  está Dios  llenando este  intervalo? ¿Qué propósitos  está llevando adelante en este periodo? Hasta la  cruz el primer hombre  estuvo bajo prueba. Pero allí todo  cambió. El hombre probó que, en su naturaleza, estaba irremediablemente alejado de Dios,  y ni siquiera podía recibir  la bendición  de Aquel en quien todas las promesas   y propósitos en gracia esperan su cumplimiento. No fue suficiente, entonces, que apareciese el Segundo Hombre. El primer hombre debía recibir una nueva naturaleza, debía ser creado de nuevo, antes de que él pudiese  tomar las bendiciones  que el Segundo Hombre  había venido a dispensar.

¿Y cómo podía efectuar  Dios esta transformación? ¿Cómo podía el hombre ser sacado de este pozo de  ruina? ¡Por la misma  cosa que mostraba  cuan irremediable era su ruina! El hecho que probó que el hombre estaba maduro para la perdición manifiesta el poder  de  Dios para salvación. La cruz  que demostró el irreconciliable odio del corazón del  hombre hacia  Dios,  reveló el inapagable amor del  corazón de Dios hacia el hombre. Lo que selló el destino de la  antigua creación  abrió la puerta para  la nueva creación.  La  sangre derramada  sobre la cruz  puso la justa  base  para la  reconciliación de  todas las  cosas.  En la muerte de Cristo la vieja creación  fue judicialmente puesta a un lado, mientras  Su resurrección introdujo al Segundo  Hombre como el "ultimo Adán,"  el primogénito de  una nueva creación, en la  cual cada miembro  Dios  podía encontrar la misma  delicia que en su Cabeza  resucitada.  En lugar de un solo grano de trigo, Él ha caído en  tierra y muerto,  de manera que  Él pudiese producir  mucho fruto, como  está  escrito_ "Yo y los hijos que Dios me  ha dado."

Toda bendición entonces, para la iglesia o el mundo,  está basada sobre la muerte  y resurrección del Segundo Hombre. Pero la  cruz es considerada en las  Escrituras del lado de la culpabilidad del hombre como también del lado de la gracia de Dios. Todos  admiten el castigo de los judíos por su  rechazo de Cristo. ¿Pero no tienen culpabilidad los  gentiles? El Espíritu Santo enseña que Cristo vino como la luz; que " en el mundo estaba, y el mundo por Él fue hecho, y el mundo no le conoció" (Jn.1:10).Jesús declara que la  condenación del mundo es debido a que "la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz porque sus obras eran malas" (Jn. 3:19).el mundo,  por tanto, es decir, el hombre como  un todo,  es culpable de rechazar a quien Dios envió para efectuar su bendición, y este crimen aun  forma el sujeto del  juicio de Dios  sobre judíos  y gentiles. Por  este juicio, los judíos  han sido puestos a un lado,  y las bendiciones  terrenales del  reino, ya sea  para judíos o gentiles,  pospuestas.  Aun se  deja gemir a la creación por libertad,  hasta que el cetro sea dado a  Cristo. Y, mientras tanto,  Dios está llevando adelante otros propósitos,  completamente aparte de Sus designios de un justo gobierno y de  bendición para la tierra.

Estos propósitos pueden ser  vistos, primero con relación al reino, y después con relación a la iglesia. El reino en su forma judía ha sido pospuesto. En despliegue exterior, este no puede ser establecido hasta que  Israel diga, "bendito el que  viene en el nombre del Señor." Pero Jesús habla de los "misterios del  reino de los cielos," y es en esta forma  misteriosa o no revelada, que el reino ahora  existe. Durante esta época,  Cristo,  no habiendo recibido Su propio trono, está sentado sobre el trono del Padre, esperando hasta que Dios le entregue como  herencia a las naciones, este es el día de "Su paciencia," no de  Su "poder." Él no está tomando venganza de Sus enemigos, sino suplicándole a ellos que se reconcilien con Dios.  Se  le permite a Satanás sembrar  cizaña en el campo sin provocar un juicio inmediato; la levadura en la harina hasta que  todo sea leudado. Dios aun  trata en gracia, no queriendo que  nadie  perezca, y está reuniendo un pueblo de en medio de la ruina y el juicio que es inminente. Este es el reino en su forma misteriosa. Por  el lado de Dios este es el despliegue de  la perfecta gracia y de una incomparable paciencia; por parte del hombre, una triste manifestación de su rapidez para alejarse de  Dios, y corromper los  mejores  dones confiados en sus manos.

Pero mientras el reino corre sin esperanza  bajo la dirección del hombre. Dios tiene otro pensamiento en Su corazón, un misterio que, como nos dice Pablo, "que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu."  Este misterio fue manifestado para que "aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; 
3:10 para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, 
3:11 conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, "(Efes. 3:10,11)

Aquí entonces, tenemos la obra actual de Dios. Sus esquemas de  bendición terrenal  están suspendidos; el reino,  en su forma misteriosa, está lleno de corrupción y se apresura al juicio; pero  allí está el llevar adelante propósitos para gloria de  Cristo, propósitos que Él ha formado antes de que el mundo fuese_ de los cuales los profetas no escucharon, y que los ángeles desean observar_ propósitos que, cual sea nuestro embotamiento, los principados y potestades en lugares  celestiales pueden discernir la multiforme  sabiduría de Dios.  Y estos propósitos  son cumplidos por "la iglesia,"  que de este modo permanece no solo como el objeto más valorado, sino  como el más brillante despliegue de Su sabiduría divina.

El  intervalo,  entonces,  entre  la suspensión y reanudación de los propósitos terrenales de Dios es llenado por el reino en su forma  actual y misteriosa, y por la iglesia. De acuerdo a la institución de  Dios, estas dos cosas son co-extensivas, consistiendo de las mismas personas, aunque vistas en una forma diferente.  A pesar de la divergencia, por tanto, que el fracaso del hombre ha introducido, el reino es ocasionalmente referido en las  Escrituras  bajo su aspecto más  estrecho, como también bajo su  aspecto  más amplio_ de acuerdo a  su institución por Dios como también  de  acuerdo a su administración por el  hombre.  Ambas vistas aparecen en el discurso en el cual nuestro Señor trata especialmente del  reino en su forma presente. (Mt.13). Cuando  hablando a la multitud, Él muestra lo que el hombre ha hecho del reino, cizaña  ha crecido entre el trigo, la levadura ha leudado la masa pura.  Pero Él después se aparta a la casa  con Sus discípulos,  y despliega los misterios  que a ellos les  es dado conocer.  Explicando la parábola de la cizaña, Él dice_ "la buena semilla son los hijos del reino, pero la  cizaña son los hijos del malo."  Aquí,  entonces,  el reino es visto en su aspecto más estrecho como consistiendo solamente de  buena semilla. Las  dos parábolas que siguen lo consideran en la misma  luz. "Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.
13:45 También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas,
13:46 que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró." (Mt. 13:44-46)

No necesitamos   considerar las interpretaciones usuales,  de acuerdo a las cuales estas parábolas son consideradas como  describiendo la  búsqueda del hombre de la  salvación.  Tal explicación, que choca con el argumento del  capitulo no menos que  con la  enseñanza  general de las  Escrituras,  solo podría haberse originado en la completa ceguedad  a la unidad de propósito que  corre a través de  todas  estas parábolas juntas.  El propósito del discurso es mostrar, primero,  el medio por el cual el reino, en su forma actual, es  extendido_ por  la siembra de la palabra; después su historia,  vista como  la profesión exterior_  una mezcla y corrupción mundana; finalmente, el grano verdadero que  Dios ve a  través  de la gigantesca cubierta de  pretensión donde  este está oculto de la vista del  hombre. Afuera, el Señor   Jesús  ha hablado al pueblo  acerca de lo que el reino vendría a ser en manos del hombre. Adentro,  Él despliega  a Sus discípulos lo que  quedaría, si visto todo  de acuerdo a los pensamientos de Dios.  El hombre haría  de éste una masa leudada. Pero en medio de todo eso había un tesoro sobre el cual estaba el corazón  de  Cristo, y por el cual  Él "vendería todo lo que tenía", hasta poner Su propia  vida.  La tierra fue comprada no por su propia dignidad, sino por el tesoro que ella ocultaba. Este es el reino conforme a  la institución de  Dios,  visto solo por  Su ojo,  en medio  del campo de una vana profesión en la cual está oculto.

 Y como el  reino es referido en sus esferas  más estrecha y amplia, así lo es también la iglesia. La iglesia,  como mostrada de acuerdo a los  pensamientos de Dios en la epístola a los  Efesios, y la iglesia como  vista en los   capítulos  2 y 3 de Apocalipsis, son cuadros tristemente contrastados. En el primer  caso,  la verdadera iglesia,  consistiendo solo de  verdaderos creyentes, y vistos  en  viva conexión con Cristo,  es el tema que el Espíritu  de Dios presenta para nuestra contemplación. En el segundo caso,  la iglesia que lleva el nombre de  Cristo,  y es responsable  ante Dios  como conectada con ese nombre,  este es el tema  sobre el cual el solemne  veredicto es  pronunciado.  En las primeras tres no hay fracaso, porque todo  allí es de Dios.  En el segundo tenemos el mismo triste alejamiento de los pensamientos de Dios como en todo lo que  es  confiado a la  responsabilidad del hombre.

Nuestra  actual investigación está limitada a la iglesia  conforme a los pensamientos de Dios. Solo dos referencias  a esto se hacen en la propia enseñanza de nuestro Señor.  Pero aunque la iglesia es uno de estos sujetos que fueron solo parcialmente revelados  en el tiempo de  vida de Cristo,  estas referencias nos ayudarán a comprender  mucho de lo que  después  Dios ha dado a conocer "a sus  santos apóstoles y profetas por el Espíritu." La primera oportunidad en la cual la  "asamblea" o "iglesia" es  claramente nombrada, es esa registrada en el cap.16 de Mateo. En el cap. 13, el reino  ha sido referido en su forma misteriosa, primero  en cuanto a su desarrollo  histórico en manos del hombre,  y después en su círculo oculto que lo hace precioso para Cristo.  El cap.16 toma nuevamente el reino en su forma administrativa, y en conexión con esto la llama, la nueva "asamblea" que Cristo iba  a edificar. Jesús pregunta a Sus discípulos, "El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?   16:16 Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
16:17 Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 
16:18 Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. 
16:19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.
16:20 Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo. 
16:21 Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. 
16:22 Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. 
16:23 Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.
16:24 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame." (Mt. 16:15.24)

Este pasaje muestra un gran  cambio dispensacional, la presentación  del Señor Jesús en un nuevo carácter, y Su abandono, en cuanto al  testimonio presente, de aquello que  hasta  aquí Él había tolerado.  Después que Juan fue arrojado en prisión,   Jesús comenzó a "predicar y a decir, arrepentíos, porque el  reino de los cielos se  ha acercado" (Mt. 4:17).Esta proclamación pública del reino a los judíos  ahora había  cesado. Desde  entonces,  en lugar de  ofrecerse  Él mismo a la  nación como el Mesías o Cristo, Él encargó a Sus discípulos que no dijesen a nadie que Él era el Cristo. En lugar de  señalar a una aceptación nacional y a una corona  terrenal, Él habla de un rechazo nacional y  de una  cruz terrenal.  En lugar de  la antigua esperanza del reino profético, menciona  una nueva cosa  que Él iba a establecer: la asamblea  o iglesia. Y en lugar del  abandonado nombre de Mesías,  que lo conectaba con el trono de  David, Él asume, con referencia a la iglesia,  el más nuevo e infinitamente  más  elevado título del  "Hijo del Dios viviente."

El reino, entonces,  en su forma profética y nacional no era más el objeto del testimonio para el pueblo, o el inmediato propósito en los pensamientos de Dios.  Aunque, por supuesto, este no es abandonado, sino solo pospuesto, y mientras  tanto,  este  es establecido en una  forma completamente diferente. En esta forma  fue puesto en manos de la administración del hombre, las llaves  son dadas  a Pedro, quien también recibió autoridad para atar y desatar.  Estas no eran las llaves de la  iglesia, mucho menos del cielo, sino "las llaves del reino de los cielos." Una llave es aquello que da admisión. Sobre Pedro,  entonces,  fue puesta la  confianza, o responsabilidad  de admitir, no dentro de la iglesia, sino en el reino.  ¿Cómo él usó estas llaves?, esto lo vemos en el libro de los Hechos. Fue él quien  autoritativamente  proclamó a  Jesús como "Señor y Cristo," recordando a los judíos los  derechos de  Cristo y a bautizarse en Su nombre. De este modo fue abierta la puerta  judía, y a través de ella, en un día,  tres mil almas entraron en el reino. Pero la iglesia  nunca fue confiada (en este aspecto) a manos  humanas, y el relato añade que "el Señor añadía a la iglesia cada día a aquellos que debían ser  salvos" (Hech. 2:47). Después otra puerta del reino fue abierta. Los ruegos de  Cornelio fueron oídos. Uno podría haber supuesto que el apóstol de los  gentiles sería usado para que ellos  entrasen.  Pero no; Cristo había dado las llaves a  Pedro, y la puerta para ellos solo podía ser  abierta lícitamente por  Él. Enseñado por Dios que en la nueva forma  del reino, las distinciones  terrenales  de  limpios  e inmundos eran abolidas, él fue a la  casa de   Cornelio, y vio "que  sobre los gentiles también fue derramado el  don del Espíritu Santo... y mandó que  fuesen bautizados  en el nombre del  Señor" (Hech. 10:44,48)

El poder de añadir a la iglesia,  entonces,  pertenece solo al Señor. El poder  de las llaves,  de admitir dentro del reino, fue dado a  Pedro. Y con esto la historia de Pedro casi termina. Él había abierto la puerta a los gentiles.  Después  que Cornelio hubo entrado, Pedro no ocupa más el frente en las filas,  y Pablo, el apóstol de los gentiles,  viene  a  ser la figura prominente en la historia de las  futuras  acciones de Dios.  Hay otro hecho que notar en hermosa  armonía con  esto.  Pedro,  ha quien se le ha confiado  especialmente las llaves del reino, predica la verdad que "Dios ha hecho a  este mismo  Jesús,  a quien vosotros habéis crucificado,  Señor y Cristo" (Hech. 2:36), es  decir, que él proclama  los títulos y glorias  de  Jesús en conexión con el reino. Pablo, por el  contrario, a quien el "misterio" de la iglesia  fue encomendado, comenzó inmediatamente después de su conversión a predicar a "Cristo en las sinagogas, que Él era el Hijo de Dios" (Hech. 9:20) Esto, como  lo hemos visto,  es el titulo especial en que Él es tomado como el fundamento para la iglesia.  La diferencia es más notable porque,  hasta el tiempo cuando Pablo  predicaba en las sinagogas, Jesús nunca es referido en este carácter  en los  Hechos de los Apóstoles, porque las palabras, "Tu santo hijo  Jesús" (HEch.4:27,30), deben traducirse "Tu santo siervo Jesús," y la confesión del eunuco "creo que  Jesucristo es el Hijo de Dios" (Hech. 8:37), es rechazada por todos aquellos que son competentes para juzgar, como siendo una lectura espuria o falsa. La esfera  de Pedro, entonces,  como contrastada con la de Pablo,  es  especialmente el  reino, y en conexión  con esto,  solo a él le fueron encomendadas las llaves del reino.  El poder de atar y desatar, por otra parte, aunque  en la citación de arriba dado a Pedro, Fue después extendido a una compañía más amplia.

Observemos lo que  aquí se nos enseña acerca de la  iglesia. Jesús dice_ "Sobre esta roca edificaré Mi iglesia." Esto muestra que la iglesia  aun no había sido edificada.  Había habido, por  supuesto,  como había entonces, personas salvadas, pero como la iglesia  no existía, es claro que  estos santos  no formaban parte de ella.  De esta manera  en la  epístola a los Hebreos, "la iglesia de los primogénitos" y "los justos hechos  perfectos" son nombrados  como dos compañías completamente diferentes (Heb. 12:23).Así, también,  en Apocalipsis, donde la  iglesia es vista en gloria, encontramos además a "la esposa del Cordero,"  hay también otros de quienes se dice, "bienaventurados los que son llamados a las bodas del  Cordero" (Apoc. 19:7-9).Evidentemente, entonces,  la iglesia que  Jesús estaba a punto de  edificar no eran todos los  redimidos,  sino una  clase particular distinguida por  ciertas  definitivas características del resto_ de los santos del A. Testamento, cuyos espíritus están ahora en el cielo, y también,  como  veremos,  de los santos que  gozarán de las bendiciones del  gobierno  terrenal de  Cristo.

Esto  se verá claramente por el hecho que el fundamento de la iglesia era uno nuevo, y por tanto, no podía ser  aquello sobre lo cual habían sido establecidos los  santos del A. Testamento. Simón, quien representa a esta clase, había esperado por Cristo el Señor, y habiéndolo visto podía decir, "Mis ojos han visto tu salvación" (Lc. 2:30). De manera que cuando el  reino es  establecido en su gloria exterior, el título "el Cristo" nuevamente será el fundamento de la bendición_ el Ungido de Dios será la salvación de  Su pueblo y la luz de los  gentiles. Pero este titulo  ahora es abandonado,  Jesús aparece   vestido en una  nueva dignidad, y otro fundamento es  colocado para la edificación de la  iglesia.

¿Cuál es este  fundamento? La  iglesia de  Roma ha interpretado el texto como significando al mismo  Pedro, en lo que concierne a la construcción del pasaje, la elección es entre Pedro y Jesús en el nuevo revelado   carácter de "Hijo del Dios viviente."  Ahora  Jesús no dice que la  iglesia será edificada sobre  Pedro (petros, una piedra), sino sobre petra (roca) _ "tú eres Petrus y sobre esta petra edificaré mi iglesia." El cambio en la palabra_ innecesario e  incorrecto si Petrus, hubiese sido el fundamento_ muestra que no él,  sino la cosa  que él ha mencionado, fue el verdadero petra, o roca, sobre la cual la iglesia debía ser  edificada. Este juego de palabras sobre el nombre Petros_ un nombre que ha sido  dado mucho antes_ es una cosa común en las Escrituras, donde  nombres a  menudo son aplicados con referencia a  algún evento importante. De esta manera, cuando el arca fue tomada, la moribunda  madre israelita llamó a su hijo "Icabod" (¿Dónde  está la gloria?") Del mismo  modo Jacob,  bendiciendo a sus hijos,  dice, "Judá (alabanza), tú eres  a quien alabarán tus hermanos." Esaú, también,  en su amargura, exclama concerniente a su hermano_ "¿no ha sido él justamente llamado Jacob (suplantador)? Porque él me ha suplantado dos veces". Del mismo modo aquí,  Pedro habiendo visto la roca sobre la cual el Señor iba a edificar, Jesús le dice, en sustancia, "tú serás llamado piedra, porque se te ha mostrado la piedra viva, o roca,  sobre la cual la iglesia  será edificada."

El fundamento, entonces, no es  Pedro, sino  Jesús.  Este pasaje lo prueba, y Pedro  en otra parte  declara, "Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, 2:5 vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo" (1 Ped. 2:4,5).De la misma forma, también,  Pablo escribe nadie "puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo." (1 Cor. 3:11) y nuevamente, habla de la iglesia como "edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, "(Efes.2:20).En todos estos casos, aunque  exacta la figura, varía en algo, Jesucristo  es  referido como  aquello sobre lo cual descansa la estructura, y en ninguno de ellos  Pedro  es  nombrado como  distinguido de otros creyentes.  El fundamento, sin embargo,  no es simplemente Jesús en el nuevo carácter  aquí traído a la luz.  Él abandona el titulo de  Mesías,  el fundamento de las  esperanzas  judías,  y de los planes de Dios  acerca del gobierno terrenal. Pero Él  toma el titulo  de "Hijo del Dios  viviente,"  y sobre esto declara que  edificará  Su iglesia. A través de  toda la  Escritura el nombre por medio del cual Dios se  revela a Si mismo, describe  el carácter  de  Sus tratos actuales. Él es  el Elohim de la creación; Dios Todopoderoso para los patriarcas; Jehová para Israel; Padre, para aquellos que ahora creen en Su Hijo. Así Cristo es Señor (Adon) para David; Hijo del  hombre,  como el ejecutor de los justos propósitos de  Dios; Mesías  a Israel; e "Hijo del  Dios viviente" para la iglesia.

Existe un profundo significado en la palabra "viviente."  Cuando  Jesús habla de  Si mismo  como "el pan vivo que  descendió del cielo," añade, "si alguno come este pan, vivirá para siempre" (Jn.6:51) Nuevamente,  dice, "Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí" (v.57). En estos casos la palabra comunica la idea de impartir, como también de  poseer, vida. Esta es la descripción de  Uno que,  teniendo vida en Su propio derecho y poder, está más allá del dominio de la  muerte, y puede comunicar vida a otros. De esta manera  Jesús dice que Él tiene vida en Si mismo; que tiene poder  para "ponerla," y para "volverla a  tomar;"  también que Él es "la resurrección y la vida,"  y que  aquellos que creen en Él no morirán. El título, "Hijo del Dios viviente" es, entonces,  muy importante aquí.  Jesús   va  a hablar a Sus discípulos de Su muerte y  de que ellos  deben tomar  su cruz, y poner sus vidas por  Su  causa.  Lo que quiere decir entonces  el tratar con el "Dios viviente," es  que se va  a edificar una estructura sobre la cual las puertas del hades no pueden  tocarla, porque está dotada de  una vida  sobre la cual la segunda muerte no tiene poder.

Y esto nos guía a otra  revelación. Tan pronto como Jesús abandona Su carácter  Mesiánico, y toma,  como el fundamento de la iglesia, el titulo, "Hijo del Dios  viviente," Él comienza  a hablar de  Su muerte  y resurrección.  Es completamente verdadero que este es el  fundamento de  bendición a los judíos como también para la iglesia. Pero existe una amplia diferencia,  Israel debe su bendición a la muerte de  Cristo, pero está asociado, en cuanto a su llamamiento,  con la  gloria terrenal. La iglesia, por el contrario, está asociada con Su rechazo terrenal. En lo que concierne al mundo, Israel le conocerá como  el que llevará la corona; la iglesia reconoce como  Aquel que ha llevado la  cruz. Israel le reconocerá cuando Él se  "ciña de poder;" la iglesia le reconoce como  "crucificado  en debilidad."  Y así de Su resurrección. Su poder  terrenal sin duda será tomado como el resucitado.  Aun  así este no es el hecho sobre el cual se insiste  principalmente  en conexión con el reino de  gloria, considerando que este es siempre  prominente en conexión con la  iglesia. Él ha sido declarado "Hijo de Dios conforme al Espíritu de  santidad, por  la resurrección  de entre los muertos" (Rom. 1:4).Él dice a  Juan, "yo soy el primero y el último; 1:18 y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades." (Apoc.1:17,18) Los creyentes  están muertos con Cristo, y también resucitados juntamente con Él.  Ellos deben presentarse a Dios "como vivos de entre los muertos" (Rom. 6:13). De esta manera,  mientras  todos  estamos interesados en la muerte y resurrección de  Cristo, la iglesia  está asociada  con estas cosas  en una marcada y peculiar  manera.

Cómo es esto asociado con ellos se  ve  en lo que sigue "si alguno viene  en pos de mi, niéguese  a si mismo  y tome su cruz, y sígame. Porque el que quiera  salvar su vida la perderá,  y todo aquel que  pierda su vida por mi causa la encontrará."  ¡Qué diferente  es el  lenguaje de  Jehová para Israel! Porque los  judíos conocerán a  Jesús como su Mesías, sentado sobre el trono del poder  terrenal, y llevando la  corona de  gloria.  El  cristiano lo conoce como el  Hijo, "crucificado en debilidad," pero viviendo "por el poder de Dios." ¿Cómo  puede el judío tener algo sino bendición sobre la  tierra donde su Mesías está gobernando supremamente? ¿Cómo, por otra parte, puede el cristiano esperar algo sino rechazo en el mundo donde  su Señor no tuvo nada sino una  cruz? La confianza del  judío es  el cetro que mantendrá sus derechos terrenales. El cristiano  está asociado en vida con Aquel que  ha triunfado sobre la muerte, y de este modo lo ha puesto sobre una roca donde las  puertas del  hades son impotentes contra él.

Este pasaje, entonces,  muestra el aplazamiento del  reino en su forma  exterior, y su existencia, mientras  tanto, en otra  forma,  bajo la  administración del hombre.  Durante  este tiempo Jesús se revela  bajo un nuevo nombre. Sobre  éste Él edifica un nuevo edificio o la iglesia, que, estando fundamentada sobre Su ser  el Hijo de  Dios,  está más allá del poder del hades. Esta iglesia  está asociada con Cristo en muerte  y resurrección. La tierra  no es la esfera de su bendición, sino de sus pruebas; y aquellos que siguen a  Cristo deben tomar su cruz.  ¡Cuán  admirablemente este carácter  de la iglesia  armoniza con la  especial esperanza  del retorno del Señor por sus  santos! El mundo,  sujeto al  gobierno gentil,  solo puede correr a un juicio  más terrible; el reino, confiado al  hombre,  solo ha venido a  ser una masa leudada; la iglesia, dejada en medio un mundo impío, y de una profesión  sin vida, puede  mirar a las mansiones  preparadas  en la casa del  padre,  y esperar la hora cuando Su voz de mando sea escuchada y todos  los redimidos, transformados a Su semejanza, serán tomados para "estar siempre con el Señor."  Cuando Cristo tome Su gobierno terrenal asociará consigo a  un pueblo terrenal, participante  de  Su  gloria  terrenal y los objetos de Su favor terrenal.  Pero Cristo  ha sido ahora rechazado en la tierra y es el gozo del  cielo. Él, por tanto, ha  asociado consigo a un pueblo celestial,  participante de  Su rechazo terrenal, pero objeto de Su delicia  celestial.  Aquí abajo,  ellos  están en el mundo, pero no son de éste;  y Él ha sido  dado, como sentado a la diestra de  Dios, como el objeto de su actual afección, ocupación, y esperanza.  ¿Están nuestras almas en esta magnifica posición?

Tal, entonces,  es la propia enseñanza de nuestro Señor del Nuevo edificio que  iba a edificar. Después  da nuevas  instrucciones a  Sus discípulos sobre el mismo tema,  hablándoles de cómo actuar en  caso de  diferencias entre hermanos. Si todos los medios que la gracia ha sugerido han sido inútiles, ellos deben "dilo a la  iglesia". El Señor añade, "Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.
18:18 De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.
18:19 Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.
18:20 Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos." (Mt. 18:17-20)

Aquí, entonces, el poder de  atar y desatar, antes  conferido a Pedro, es  dado a  todos los discípulos.  La asamblea debe actuar en casos de  disciplina, tal como cuando un miembro de ella perjudica  a  otro,  y se niega a reconocer  su falta.  La  gracia y mansedumbre de  Cristo deben mostrarse primero.  Si estas fallan,  el deshonor hecho a Su nombre debe ser  tratado,  y la asamblea debe limpiarse poniendo  fuera al malhechor. Este es el poder de atar y desatar, que es dado,  no a los apóstoles, sino a la iglesia  o asamblea. Esta es la autoridad para poner fuera y restaurar a aquellos que han pecado.  Tal, al menos,  es el  caso particular dado, aunque el  lenguaje incluiría un más amplio rango de  acción, y sin duda incluye la recepción del creyente en la asamblea.  La autoridad más estrecha, con su acompañante responsabilidad de tratar con cuestiones de pecado, es nuevamente concedida después de la resurrección de  Cristo, donde  Él dice  a Sus discípulos, "Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. 20:23 A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos. " (Jn. 20:22,23).Esta  autoridad, conferida, no sobre los apóstoles, sino sobre los discípulos_  es decir,  sobre los creyentes como  un todo_ no es el poder de quitar pecados, que pertenece solo a Dios,  sino de ejercer un juicio  divinamente guiado en cuanto a las ofensas que  demandan  exclusión de los malhechores o que medida de arrepentimiento  justifica su restauración.  El  poder  es dado en conexión con el  Espíritu Santo. Mientras  guiados por Él, su autoridad  no puede ser justamente rechazada. Pero desde el momento que  ellos dejan de ser  guiados por Él,  el único fundamento de su autoridad desaparece.

Del mismo  modo, también,  en el evangelio de  Mateo  la  autoridad de  atar y desatar, y el titulo a pedir cualquier cosa, descansa  simplemente sobre la presencia del Señor Jesús en medio de ellos, "porque donde  hay dos o tres  reunidos a  Mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos."  Ahora, en el N. Testamento, el nombre representa a  la persona  actuando en el carácter que indica el nombre.  De esta manera el Señor   Jesús dice, "he manifestado Tu nombre (el del Padre) a los hombres que Tú me diste" (Jn.17:6). Nuevamente, "el que no cree  ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del  Hijo Unigénito de  Dios" (Jn.3:18).Así,  los filadelfianos son recomendados porque "no has negado Mi nombre" (Apoc. 3:8).Estar reunidos entonces  al nombre de Jesús,  es  estar reunidos a Su persona, reconociendo Su autoridad,  y  en acuerdo con Su pensamiento. Si la reunión, aunque  Su nombre es  invocado,  realmente tiene otro centro, reconocería alguna otra autoridad, o contraria a Sus direcciones,  Su presencia no  es prometida. Sin duda, aun en este caso,  puede encontrarse  allí la presencia y acción del  Espíritu Santo, bendiciendo la predicación y la enseñanza de  la Palabra,  y donde   hay verdad en el corazón, toda permisión hecha para la ignorancia y el fracaso.  De esta manera,  en los días de ruina de Israel,  leemos de aquellos que a causa de ignorancia "no se habían purificado, y que comieron la pascua" de una manera no escrita; pero  Ezequías oró por ellos,  diciendo, "Porque una gran multitud del pueblo de Efraín y Manasés, y de Isacar y Zabulón, no se habían purificado, y comieron la pascua no conforme a lo que está escrito. Mas Ezequías oró por ellos, diciendo: Jehová, que es bueno, sea propicio a todo aquel que ha preparado su corazón para buscar a Dios, 30:19 a Jehová el Dios de sus padres, aunque no esté purificado según los ritos de purificación del santuario. 
30:20 Y oyó Jehová a Ezequías, y sanó al pueblo." (2 Crón. 30:18-20). La gracia, entonces, puede  e intervendrá donde el fracaso  es el resultado de la  ignorancia, y donde  existe un corazón verdadero hacia  Dios.  Pero podemos estar seguros que el camino del Señor  es  mejor que el del hombre; tampoco puede la gracia,  que bendice a pesar de la  ignorancia,  excusar la indiferencia en  cuanto a lo que es realmente el pensamiento del Señor. La acción del  Espíritu Santo no será  concedida para  aprobar la ignorancia que es el fruto de un descuido culpable como tampoco  para aprobar la  obstinación y desobediencia de aquellos que  usan Su nombre para  realizar sus propios  pensamientos.

Entonces  somos  responsables de aprender lo que significa reunirse al nombre del Señor. Y ciertamente la materia es del  más intenso interés para todos los  creyentes.  El  poder de  atar o desatar sobre la  tierra   es algo de la más profunda solemnidad; y profesar ejercer tal cosa sin aprobación divina  es  una terrible responsabilidad. "No daré a otro Mi gloria,"  dice el Señor; y es ciertamente claro que Cristo no será privado de  Su propia  gloria y  derechos en la asamblea.  ¿Es entonces posible,  que la  solemne cosa confiada mencionada arriba pueda ser puesta  en manos de un número de  creyentes reunidos en  asociaciones   voluntarias,  y de  acuerdo a reglas que ellos  mismos han inventado? Donde Cristo  está presente debe haber lugar para todos los que  son de  Cristo_ sujetos, por  supuesto, a una disciplina  divinamente señalada_ para estar presentes también; y Su autoridad debe ser suprema y exclusiva, poniendo completamente a un lado todos los sistemas y  constituciones, todas las restricciones  y regulaciones de los hombres.  Solo a aquellos de  esta forma reunidos se les promete la presencia del Señor, poder con Dios, y la autoridad de  atar o desatar. Tampoco, si comprendemos lo que es  estar  reunidos a Su nombre,  estas magnificas promesas y poderes  nos llenarán de sorpresa.  Que los creyentes  realmente  se  reúnan en obediencia a las  direcciones del Señor, y con corazones   inclinados  a Su autoridad,  reconociendo,  con una fe simple,  Su presencia en medio, entonces ¿dónde hay lugar para la voluntad propia? ¿Dónde la  posibilidad de error? ¿Cómo podría algo ser atado o desatado sino conforme a Su guía?_ ¿algo pedido sino conforme a Su pensamiento?

El descuido,  ya  sea deliberado o en ignorancia de estas  condiciones, ha causado la amplia separación entre  el  reino  y la iglesia. Los hombres  han demandado atar y desatar, remitir y retener,  sin considerar los  términos sobre  lo que  esta autoridad  fue  otorgada. En los  pasajes que nos hablan de este poder,  la  iglesia y el reino  son vistos como siendo uno, de acuerdo a la institución de Dios. Por mucho tiempo la asamblea estuvo en tal estado que no podía gozar la presencia del Señor  Jesús y la guía del  Espíritu ha  cesado como para aprobar sus actos, y los decretos del cuerpo sobre la  tierra no son más ratificados en el cielo. La iglesia, y el reino como vistos por  Dios,  han venido a ser separados del  reino como ordenado, o desordenado, por el  hombre; y aunque el tesoro aun permanece, apreciado como siempre para el corazón de  Dios. La cristiandad, el campo en el cual éste  ha estado oculto, ha venido a ser  la odiosa cosa cuyos anales e historia el  infiel historiador ha descrito como "los  anales del  infierno."


 

                                                            T. B. BAINES


 

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